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Tolima visto por:

Jorge H. Gonzalez

Miguel Angel Manrique

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LaChamba 

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El Tolima se desliza desde los límites con el Huila hasta el sur del departamento de Antioquia. Su tradición cultural la conforman importantes eventos como el Festival Folclórico Colombiano en Ibagué, y las Fiestas de San Pedro y San Juan, que también se celebran en Espinal, Natagaima y El Guamo. Gran parte del territorio está bańado por el río Magdalena y su mayor atractivo es el Nevado del Tolima. 

LUGARES PARA VISITAR

Nevado del Tolima. Para muchos es el más lindo de Colombia. El recorrido inicia en Ibagué en un tramo de 30 km hasta El Silencio, desde donde se toma un camino que dura 8 horas para llegar a la base del nevado. A través de sus 5.250 mt de altura se forma un impactante paisaje montańoso, cascadas y exótica vegetación de páramo. En el sector se destacan otros atractivos como El Oído, La Cueva, la laguna del Encanto y Las Nieves. Es importante contar con guía y llevar equipo de alta montańa.

Cańón del Combeima. Ubicado a 47 km de Ibagué por la vía a juntas, allí donde pasa el río Combeima. Es un importante ecosistema con vegetación que crece en las montańas con un imponente paisaje. Lugar propicio para la práctica del ecoturismo, el montańismo y el avistamiento de aves. El cańón representa una despensa hídrica para varios de los municipios aledańos. 

Honda. Declarado monumento nacional de Colombia. Es de gran importancia histórica, pues al ser puerto sobre el río Magdalena era paso obligado de virreyes y encomenderos. Por esta razón muchas de sus casas conservan elementos arquitectónicos de la Colonia que se aprecian en las calles Las Trampas y El Retiro. Cerca de allí está el Puente Navarro, considerado el más antiguo de Colombia. Famoso es el Festival del Río y de la Subienda, realizado cuando el Magdalena ofrece su abundante cosecha a propios y visitantes. El municipio cuenta con una importante oferta de hoteles y centros vacacionales.

Mariquita. De Honda se llega muy rápido a Mariquita, capital frutera del país y único lugar donde se produce el mangostino, fruta escasa y deliciosa. Fue epicentro de grandes acontecimientos históricos y declarada patrimonio nacional. Sus más importantes atractivos son el jardín botánico, la iglesia de la Ermita, el santuario del Cristo Milagroso y las Cataratas de Medina, un hermoso balneario natural.

Melgar. Por su cercanía a Bogotá (vía hacia Ibagué) es lugar escogido por cientos de turistas para disfrutar del calor, alquilar una finca con piscina o pasar la noche en alguno de sus hoteles. Allí hay que disfrutar del río Sumapaz, gozar del paisaje o participar de la fiesta nocturna. Hay caminatas, cabalgatas y senderismo y paracaidismo, entre otras atracciones, que han hecho del lugar uno de los más entretenidos del Tolima.

Espinal. Aquí son muy famosos los tamales, las achiras, los quesillos, la avena y la mejor lechona de Colombia. Estas delicias típicas se encuentran fácilmente a lado y lado de la carretera, convirtiéndose en punto obligado de detención en el camino, principalmente para quienes viajan desde Bogotá hacia el occidente y el sur del país. En la vereda Patio Bonito, entre Espinal y Flandes, pregunte por Aracely Vargas y Jairo Sánchez de Lechonería La Máxima, una de las más sabrosas de la zona. En el pueblo visite el parque de las Leyendas.

El Guamo y La Chamba. Pequeńo poblado a 65 km de Ibagué donde se destacan las artesanías del corregimiento La Chamba, representadas en objetos de barro como ollas y accesorios para el hogar. Es muy visitado por turistas debido a la excelente calidad de los productos. Esta actividad es fuente de desarrollo económico que implica la tradición y el legado cultural de las tribus indígenas que habitaron la zona.

La represa de Prado. Ubicada a 108 km de Ibagué en el poblado del mismo nombre, es uno de los atractivos más importantes del departamento. Además de proveer de agua a varios municipios, ofrece un hermoso paisaje entre montańas y la posibilidad de practicar deportes náuticos. Con un clima cálido, Prado es una buena opción de turismo para los colombianos.

Carmen de Apicalá. Lindos paisajes y centros vacacionales aptos para el descanso y relajación de turistas, son las características más importantes del municipio. Catalogado como uno de los destinos preferidos por bogotanos y tolimenses, gracias también a la naturaleza exuberante y a la hospitalidad de su gente.

Purificación. Distante 96 km de Ibagué, esta población tiene como principales atractivos los vestigios indígenas y una de las más prestigiosas recetas de la lechona, plato típico de la región. Su belleza paisajística y calidad humana hacen de este poblado un destino muy apreciado por viajeros, quienes experimentan comodidad y tranquilidad durante su paso por la región.

Flandes. Se halla separado de Girardot por el río Magdalena. El paseo en lancha y la degustación del viudo de capaz o el capaz frito, a la orilla del río, son actividades muy comunes en este municipio limítrofe con el departamento de Cundinamarca.

ARTESANÍAS

Aunque no tan reconocidas como las elaboradas en la costa Atlántica, las hamacas son muestra del ingenio de los tolimenses, quienes las tejen más para su descanso que para su comercialización. Cacerolas, vasijas, pocillos, bandejas, ollas y platos en cerámica de color rojo vivo de La Chamba, corregimiento del municipio de El Guamo, son, sin lugar a dudas, la más significativa muestra de la cultura de esta zona.

GASTRONOMÍA DEL TOLIMA

El tamal y la lechona han recorrido Colombia entera gracias a su exquisitez. Los platos a base de pescado del río Magdalena, en especial el viudo, y las ostras del río Opia se convierten en un privilegio gastronómico inigualable. Las bebidas más populares son las mistelas y el vino de palma.

Los enmochilados a base de plátano maduro y queso, patacones, el caldo de ministro, los bizcochuelos y cascabelitos, igualmente hacen parte del rico menú de postres, aperitivos, sopas y principios más distinguidos de la región.

Tomado del libro Guía de Rutas por Colombia, Puntos Suspensivos Editores, 2007


 

 

 

Tolima significaba para los Pijaos "nieve"
Pero nadie tan ardiente como sus habitantes;
soldados de varia guerras civiles,
músicos por ancestro y
dueńos de una exquisita y especial culinaria criolla.

Creían los pijaos que la palabra Tolima evocaba la existencia de un vasto sepulcro donde los dioses dormitaban cobijádos por nieves perpetuas. Sin embargo, al borde del lago Atitlán, en Méjico, parece que se escuchó por primera vez el vocablo. Y para testimoniarlo, en las orillas del lago vive un pequeńo pueblo Ilamado San Lucas del Tolima. También en Bolivia, en la región de Choquecamata, se erige un cerro llamado Tolima.

La tradición ha terminado por imponer la creencia de que los pijaos llamaban a la nieve "Tolima", "Dulima" a un ría de nieve y "Tukima" a una poderosa hada que habitaba en la solitaria altura de los nevados.

De todos modos, hoy Tolima  es una voz recia y sonora que se escucha repetidamente en los labios de sus un millón doscientos mil hijos, para referirse a sus terrosas llanuras, o a sus montańas azules, o a sus pueblos cargados de epopeyas o a su arisca geografía de 23.325 kilómetros cuadrados. Creado el 12 de abril de 1861, como departamento, el Tolima comparte las intemperancias de su padre constitucional, el insumiso y contradictorio general Tomás Cipriano de Mosquera. Siglos atrás, en las montańas y en las hondonadas del Tolima, los pijaos, una tribu engajada en los caníbales Caribes, resistió hasta el suicidio colectivo ante el arrollador avance de los conquistadores europeos. A mediados del siglo XVill, las fértiles llanuras tolimenses conocieron la prosperidad con el cultivo del tabaco, cuyas excelsas calidades al canzaron a cotizarse en el mercado de Europa y a ocupar algunos renglones en las novelas de Disraeli. Los sembradores y los comerciantes del tabaco fueron algunos de los principales azuzadores de las guerras civiles en las que se combatió contra la vetusta economía feudal. Ambalema fue por entonces un esplendoroso puerto hasta el que arribaban las más avanzadas mercaderías traídas desde Europa. Los restos de su rica arquitectura se pueden ahora contemplar en sus calles. Sobreviven la Casa Inglesa, una fastuosa mansión que fue entapetada en mármol de Cerrara; la antigua factoría donde se procesaba el tabaco y que alojó a los rebeldes que acompańaban a Mosquera; la casona donde se imprimían los valores de las tabacaleras, o los oxidados restos de los vapores que surcaban la que era la principal arteria del país, el río Magdalena.

También sobre el gran río, frente a los rápidos donde cada ańo, de enero a marzo, se protagoniza la fiesta de la "subienda" del pescado, está Honda. Fundada un impreciso día del siglo XVI, la ciudad fue centro del oro y de la plata, de importadores, de virreyes y de encomenderos. En 1814 desalojó a punta de fusilamientos a los realistas y se declaró libre de Espańa y capital de una república fugaz. De aquel tiem po sobreviven muestras de la arquitectura colonial como las calles de las Trampas y el Retiro.

A sólo 15 minutos de Honda por carretera se encuentra Mariquita, una ardiente población que se considera el centro geográfico del país y que produce variadas y exóticas frutas tropicales como el mangostino. Por algo allí se estableció la célebre Expedición Botánica que comandó el sabio Mutis y también allí decidió pasar sus últimos días el conquistador Jiménez de Quesada. Tanto en Ambalema como en Honda, Mariquita y Armero, los turistas encuentran pequeńos moteles rodeados de frescos bosques. En Armero está ubicado uno de los pocos serpentarios del país, con una completa colección de ofidios venenosos.

Ascendiendo hacia el Parque de los Nevados, a una hora por carretera de Armero, se halla Líbano, famosa por sus corpulentos cedros, sus minas de oro y las insurgencias de sus artesanos. (1980) (NR. Pueblo destruido por una avalancha de lodo)

Recostada al macizo central Andino, Ibagué es una ciudad de 300.000 habitantes obsesionados por la música. "Capital Musical de Colombia", Ibagué celebra en junio el Festival Nacional del Folclor y el Concurso Polifónico Internacional a principios de diciembre. En el primer evento, los ibaguereńos reviven, en medio de un carnaval, los tradicionales aires del hunde y el sanjuanero. En el segundo, los coros del Tolima compiten con los de varios países extranjeros en la in terpretación de composiciones clásicas. Los conjuntos polifónicos tolimenses, en sus giras por Europa, han puesto a aplaudir y a taconear nada menos que a los recatados berlineses para evitar que abandonaran el escenario.

Los fines de semana, a la entrada de los restaurantes de Ibagué se cuelga un cartel que anuncia los deliciosos tamales tolimenses, famosos en todo el país. Existen varios restaurantes especializados en comida criolla, entre los que sobresalen el de "Las Ambale munas". A 58 kilómetros de Ibagué, en Espinal, un puja te centro sembrador de arroz, sorgo, algodón y ajonjolí, es pera todos los días el plato t limense por excelencia, la lechona. Además un enjambre de vendedores ofrece a los turistas el típico quesillo y los bizcochos de achira.

AI nordeste de Ibagué, a una hora en automóvil, está Piedras, un pueblo tranquilo con hermosos balnearios sobre el río Opia, en el cual se consiguen ostras deliciosas. Continuando hacia el norte se llega a Venadillo, único lugar donde se puede comer un sabroso hueso de cerdo sudado, acompańado con un vaso de avena helada. Frente a Girardot está Flandes con su medio centenar de restaurantes cuyas terrazas dan sobre el Magda lena y donde se sirve el exquisito "viudo de capaz". El Tolima se ha especializado en una gastronomía criolla, larga de enumerar, como los "plátanos pasos" del Guamo, el kumis y las "cucas" de La Paloma, más allá de Cajamarca, subiendo hacia La Línea.

AI noroeste, trepando 45 kilómetros de montańa, se encuentra a 5.215 metros sobre el nivel del mar el Nevado del Tolima. Deslumbrado por su cono de nieve, el médico alemán Jess Hecht lo llamó "Montańa Mágica de Colombia". También alabó sus 20 fuentes termales, ricas en fósforo, azufre, magnesio, sílice y que a Hecht le parecieron tan saludables como las mundialmente famosas de Vichy, Francia.

Hacia el sur del Tolima, sobre secas llanuras, se asientan los pueblos que guerrearon contra los pijaos. Chaparral, cuna de tres presidentes de Colombia y poseedora de las Cuevas de Tuluní, de fascinante atrac tivo para los espeleólogos, y de límpidos riachuelos de pequeńas cascadas. Purificación, que alcanzó a ser capital de la República, muestra las huellas de la arquitectura colonial y de la cultura de los indios Yaporogos, que se perpetúa en el Templo de Palestina con sus contornos poblados de momias, piedras con signos jeroglíficos y una nave central con una laguna de trazos misteriosos. Igualmente se encuentra en Purificación el cerro de Corra les, con un volcán extinguido en su cima y varias cuevas con lagos en el fondo.

Remontando las laderas de la Cordillera Oriental, se extiende la maravillosa represa de Prado, contenida por rocosos farallones y en la que hay abundante pesca. Cerca un mo tel y numerosas cabańas faci litan su visita. Hacia el su reste están Dolores y Alpujarra, ricas en cementerios in dígenas, cuevas inexploradas y fenómenos como el Boque rón del Aire -donde de junio a septiembre sopla un furioso viento que hace retroceder a los viajeros- y la Piedra de Júpiter, un extrańo monolito que parece haber sido erigido por los indígenas.

En la ruta hacia el Huila se ubica Natagaima, emporio mi nero sin explotar, con ríos abundantes en ostras y domi nado por el cerro de Pacandé, montańa sagrada para los in dígenas. AI oeste, Ortega y Coyama son asiento de pozos petrolíferos y resguardos indígenas.

A sólo media hora de Espinal, el centro artesanal de La Chamba ofrece piezas de arcilla de hermoso valor artesanal.

Cobijada por 27 grados centígrados y refrescada por centenares de piscinas, Melgar es la ciudad turística por excelencia del interior colombiano. A escasa media hora de Melgar se encuentra Carmen de Apicalá, sede de imponen tes villas de veraneo y lugares para camping.

Más allá están las gigantescas Cuevas de Cunday, tal vez las más grandes del país, unidas por pasadizos la berínticos y con fenómenos tan interesantes como las pare des imantas que detienen las manecillas de los relojes y una colección de peces ciegos por la ausencia de la luz. Des viándose de la carretera de Melgar a Bogotá, en el sitio de El Boquerón, continuando hacia Pandi hasta llegar a Icononzo, hay un impresionan te puente natural, tallado en roca por lluvias y vientos du rante milenios.

Estos son algunos de los caminos del Tolima. Su enconada historia ofrece otros más eternos. AI atardecer, en los andenes de las tiendas, los viejos los mencionan, al murmurar antiguas leyendas sobre vagabundos fantasmas de los ríos como el Mohán; sobre fabulosas minas abandonadas en las montańas; sobre el verano que azota las plantaciones de maní de Armero; sobre los audaces revoloteos de los aviones fumigadores en los sembrados de arroz y de algodón; sobre los sangrientos combates de La Rusia y Garrapata y sobre jefes guerrilleros cuyos nombres -Ramón Marín, Tulio Varón, Sandalio Delgado, Cristino Parra, Vidal Acosta, Antonio Echeverri, "Desquite" sobreviven a sus muertes y, tal vez algunos lo recuerden, sobre capitanes de montoneras como José María Obando, un errante cargado de utopías que cabalgó por Centroamérica hasta México, donde combatió al lado de Juárez contra Maximiliano de Habsburgo, hasta morir. A los tolimenses les gusta hablar de todo esto. AI fin y al cabo la mayoría son hombres que todos los días se preguntan si son libres o no.

Tomado de ls Revista Diners No.120, marzo de 1980