Viejo Caldas Region

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Los Precursores.

 En la década inicial de este siglo aparecen los primeros pintores del occidente colombiano. Concretamente, Angel María Palomino, oriundo de Rionegro, en Antioquia, emigró hacia el sur, radicándose en Salamina. Una rama de su familia, empero, aparece como originaria de Popayán, con enclaves en Cali y en Buga. Un hijo de Angel María, con su mismo nombre, establece sus reales en Riosucio, ciudad que servía de límite a los estados soberanos de Antioquia y Cauca.

Tanto el padre como los hijos y familiares cumplieron con los afanes de quienes querían pasar a la posteridad, bien en el óleo, empastado y sombrío, como en el cuadrilátero, casi siempre en sepia, de la fotografía. Los Palomino padecieron la errancia desde su tierra a la ciudad de Salamina. Padre e hijo, del mismo nombre, cubrieron con su pesada cámara los caminos de los municipios vecinos en busca de una clientela escasa, ya que la fotografía era costosa y la gente austera en el gasto.

Los Palomino llenaron buena parte de los muros eclesiales con imágenes religiosas que ofrecían, en las más de las ocasiones, iguales rasgos. Inclusive la copia se volvió sistema de taller, dada la abundancia de las demandas, y la abundancia, también, de la familia. Al parecer se registró un rompimiento de la familia, pues unos se radicaron en algunas ciudades del Valle del Cauca (Buga y Cali) . Hace lustros, uno de los descendientes, Antonio Palomino, daba clases de dibujo en uno de los colegios de Pereira. Tenía, como sus ascendientes, habilidad pictórica, conocimiento de la química de los colores, facultades para el manejo de yeso, la talla de maderas y, desde luego, el arte de la fotografía.

Al parecer, de los Palomino tomó sus conocimientos otro riosureño, Manuel Antonio Cataño, quien realizó excelentes y abundantes cuadros, la mayoría de ellos en casas e instituciones de Buga, en que se encuentran muchos retratos de su mano en los salones de la Academia de Historia. Cataño, de quien se dice fue mejor retratista, por dibujo y color, que los Palomino, fue autor de una numerosa obra, dispersa en las principales ciudades del Valle del Cauca.

Casi coetáneo de los Palomino aparece otro pintor en los fastos de la pintura riosureña. Es Rómulo Betancur, con dilatado ejercicio en la pintura de retratos de gentes pudientes, que los consideraban como testimonio de importancia social y de riqueza, y de santos y santas para las parroquias con recursos. Al la do de los artistas operaban algunos copistas menores, a los que no les duró el impulso de un arte lleno de sacrificios y buscaron vida, como se dice de algunos osados, en actividades distintas a la pintura.

En la Historia de la ciudad de Manuales del padre Fabo, aparecen algunos datos de importancia, tanto en relación con la historia como con la crítica artística de la capital caldense. Relata que los primeros pintores que llegaron a Manizales fueron Vicente Girón y Agustín Fajardo, ecuatorianos, quienes pintaron algunos cuadros religiosos. Aconteció ello en 1872. El padre Fabo anota la predisposición artística de Samuel Velásquez, buen novelista terrígeno. También aparece el primer caricaturista con ejercicio en Manizales, Arturo Patiño Callejas, y una información elogiosa sobre la escultura, tanto en bronce como en mármol, de don Alvaro Carvajal, cuyo taller gozó de merecida fama.

Fue excelente, al decir de los conocedores, la tarea pictórica de Abel Ortega, radica do en Calarcá en las primeras décadas del siglo. Buena parte de los cuadros de las casas importantes de Armenia tienen la huella de su pincel. Forzado, empero, a atender sus necesidades económicas con el producto de su arte, predominan los retratos. Son pocas las obras de otro género, y en la mayoría de las veces, paisajes y escenas de la vida campesina que tienen su firma fueron copias afortunadas.

Las necesidades estéticas de Manizales por los tiempos que reseñamos, contaron con la obra de artistas como don Elías Arcila. A él corresponde buena parte de los retratos de gobernantes. Alcanzó a competir en el escaso mercado del arte de la capital caldense con quienes salían al mundo de la acción y de la crítica en la Escuela de Bellas Artes.