Bahia Solano Region

Costa Paficica

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Bahía Solano

 

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Un pueblo que nació con una canción

Por Pilar Lozano

En un estrecho corredor de arena, entre la Serranía del Baudó y el Océano Pacitico, creció Bahía Solano. La serranía, a manera de gran muralla, aísla el poblado del resto del país. Quizás por esto, y por tener el horizonte sólo abierto hacia el mar, los habitantes de este hermoso lugar mantienen su mundo colmado de fantasías y leyendas.

Bahía Solano está habitada por mujeres como Juana y Zita. Una es cantadora y entona arrullos y romances cada vez que muere un niño, y también canta en la novena de los difuntos mayores. Zita es una maestra explosiva y alegre que cuando Bahía se convirtió en municipio -hace 25 años- le compuso un himno que luego utilizó en serenatas para recoger fondos para la gran fiesta.

Los hombres de Bahía son como "Pacho Loco". El fue el único pasajero del primer vuelo que aterrizó en una pista de arena en 1960. Se quedó en Bahía a pesar de que la Carretera Panamericana, que fue la disculpa que lo Ilevó hasta allí, jamás pasó de ser un proyecto. Y están también Pedro IYazario Bocanegra y Efraín Medina. Los dos nacieron en Pa namá y Ilegaron a Bahía a bordo de un velero a comienzos de siglo. Por entonces el sitio se Ilamaba Jella y sólo lo habitaban doce personas. En esas antiguas épocas -cuentan ellos- las gentes hacían pactos con el diablo, se asustaban con espíritus y espantos y temían a los grandes brujos como María de la O y Remigio.

Bahía Solano está formada por casitas de madera, la mayoría montadas sobre cuatro estacas, que se ven adornadas por los jardines y los tendidos de ropa de vivos colores que se secan al sol. Son construcciones más bien nuevas; el 26 de septiembre de 1970, un terremoto "que convirtió el mar en una fiera", destruyó 217 de las 267 viviendas que entonces existían.

Hoy Bahía parece una población amurallada. La serranía tupida de selva y el mar, no la dejan crecer. Bahía Solano será siempre pequeñita, embrujadora y coqueta.

Bahía Solano, como muchos municipios de Colombia, tiene en su pasado días de gloria, de los que hoy sólo que dan los recuerdos. En 1935 Alfonso López Pumarejo ordenó la creación de una colonia agrícola en ese lugar. Como consta en el acta de fundación, se trazó en la ensenada una población a la que se bautizó como Ciudad Mutis.

El 7 de agosto, con un golpe de hacha en el manglar y la izada de una bandera, se abrió la colonia. En un barco que zarpó de Buenaventura llegaron los primeros hombres, con la ilusión de hacerse a una tierra para trabajar... A cada uno se le dio un lote de 20 por 30 metros en la zona urbana y 75 hectáreas en el monte para sembrar. Venían del Valle, el Tolima y el viejo Caldas; eran zapateros, peluqueros y carniceros la mayoría de ellos.

"Cuando no había Ilegado la colonia -cuenta Efraín Medina- esto era un rancherío; todo se traía de Panamá en veleros; con la colonia la gente se civilizó. La paja se fue botando y aparecieron las tejas de zinc. Mi padre se colonizó. Recibía un jornal de un peso diario".

En 1943 Bahía poseía acueducto, alcantarillado, casa de dirección de la colonia, estación de radio, carnicería, aserrío, planta trilladora, comisariato, planta eléctrica, volquetas, bombas, hospital con equipo de cirugía. Dos veces por semana un barco. "El Chocó", Ilegaba a Puerto Mutis.

Sin embargo, esta relativa bonanza sólo duró hasta que la entonces intendencia del Chocó asumió la dirección de la colonia.  El abandono fue despojando poco a poco a Bahía de lo que en años había logrado conseguir. La colonia quedó a merced de la naturaleza, del paludismo y de la fiebre amarilla. El barco duró un año sin tocar su puerto y las provisiones se agotaron. "Vivíamos casi de limosna -recuerda Pedro Nazario Bocanegra-; las mujeres cocinaban con agua de mar. Los fósforos se acabaron y la candela se Ilevaba de casa en casa con un tizón que no podíamos dejar apagar".

Ante esta situación, la mayoría de los moradores de la colonia decidieron huir.

En 1960 se volvieron a sentir unos días de progreso. Masta allí Ilegaron obreros, volquetas y buldózeres para empezar a construir la Carretera Panamericana. De este gran proyecto sólo quedan 18 kilómetros, que unen a Bahía con Valle, un caserío a orillas de una playa de kilómetros y kilómetros...

Aún permanecen enterrados en la montaña unos 100 millones de pesos representados en maquinaria, como asegura "Pacho Loco".

Durante años Bahía fue corregimiento de Nuquí, otro poblado a la orilla del mar, distante cinco horas en lancha. Antiguamente la comunicación con la cabecera se hacía a pie. Todas las sema nas, un "correísta", que portaba los documentos y papeles que los habitantes de Bahía necesitaban tramitar en las oficinas municipalés, emprendía una caminata de tres días por ríos, playas y selva.

Pero al comenzar la década del 60 se organizó un comité para pelear la independencia del poblado y darle vida propia. Zita y Ofelia, dos maestras "pícacaras y móviles, como ellas mismas se definen, fueron las dirigentes.  "Queríamos una fiesta hermosa y cuando salíamos de la escuela nos reuníamos a planear todo lo que se iba a hacer el día que Bahía fuera municipio".

Y un día se les ocurrió inventaruna canción que sirviera de himno y se pudiera utilizar además en la campaña de recolección de fondos.  Aunque jamás habían intentado algo semejante, no les pareció imposible.  La dos estaban acostumbradas a emprender tareas difíciles. Zita, por ejemplo, para poder convertirse en maestra tuvo que viajar durante seis años desde su pueblo hasta Quibdó, caminando 15 días por la selva. "Ibamos siempre cuatro estudiantes. Cada uno Ilevaba un boga que ayudaba a cargar las maletas. Llevábamos panela y bananos y pescábamos en los ríos qué comer. Pero a veces se nos acababa la remesa y nos tocaba comer viento", dice ella en medio de una sincera y ruidosa carcajada.

En pocos días Zita y Ofelia escribieron la letra del himno, le pusieron las notas musicales y se dedicaron a recorrer calle por calle Bahía Solano y los caseríos cercanos. En cada ventana se detenían y cantaban: "Viva la fiesta que trae alegría, pues nuestro pueblo al fin va a triunfar, y ahora que somos nuevo municipío, viva Solano que quiere progresar".

Y el 8 de noviembre de 1962, hace 25 años (1987), Bahía se convirtió en municipio. "Vino mucha gente de Bogotá y de Quibdó --cuenta Zita-. Hubo discursos, ternera a la llanera y baile. Todos estábamos contentos pues pensábamos que Bahía no progresaba porque Nuquí se Ilevaba todo el dinero".

Bahía Solano es un municipio Ileno de problemas. Le falta buen servicio de agua, de luz, una carretera que lo saque del aislamiento... Sin embargo sus habitantes todo lo olvidan cuando Ilega un día de fiesta. Para la Navidad montan varios pesebres por el pueblo. Todas las noches van de uno a otro cantando arruIlos. La Nochebuena esconden al Niño en uno de los pesebres y se pasan la noche cantando y buscándolo. El 20 de Julio es también una fiesta especial. En la mitad del pueblo sueltan un gallo. El que le corte la cabeza de un machetazo se lo Ileva a su casa y se lo come... claro, debe hacerlo con los ojos vendados. AI año siguiente el ganador pone el gallo.

El Día de la Madre, las mujeres se organizan: juegan fútbol, beben y bailan; el Día de San Francisco Solano se levan tan muy temprano y en canoas van por la imagen del santo, que está en una pequeña capilla en una playa cercana. Todo el día hay procesiones y cantos. En la Semana Santa nadie sale de su casa en la noche. Temen encontrarse con la "mula de Cuaresma", una mujer de cabeza ahuecada que lleva una cadena y mata al que encuentre en el camino.

"Desde el Miércoles Santo no se pesca, ni se parte leña, ni se pela coco -cuenta Coty, una negra explosiva y sincera que vive en Valle-. Una vez un hombre salió a pescar en día santo. El mar lo botó a la playa muerto, todito enroscado en el nylon...".

Coty cuenta miles de fantásticas historias más... Por ejemplo, ella asegura que cuando su hijo tenía seis años le dio polio. Los médicos le dijeron que no había mucho que hacer. Ella regresó a su casa y soñó "todito el remedio". Entonces siguió al pie de la letra el tratamiento soñado, que incluía masajes con aceite de lombrices, y el pequeño sanó del todo.

Tal vez escuchar a las mujeres contar historias es uno de los mayores atractivos de este lugar del Pacífico, más aún que caminar por sus inmensas y solitarias playas.

El que vea un atardecer sentado en el porche de la casa de Juana, escuchándola cantar o contar cuentos, mientras el mar empieza a invadir la playa, jamás olvidará a Bahía Solano, ese caserío que hace apenas 25 años se convirtió en municipio.

Tomado de la Revista Diners No.206 de mayo de 1987