Daniel Bermudez

Bogota

Arquitectos

Construcción

 

Daniel Bermúdez

arquitecto

   
 


Algunas de sus obras más destacadas (hasta 2009)

• Edificio Alberto Lleras Camargo (1987) Universidad de los Andes, Bogotá

• Polideportivo (1995) Liceo Francés Louis Pasteur, Bogotá

• Bloques B y L (1997) Universidad de los Andes, Bogotá

• Edificio vicerrectoría de posgrados (1997) Universidad Jorge Tadeo Lozano, Bogotá

• Bloque H, física y matemáticas (1998) Universidad de los Andes, Bogotá

• Biblioteca Pública El Tintal (2000) Bogotá

• Biblioteca y auditorio (2001) Universidad Jorge Tadeo Lozano, Bogotá

• Planta industrial Quala (2001)

Santo Domingo, República Dominicana

• Bloque W (2009) Universidad de los Andes, Bogotá 

Tomado de la Revista Uniandinos, edición 180, octubre de 2009

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Parado dentro de los 21.000 metros cuadrados de concreto que posee la nueva Biblioteca Auditorio de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, el arquitecto Daniel Bermúdez parece un mago que acaba de sacar de su cubilete la isla de la fantasía: se extasía con las paredes hechas con piedras del río Claro, se emociona con los pisos de madera de encenillo, goza con los ventanales desbordados por el sol de Bogotá. 

"El arquitecto tiene la responsabilidad de proveer belleza y de hacer más de lo que el cliente le pide", dice para explicar por qué su obra es más que una simple mole de cemento. AI verlo sonriente y hechizado, se comprende que ama cada metro de la biblioteca que beneficiará a cerca de 2.000 usuarios. 

Pero es que a Daniel Bermúdez, hijo del legendario Guillermo Bermúdez Umaña-uno de los padres de la arquitectura bogotana-, la capital de Colombia lo seduce. Tanto que después de graduarse en la Universidad de los Andes estuvo tentado de aceptar una beca para hacer una especialización en Inglaterra, pero prefirió quedarse a trabajar en el país que seguir estudiando. Hasta el momento no se ha arrepentido y, paralelamente a su labor como docente que inició en 1975, ha liderado importantes proyectos en Bogotá como el edificio de la Embajada de Francia, el proyecto urbanístico de Ciudad Salitre, el coliseo cubierto del Liceo Francés y la Biblioteca Pública El TintaL 

En 1992 obtuvo el premio al mejor diseño arquitectónico en la XII Bienal de Arquitectura con el edificio Alberto Lleras, de la Universidad de Los Andes. Reconocimiento que le sería otorgado nuevamente en 1998 por su trabajo en el edificio de Posgrados de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Por eso, los directivos de esta institución no dudaron un segundo en poner nuevamente en sus manos la construcción de la nueva Biblioteca Auditorio. 

Tomado de la Revista Credencial, Edición No. 2007, febrero de 2004

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Arquitecto de la Luz

por Carlos Salas

La sencilla silla anclada en medio de un extenso jardín de la casa de campo que construyó su padre, lo espera con la paciencia propia de los objetos.

A Daniel Bermúdez le interesa el diseño. Apasionado por las sillas, tiene una pequeña colección de ellas y en su oficina mantiene colgado un afiche con cientos de sillas que conoce muy bien. No es amigo del diálogo socrático que se desenvuelve andando. Prefiere la comodidad de la silla desde donde imagina sus proyectos. Afirma tajantemente que la arquitectura se hace mentalmente y no con trazos sobre un papel:

Junto a su padre, Guillermo Bermúdez -uno de los grandes maestros de la arquitectura nacional-, se inició en el oficio y asistió al surgimiento de los mejores diseños colombianos, realizados por aquel y sus contemporáneos, los cuales ha sabido admirar y respetar.

Lo corrobora el hecho de habitar las Torres del Parque. Fue una decisión de arquitecto el escoger para vivir uno de los hábitats más poéticos del mundo. Pero su búsqueda de autonomía y de un lenguaje propio -por el que sigue trabajando día a día-, lo obligó a tomar distancia de sus tan cercanos predecesores.

De la arquitectura poética, escrita con trazos de lápiz, a una más funcional, más tecnológica, más cercana a las exigencias del mundo del siglo XXI. Una arquitectura cerebral, ideada desde una silla y graficada desde sus inicios con los sofisticados programas de computador que sustituyen el lápiz, el borrador y el papel. De ahí a una rigurosa ejecución, donde cada detalle está previsto para una función especifica y donde se neutraliza el espacio y el volumen arquitectónico para que sea apto para todos. Arquitectura imponente frente a la escala urbana, buscando crear un nuevo perfil de ciudad.

Este nuevo diseño concebido desde un nuevo humanismo, conserva la poética de los maestros cuando esculpe con la luz los espacios. Como los cortes de Brancusi tallados para la luz, las ondulaciones y penetraciones de la luz actúan en forma viva creando una extraña espiritualidad en una obra más cercana al funcionalismo que al romanticismo.

Es con la luz como Bermúdez se acerca a la poesía, a lo que parecía excluido en un mundo de alta tecnología y de grandes exigencias técnicas..

Tomado de la Revista Mundo No.16, 2005

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Daniel Bermúdez y su sueño de ciudad

por Mauricio Sojo Vásquez

En su oficina en el barrio Bosque Izquierdo, cercado por uno de los íconos arquitectónicos de Bogotá, las Torres del Parque, de Rogelio Salmona, y bajo la sombra del cerro de Monserrate, Daniel Bermúdez cierra los ojos un momento -café en mano- para imaginar una ciudad en la que se pueda caminar, llena de parques y bibliotecas, que priorice al peatón sobre el carro y cuyos espacios públicos estén diseñados para la utilidad democrática y no para el interés particular. Esa imagen de ciudad moderna, incluyente y respetuosa, al abrir los ojos, se le empieza a parecer a Bogotá. O al me nos, a lo que quiere ser Bogotá.

Daniel Bermúdez lleva en las venas la casta de uno de los representantes de la arquitectura moderna colombiana, su padre Guillermo Bermúdez Umaña, responsable junto con Rogelio Salmona de la agrupación de viviendas El Polo (terminada en 1957), y que fue uno de los proyectos de desarrollo urbano más destacados de la época. Ya desde entonces se buscaba una ciudad con reglas claras, con planeación a inversión a futuro.

Así que cuando Daniel Bermúdez se graduó como arquitecto de la Universidad de Los Andes, en 1973, estaba en sus sueños, como hoy, una idea de ciudad. "En ese entonces yo ya tenía claro que la Bogotá que crecía hacia el norte, esa excluyente y en la que reina el automóvil, no me atraía". Por eso, desde ese momento vive en el centro de la ciudad y camina al trabajo, aunque si coincidiera con sus rutas, sería un feliz usuario de Transmilenio.

Da un sorbo a su café para asegurar luego que por suerte su ejercicio no ha estado vinculado a la arquitectura comercial, "a la gran industria de la construcción que consiste básica mente en hacer metros cuadrados y luego venderlos". Y se declara afortunado porque es gracias a esto que ha podido concentrarse en proyectos institucionales, en su mayoría vinculados con la educación. La famosa biblioteca de El Tintal es obra suya, así como también los maravillosos edificios de Posgrados y del Auditorio de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, que hoy sirven de entrada digna al centro de Bogotá. Además, tiene entre sus grandes proyectos el plan de ordenamiento para el Liceo Francés en Bogotá, la ejecución de la Embajada de Francia y el diseño de Ciudad Salitre, que resultó ser un interesante modelo de planeación.

Tomado del periódico El Espectador, 19 de marzo de 2006

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Protagonista

En sus proyectos arquitectónicos predomina la luminosidad que impacta en los espacios. Por eso, algunos, ya llaman a Daniel Bermúdez el arquitecto de la luz. Y esta es, precisamente, la que predomina en el Centro Cultural Biblioteca Publica Julio Mario Santo Domingo que se acaba de inaugurar y que fue diseñada por él. Es hijo de Guillermo Bermúdez, uno de los grandes maestros de la arquitectura colombiana, aunque Daniel ya brilla con luz propia. Hizo su carrera de arquitectura en la U. de los Andes. Sus diseños están en otras importantes construcciones como la biblioteca de El Tintal, la Embajada de Francia, el proyecto urbanístico de Ciudad Salitre y el coliseo cubierto del Liceo Francés

Tomado del periódico El Tiempo, 28 de mayo de 2010

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Arquitecto de sueños

Daniel Bermúdez es sinónimo de excelencia, perfeccionismo, líneas limpias, espacios abiertos y luz, mucha luz. Este arquitecto insigne de la Universidad de los Andes habló para la Revista Uniandinos de su relación apasionada con la Universidad, de la arquitectura del país y de los futuros profesionales.

Ha estado vinculado a nuestra alma mater desde cuando comenzó su formación académica, como profesor uniandino y como profesional en los proyectos arquitectónicos que hoy son edificaciones innovadoras de la Universidad.

Relación apasionada

El comienzo de su relación entrañable y apasionada con la Universidad de los Andes se remonta a la realización de un primer plan de ordenamiento -junto con el arquitecto Alfredo de Brigard- que refleja el conocimiento profundo y preciso de una topografía tan compleja que caracteriza a los terrenos donde está ubicada, acompañada por la existencia de edificios patrimoniales, un reto del que salió triunfante nuestro protagonista.

"He tenido la suerte de hacer edificios de la Universidad, de seguir vinculado en la edificación de ideas y soluciones para los estudiantes y como profesor", asegura Bermúdez.

"Los trabajos con los Andes son especiales y el producto final es muy gratificante porque luego de entregarlos recibo correos y cartas de felicitaciones y agradecimiento del mismo rector de la Universidad, Carlos Ángulo, de estudiantes, colegas y profesores que se sienten complacidos con el resultado final. Estas expresiones son muy satisfactorias y estimulantes", puntualiza el arquitecto.

Bloque W - Universidad de Los AndesEn cuanto al proceso de construcción de los edificios Daniel piensa en soluciones. "Uno de los más recientes proyectos, el bloque W, es precisamente un ejemplo a una solución, a un complicado sistema de circulación que facilitó la integración y que, a su vez, brinda espacios llenos de luz y calidez que dan lugar a la conversación y al aprendizaje. Existen espacios llenos de ruido donde hay un movimiento constante de estudiantes, y también lugares aislados que permiten una total concentración y tranquilidad", destaca Daniel Bermúdez, para quien una de sus grandes satisfacciones es lograr excelentes resultados con austeridad en los gastos.

Escenarios académicos

Este destacado profesional define sus obras destinadas a la academia (bibliotecas, edificios universitarios y centros culturales) como el equilibro entre espacios para el trabajo y áreas verdes con vegetación y aire. "Lograr un paralelo entre actividad y tranquilidad son un elemento clave para un escenario de esta clase", asegura.

Los escenarios académicos de hoy, a diferencia de los de décadas anteriores, "son muy exigentes en términos de aplicación de tecnologías, amoblamiento y ambiente. Hace 20 años no se soñaba con aislamientos acústicos, enseñanzas virtuales, proyecciones y escenarios audiovisuales que hoy son una realidad necesaria y las edificaciones deben, no solo adaptarse, sino adelantarse para que permanezcan vigentes al menos los siguientes 20 años.

El principio técnico de los nuevos edificios es fácilmente adaptable a nuevas tecnologías; las zonas de servicio y las áreas servidas se pueden modificar para ampliarlas cuando se requiera. "Las construcciones de la U se pueden adaptar a las necesidades cambiantes sin grandes sobrecostos", afirma Bermúdez, destacando la condición de las estructuras de la Universidad de los Andes.

Las nuevas generaciones

Frente a la pregunta de que si están o no las universidades formando arquitectos para afrontar las necesidades de vivienda de interés social y proyectos para comunidades vulnerables no duda en responder que: "La formación de las universidades refleja esa preocupación de la VIS y viviendas populares, pero esa no es la cuestión sino las políticas de Gobierno, que han delegado al sector privado las soluciones a un problema social que no se resuelve exclusivamente otorgando subsidios de vivienda, pues esa solo es una de las tantas alternativas posibles para ayudar a las comunidades vulnerables a tener mejores condiciones de vida".

Daniel Bermúdez, un hombre de carácter que refleja la fuerza de su personalidad en obras que se convierten en referentes para las nuevas generaciones de arquitectos que, cómo él, están buscando la perfección.

Tomado de la Revista Uniandinos, edición 180, octubre de 2009

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Bermúdez, maestro de la luz

El pensador de esta semana vive entre nosotros. Su lápiz aún dibuja sobre la maravillosa sombra de los cerros orientales.

Es Daniel Bermúdez, el arquitecto bogotano que ha consolidado importantes proyectos arquitectónicos y urbanísticos en la ciudad.

Más allá de hablar y promocionar sus obras, Bermúdez tiene claros los problemas de la capital y sostiene tesis que resultan interesantes.

Una de ellas es la de la ciudad informal, que él mismo explica en su oficina del barrio Bosque Izquierdo. "Es la zona de la ciudad cuyo origen no pasa por las licencias de construcción, pero sí por algunas normas posteriores. Es prácticamente el 50 por ciento de Bogotá", asegura.

Para Bermúdez es importante pensar en proyectos para la periferia de la capital, donde está realmente el tejido de la urbe.

El arquitecto también ha estudiado la manera como la ciudad creció evitando construir en lo que él denominó una cuña, es decir, los extensos terrenos que conformaban la Hacienda Salitre.

"En 1936 ese territorio pasó a manos de la Beneficencia de Cundinamarca porque el dueño no tenía herederos. Eso permitió que en esos lotes se pensara en la calle 26, el CAN, el parque Simón Bolívar, la Universidad Nacional y Ciudad Salitre", recordó Bermúdez.

La mayoría de los arquitectos tienen un estilo y unos patrones que caracterizan su trabajo. En Bermúdez la respuesta a esa pregunta es corta y contundente: "El material más importante de mis edificios es la luz".

Ejemplo de esto son la Biblioteca Pública El Tintal, una de las primeras megabibliotecas que estrenó Bogotá; el edificio de posgrados de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, el coliseo del Liceo Francés y el recién inaugurado Centro Cultural Biblioteca Pública Julio Mario Santo Domingo, entre otros.

Además de la luz como herramienta para crear ambientes, los edificios de Bermúdez se caracterizan porque usa con frecuencia concreto claro sin recubrimientos, que proporciona una tonalidad crema sumamente alegre y que "refleja la luz de la sabana".

Otra de las cualidades que resalta Bermúdez de su obra es que se relaciona directamente con la zona donde se localiza cambiando el panorama del lugar.

Bermúdez estudió arquitectura en la Universidad de los Andes, donde es profesor desde hace 35 años, pero dice de manera irónica que también pasó por la Universidad de la ciudad, "donde se aprende con el día a día", sostiene.

Tomado del periódico El Tiempo, 5 de junio de 2010