Jose, Joe Arroyo

Barranquilla, Atlantico

Cantantes

Personaje

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José, Joe Arroyo

Alvaro José arroyo

Cantante, compositor

 

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Este cartagenero hizo famosos temas como Tania y El preso. En 1982 creó su orquesta La Verdad. Desde entonces, ha obtenido Congos de Oro. El Supercongo fue creado ex lusivamente para él. En la Feria de Cali ha ganado los galardones a mejor orquesta y cantante. En 2005 presentó Se armó la moña en Carnaval.

Tomado de la Revista TV y Novelas No. 431, 7 de junio de 2005

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Su corazón al desnudo

por Martha P. Beltrán

El encuentro transcurrió al final de la tarde.  La cita con TV y Novelas era una de las últimas de un día de promoción, que, como es normal, ya
tenía fatigado al artista. El tema obligado era su participación en Siete veces amada, la novela de Caracol. El músico habló de lo encantado que se había sentido cuando leyó la sinopsis, escrita por Bernardo Romero Pereiro, y la gran dosis de fantasía que le había puesto a la letra de la canción. "La grabé en un día. Comencé a las 2 p.m. con la instrumentación y la canté durante 45 minutos", y añadió que no descartaba la posibilidad de actuar en dicha producción.
También era inevitable hablar de Marcando terreno, su más reciente trabajo, que incluye Palito del Carnaval, tema que ya se está gozando en Colombia entera. Los duetos con Gilberto Santa Rosa y Víctor Manuelle también hicieron parte de la conversación, y de estos trabajos afirmó que eran formas de aprovechar junto a dos grandes ese magnífico don de cantar y por qué no, otra forma de marcar terreno pero en el extranjero, pues Colombia ya está más que conquistada. 

UN DOLOR EN EL ALMA 

La entrevista transcurría en forma normal, hasta que se mencionó el próximo proyecto discográfico, en el cual se incluirán varias composiciones en honor de Tanya, la hija del artista fallecida recientemente. Ahí dejó de ser el Joe risueño y se transformó en el padre que sufre, en el ser humano que no puede contener las lágrimas ante el dolor que produce la pérdida de uno de sus siete tesoros, el mayor: su primogénita. ` En medio del silencio respetuoso de quienes se hallaban en el lugar, el cantante y músico evocó, entre sollozos, esos momentos de angustia antes de entrar a grabar este disco. Nos reveló la conversación que sostuvo con su hija, quien se encontraba en cuidados intensivos, habló del ánimo que Tanya le dio en ese diálogo y el dolor terrible que sintió cuando sólo 15 minutos después encontró que ya no estaba viva. 

Nuestro silencio continuaba, y él no dejaba de hablar. Con una mirada de esas que calan en el alma, afirmó que habría preferido que aquella devastadora enfermedad que le arrebató a su hija hubiera recaído en él. Hizo una pausa, tomó agua tratando de calmarse, y dijo, con los ojos llenos de lágrimas, que con el fallecimiento de su hija se dio cuenta de que el dinero no lo es todo en la vida. 

Mientras hablaba, buscaba con ansiedad la carátula de su CD para leer la dedicatoria: "En memoria de mi hija Tanya, la cual viajó eternamente al cielo y ha vuelto a su estado angelical. Nunca olvidaré todo el amor y la fortaleza que siempre me diste. Te amaré toda la vida... Tu papi, Álvaro".  Joe habla con nostalgia, dice que su hija se encuentra muy bien en estos momentos, llena de amor y sin necesidades ni afanes terrenales, disfrutando de la felicidad perfecta. Sabe, y lo ha sabido siempre, que por ella y por sus otros hijos tiene la obligación de salir adelante y de cumplir cada día con el público que lo ha escogido como su artista.
Algo de conmoción invadió la habitación y los ahí presentes intercambiamos miradas. Joe pidió disculpas: "Me bajé de nota", dijo. Para nosotros no eran necesarias las disculpas, pues nos encontramos de frente con un ser humano que no tuvo ningún reparo en mostrar nos su corazón de hombre, sus lágrimas de padre y su gran satisfacción con la vida que le transmitió Tanya, aquella niña que le inspiró hace años esa salsa que hizo gozar a muchos: "Cómo me llaman, eso no importa, yo te vengo a buscar, te vengo buscar, ¡oh Tanya!, ¡oh, oh, Tanya!, ¡oh, Tanye eeh:..!" Y desde la eternidad, su amor los mantendrá unidos para siempre.

Tomado de la Revista TV y Novelas No.329, 14 de mayo de 2002

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Sigue "arroyando" el Joe

Dentro de un tarro metálico, donde ven día agua; comenzó su camera musical. A los 8 años, Alvaro Jose Arroyo metía su cabeza dentro de estos recipientes que le permitían escuchar los matices de su voz, jugando con diferentes sonidos, que podían pasar de los más agudos a los más graves. Uno de esos sonidos experimentales, parecido al relinchar de un caballo, se volvió tan famoso con el tiempo, que donde se escuche, se sabe que es el Joe Arroyo.

De la época de los tarros a hoy, pasaron más de 50 años. En todo ese tiempo hay historias interminables de talento, éxito y superación. Sus primeros admiradores fueron prostitutas, vagabundos y bohemios, en un viejo antro de Cartagena, quienes finalinente terminaron siendo grandes críticos musicales, pues descubrieron a un artista colom iano reconocido internacionalmente como uno de los más importantes de la música caribeña.

Fue una de las voces de la orquesta de Fruko y sus Tesos y el grupo The Latin Brothers. Amenazó por tanto tiempo que iba a crear su propia orquesta, que todos decían que era una mentira. Por eso, cuando por fin lo logró la llamó La Verdad. Allí inventó el joeson, resultado de una especie de variación en la salsa, a través de un ritmo diferente al tradicional de la clave (instrumento de percusión).

Ha estado varias veces cerca de la muerte. En septiembre de 1993 los medios lo declararon muerto y a comienzos del 2007, sufrió un preinfarto que asustó a muchos de sus seguidores. Pero el Joe sigue vivo y pretende demostrar esta noche que también lo está en el mundo de la música

Tomado del suplemento del Periódico El Tiempo, 22 de junio de 2007

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Hijo de Africa en Cartagena

por Mauricio Silva
especial para El Tiempo

El Joe nació en África. En una de las tantas áfricas de América. En esa África retinta, pícara, profunda, alegre, vaga y musical de la Colombia negra que se llama Nariño, que es un barrio de Cartagena donde se asentaron los palenqueros de San Basilio, que a su vez es un pueblito morado como la berenjena ya bandonado como sólo puede ser abandonado un palenque en Colombia.

Allá nació el "afrocolombiano más bailado en la historia del país" -título nobiliario de hondo calado en una nación que idolatra el zapateo-. Allá arriba, en la versión más africana de Cartagena, entre el polvo, la escasez y el ruido, en una loma mísera donde a gritos aún se usa esa lengua criolla mezcla de español, portugués y bantú que desde hace cuatrocientos años salpican los descendientes de los cimarrones que se liberaron de la esclavitud. Allá, a pocos metros del mar Caribe, se formó Álvaro José Arroyo González, en esa villa prieta, una de las tantas áfricas de Colombia.

Al igual que la gran mayoría de seres humanos que hoy habitan el planeta, el Joe también fue concebido por la efectiva y letal mezcla de pobreza y deseo. El genio cartagenero es el resultado de una fantasía calurosa proyectada desde mediados de 1954, que es cuando empieza esta extraordinaria historia de música y pasión, y que tuvo en Ángela González a la negra elegida. ;Santa mujer!

Precisamente fue la guapa morena -hoy en el reino de los cielos- quien alguna vez confesó que sin haber terminado su primaria decidió aportar dinero a su casa por lo cual se lanzó a la búsqueda de un trabajo cualquiera. Gracias a una recomendación encontró puesto como empleada de servicio en la residencia de un capitán de la Armada, ubicada en el barrio Bocagrande, por entonces un amplio terreno en proceso de construcción en el que apenas se alzaban algunas casas de cartageneros adinerados.

El día de su estreno laboral también fue el día de su debut en el use del capote en el ruedo del acoso, gracias a que en esta casa también trabajaba Guillermo Arroyo, un albañil de 26 años que eventualmente se le medía a la jardinería y de tiempo completo al exigente oficio del coqueteo. El arrebato de Guillermo, un tipo casado y con dos hijos, fue incisivo a intenso por lo cual Ángela, a sus 20 años, tuvo que aprender a torear contra las tablas.

Un hecho

(...) En abril de 1955, la negra reveló el secreto amoroso en su casa, en ese entonces compuesta por la abuela, el papá, la mamá y las dos hermanas, y como era de esperarse se encontró con un coro: " Pero niña, si ese señor está casado". Demasiado tarde. Ángela no sólo ya había abierto su corazón sino todos los botones de su vestido y, físicamente, el Joe ya era un hecho.

(...) A las dos de la tarde del 1 de noviembre de 1955 Álvaro José Arroyo González llegó a este mundo. Así comenzó la más prolija y alucinante carrera musical que haya tenido un negro en Colombia.

Menos de un año después del histórico parto, vino el segundo hijo en la casa de los Arroyo y, en un tiempo similar, llegó el tercero. Entonces, el popular Guillermo Arroyo, el Negro Chombo, abandonó su hogar y, según aseguró la propia Ángela en vida, a lo largo y ancho del territorio nacional, incluida la isla de San Andrés donde aún vive, concibió a otros 37 peladitos.

Ángela, por su parte, cambió de trabajo y se dedicó al oficio doméstico en los hoteles de la playa de Marbella. El Joe se crió con su abuela materna, doña Ana Chávez y, como en cualquier barrio pobre, la calle fue su más fiel compañera.

Allá en Nariño, en esa Africa colombiana, se forjó el mito del niño tocado por Dios en la garganta, del adolescente profesional que cantó en prostíbulos, del empírico que fue música en sí mismo, de la voz más influyente de la música tropical colombiana en el siglo XX, de la fuente de frescura y alegría, del inventor de un estilo, del revolucionario, del arqueólogo folclórico, de la prueba fehaciente de África en América, de la voz en cuarenta y siete álbumes, del prolijo autor de más de cien canciones, del creador de más de cuarenta éxitos que lograron el primer lugar en diferentes listas del país, del dueño de más recopilaciones musicales en la historia del disco colombiano, del ídolo de las masas, del coqueto, del macho sometido por las hembras, del necio, del vampiro que vive de noche y duerme de día, del buen tipo, del bazuquero irremediable, del solitario, del genio, del eterno, del negro que se sublevó y ganó.

Que no quede duda: el Joe es la rebelión.

Tomado del periódico El Tiempo, 27 de abril de 2008

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Joe Arroyo ya es una leyenda

Con Fruko y sus Tesos, con The Latin Brothers y con La Verdad dejó una majestuosa obra discográfica.

por Fausto Pérez Villarreal

Con la muerte de Alvaro José Arroyo González, El Joe, se cierra uno de los capítulos más fructuosos de la música tropical del Caribe colombiano, para darle paso, ahora sí, al nacimiento de la leyenda del cantautor emergido del Nariño, uno de los barrios marginales de Cartagena, donde nació el primero de noviembre de 1951.

Autor e intérprete de más de medio centenar de canciones que se constituyeron en éxitos del género tropical, bien fuera acompañado por Fruko y sus Tesos, The Latin Brothers o su Orquesta La Verdad, Joe trascendió por sus grandes cualidades como cantante, por su dominio del escenario (era sabor puro) y por su portentosas capacidades para componer.

De sus éxitos memorables permanecen frescos en el tiempo Tania, La rebelión y En Barranquilla me quedo, de su autoría; El ausente, de Isaac Villanueva; El caminante, de Mike Char, y Manyoma,de Julio Ernesto Estrada.

En las últimas semanas, la música de Joe, en especial la de su primera época, había vuelto a escucharse con el mismo auge del comienzo gracias al éxito de la serie Joe, la leyenda, emitida por el canal RCN, en la que el prometedor actor guajiro Jair Romero hizo una caracterización ejemplar, de acuerdo con la opinión de El Centurión de la Noche.

Joe obtuvo 20 Congos de Oro en las carnestolendas de la capital del Atlántico, de los cuales tres fueron en categoría especial o Súper Congo.

Antes de trascender con la banda de Fruko, Joe (cuando todavía se llamaba Alvaro José) cantó en grupos cartageneros que hacían presentaciones en prostíbulos de la ciudad, así como en los coros de las iglesias de la capital de Bolívar.

Sin terminar el colegio se fue a Galapa (Atlántico), a la casa de Cástulo Boiga, director de la orquesta La Protesta. Pero no contaba con que Ángela, su mamá, demandaría a Boiga por llevarse a un menor de edad.

Joe contó que en ese momento le dijo a doña Ángela que él quería ser músico y nada más, que se olvidara de sus sueños de que estudiara derecho.

Cantantes y compositores de reputadas trayectorias en Sudamerica y la Cuenca del Caribe no dudaron en calificar al Joe como una figura importante en el plano popular. Richie Ray y Bobby Cruz, los reyes de la salsa, le hicieron un homenaje.

Tomado del periódico ADN, 27 de julio de 2011

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El rey del carnaval

Además de ser un músico que ha marcado como muy pocos la historia musical de este país, el Joe Arroyo es un ídolo con todas las letras. Y no cualquiera. Es de las pocas figuras con seguidores en todas las regiones y en todos los estratos.

Nació en Cartagena en 1955, en medio de duras carencias, entre ellas, la de la figura paterna. Su barrio, Nariño, era el de los palenqueros, de ahí el rasgo africano que marcaría su música; muy joven aprendió las palabras de la lengua criolla de origen bantú-heredada de la que trajeron esclavos senegaleses-que luego aparecerían en muchas de sus composiciones.

Comenzó a cantar en el coro de su colegio, el Seminario Santo Domingo. Por esos días cantaba con un balde en la cabeza, de los que usaba para llevarle agua a su mamá, y alternaba entre el coro religioso y sus frecuentes apariciones en los burdeles de Tesca, antigua zona de tolerancia de Cartagena. Para entonces ya había decidido que lo suyo era la salsa, con Richie Ray y Bobby Cruz como referentes.

Pronto pasaría de cantarles a los obispos a alternar con varias bandas cartageneras y a conquistar la audiencia con el show que hacía en el programa Radio vigía, de la emisora Fuentes. Poco después se mudó a Sincelejo, bajo el amparo del maestro Rubén Darío Salcedo, quien lo mandó a guardar el Alvaro José para bautizarlo el Joe. Con la orquesta de Salcedo hizo sus primeras correrías por el país. Permaneció en ella hasta el día en que lo contactaron unos músicos disidentes de la orquesta Michi y su Combo Bravo. Lo necesitaban para un proyecto con un propósito claro: "Hacer salsa brava, a lo Richie Ray". Así nació La Protesta.

Como voz principal de La Protesta llamó la atención de Discos Fuentes, sello que lo reclutó en 1972 y de una vez lo puso a cantar en la orquesta estelar del momento: Fruko y sus Tesos, que acababa de perder a su voz principal, Piper Pimienta, por diferencias con Fruko. Con apenas 17 años conformó con Wilson Manyoma Saoko un dúo que dejó huella en la música tropical colombiana. La orquesta también le dio una denominación de origen, Colombia, a la salsa que tocaban. Toda una novedad. De esta época son canciones que todavía hoy suenan, como Nadando, Manyoma, Confundido y El caminante. Después de casi una década de solo éxitos con Fruko, el Joe sintió que era hora de brillar con luz propia y, según ha dicho, movido por un sueño que tuvo, decidió montar su propia orquesta: La Verdad, proyecto que tardó varios años en despegar. En ese lapso tuvo una fuerte crisis de salud a la que llegó tras tomar la ruta de los excesos y que llevó a una emisora de Barranquilla a anunciar su muerte. Problemas con la tiroides por poco obligan a los médicos a extirpar esta glándula, lo que habría comprometido sus cuerdas vocales. Por suerte, a punta de yodo radioactivo se recuperó. Y de qué manera.

Vino entonces la cúspide de su carrera. Con La Verdad recorrió el mundo y entre 1985 y 1990 produjo un álbum por año, y cada uno traía un hit más arrollador que el anterior. De esta época es Rebelión, una declaración de principios, una canción sobre la opresión de los españoles a su pueblo que ha sido centro de jolgorios y estudios académicos por igual y que partió en dos su trayectoria. Con ella refrendó su ingreso a las grandes ligas de la música latinoamericana. Rebelión también le abrió las puertas de la BBC, que le dedicó un capítulo de una serie documental sobre músicos sobresalientes de todo el mundo. Por esta época también les cantó a los reyes de España en Expo Sevilla 92, el diario The New York Times : refirió a él como uno de los artistas más importantes del planeta y firmó en Inglaterra con el sello Island Records, el mismo de Bob Marley y U2. Además, ganó cuantos Congos de Oro quiso en el Carnaval de Barranquilla, y una noche de 1992 en la que festejaba sus veinte años de vida artística se dio el lujo de convocar a 60.000 seguidores en El Campín.

Tras alcanzar la cima, vino la retirada, a finales de los noventa. Ha pasado la última década en cuarteles de invierno, con pocas apariciones y muchas malas noticias, entre ellas una que lo devastó: la muerte de su hija Tania, en 2001. Todo esto entre múltiples complicaciones de salud: a sus problemas con la tiroides se sumaron una infección en los pies, fallas en los pulmones, hinchazones constantes en la piel, fatiga muscular y, por último, una insuficiencia renal.

Y es que su vida por fuera del escenario, mucho más nocturna que diurna, ha sido fuente de inspiración, pero también la causa de buena parte de estos problemas. "Joe siempre vivió al revés: a los 13 años, salía a las diez de la noche a cantar en los burdeles de Cartagena, volvía a las cuatro de la mañana y de ahí salía a estudiar a las siete. Desde entonces se acostumbró a ser un vampiro, a vivir de noche", asegura Mauricio Silva, autor de su biografía El centurión de la noche. Y con la noche, sus peligros: las mujeres, que no le faltaron, el licor a borbotones y de ahí el salto a las drogas fuertes, sobre todo al bazuco, que desde muy joven lo atrapó y al que le hizo múltiples guiños en las letras de sus canciones. Nunca ha negado su consumo, pero tampoco lo ha proclamado. "Siempre quedó en el imaginario un tipo sabrosón que fuma bazuco y mete cocaína. No mandaba mensajes como David Bowie o el mismo Héctor Lavoe, no hizo nunca una declaración fuerte y polémica sobre el tema como sí lo han hecho tantos rockstars. La gente se quedó con el negro chévere y bacano", dice Silva.

Un "negro bacano" que alcanzó, como ningún otro colombiano lo ha hecho, las grandes ligas de la música latina. "El está en un olimpo con Celia Cruz, Ismael Rivera y Benny Moré", dice Silva.

La causa de su grandeza, lo que lo hace único es que, como ninguno antes lo había hecho, Joe miró al África y de allí tomó ingredientes para enriquecer sus trabajos, además de trajes y collares que lucía en los conciertos. Se propuso buscar las raíces no solo de su música, sino de su pueblo en este continente. Tendió un puente musical entre dos lugares con un pasado común. Y lo hizo no solo para enriquecer su repertorio. También se preocupó por reescribir la historia. Por darle voz a su gente afro. Y es que gran parte de su suceso se debe también a que supo decir cosas importantes. Sus letras tienen sustancia, no son las de la salsa romántica de los últimos años. Sabe hablar con elegancia del amor, pero también de las dificultades más cotidianas, de la noche y de las herencias de una cultura. Y todo con una voz prodigiosa.

Además, fue el primero que rescató sonidos tradicionales africanos y del Caribe y los fusionó con otros más contemporáneos. Así dio a luz a su joesón, como él mismo bautizó en 1985 a una música que cada vez se hacía más singular. Y tras el joesón vino otro periodo fundamental en su carrera. "A partir de 1994, se dedica a la investigación del sabor caribe. Sus últimos éxitos fueron folclóricos: lejos de la salsa y el joesón, se mete más por el río Magdalena e incorpora a su repertorio canciones de cuna de las negras del río; bullerengues y chandes, entre otros", apunta Silva.

Todo esto le permitió darle un nuevo aire a la salsa y a la música colombianas. Abrió el camino por el que hoy transitan los grupos que mandan la parada. Así lo reconoce Simón Mejía, de Bomba Estéreo: "El hecho de retomar ritmos colombianos, de volver a mirar toda esa herencia africana que tiene la música para producir música y generar nuevos sonidos ha sido el punto de partida de Bomba Estéreo y esto es en gran parte herencia del gran Joe".

Tomado de la Revista Semana, 1 de julio de 2011

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