Toto La Momposina, Sonia Bazantz Vides

Talaigua, Mompox, Bolivar

Cantantes

Personaje

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Sonia Bazanta de Oyaga

Toto la Momposina

cantante

   
 
Totó cautivó al mundo y a Peter Gabriel, quien la invitó a grabar en su sello Womad. Veintisiete años de trayectoria (se ha presentado, entre otros escenarios, 160 veces en el Radio City Music Hall, de Nueva York, y ha sido nominada al Grammy Latino a mejor álbum tropical) avalan su talento.

Tomado de la Revista TV y Novelas No. 431, 7 de junio de 2005

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Candela Viva

Pasión, canto, cadencia, historia y alegría: son sólo algunas

de las sensaciones que dibujan a Totó la Momposina.

Zandra Quintero Ovalle / Fotografía: Carlos Mario Lema

El escenario vacío del teatro empieza a poblarse de hombres vestidos de blanco y sombrero vueltiao, unos se sientan con sus instrumentos, otros lo caminan y se cruzan con una bella morena que se contonea y pregona: arepae huevo, arepae huevo! Comienza a sonar entonces el ritmo sincopado, al principio discreto y luego cada vez más acelerado, de la tambora. Se unen las palmas, crecen las voces, el baile despega y en medio de esta escena callejera que puede tener lugar en cualquier pueblito de la costa atlántica colombiana, cambia el ritmo, nace la cumbia y surge, con toda su magia, la voz: Noche del dos de febrero l Fiesta de la Candelaria l Una ventana un lucero / y un ritmo mestizo y paria.

La voz que llena el espacio con la potencia de la tierra, con la sabiduría del tiempo y la fortaleza del arraigo es la que habita el cuerpo de Totó la Momposina. Arte encarnado en mujer y fiesta. Porque una velada con Totó y sus músicos, ya sea en un pequeño teatro de La Candelaria en Bogotá o en una sala de conciertos en Barcelona, termina convirtiéndose en puro fandango y rumba, en celebración de la sensualidad y el terruño.  Inevitablemente el público es lanzado de sus asientos por un resorte que los hace bailar y batir palmas, se hace uno con los artistas y Totó termina siendo la sacerdotisa que oficia la ceremonia de esa diosa universal que es la música.

En Talaigua, pueblito vecino de Mompox, nació y creció Sonia Bazanta -quien de niña llamaba a todo "totó", hasta que la palabra infantil terminó convirtiéndose en su propio apodo, en una casa donde la música salía por las ventanas. Su abuelo fue poeta y músico; su papá, percusionista y zapatero; su mamá, cantadora y bailarina; y la línea sigue por supuesto con ella, su hijo Marco Vinicio Oyaga -director musical del grupo e intérprete de varios instrumentos-, su hija Eurídice y María del Mar, la nieta de diez años, quienes también cantan.

En su familia la música -y el aguadepanela, dice Totó son el pan nuestro de cada día: "Es que la música tradicional lo es porque forma parte del cotidiano vivir, igual que la danza. En los pueblos de la costa atlántica todo surge de la casa, de la casa matriz salen los artistas, sea en Talaigua, Mompox o Patico. Uno nace en medio de la tradición y la música. Y aunque nosotros dejamos nuestra tierra cuando yo era pequeña -de ahí salimos a Barrancabermeja, a los Llanos y finalmente vinimos a Bogotá-, ella se vino con nosotros, en la música".

A casa de los Bazanta llegaban los músicos, los acordeoneros, los cantadores de batería; llegaban maestros como Alejo Durán, los gaiteros de San Jacinto o Luis Enrique Martínez... y se armaba el fandango. "Para nosotros era normal y la cosa se ponía tan buena que los primeros programas de música de acordeón que salieron en la radio, salieron de nuestra casa, porque a las parrandas llegaba la emisora y grababa".

Totó es toda risa y gestualidad, sus manos son mariposas que revolotean inquietas en una conversación que se hila en un juego donde plantea preguntas que ella misma se responde. Sus palabras fluyen con ritmo musical, pausadas, dispersas, luego aceleradas por los mil pensamientos que acuden a su mente al mismo tiempo. Y es que esta mujer es un huracán de actividad que cocina, barre y plancha; estudia, ensaya, organiza y discute con los músicos; está pendiente de los instrumentos, hace giras por el mundo, va y viene. "Por qué? Porque la música es la estrella, yo trabajo para ella con el don de mi voz". Y por esa estrella y con ese don, Totó la Momposina ha lleva do la tradición colombiana por el mundo; gracias a ella las gaitas, la tambora, el tiple, la marímbula, la guacharaca y los tambores han interpretado cumbias, porros, mapalés, bullerengues y garabatos que han embrujado a propios y extraños.

Como si llevar la música tradicional -"la música de antes"- en las venas no fuera suficiente, Totó es musicóloga con estudios realizados en la Universidad Nacioa nal de Colombia, en la Sorbona de París y en diversas instituciones de Bremen, Berlín, Colonia, Santiago de Cuba y La Habana. Con todo este bagaje, Totó se lanzó a investigar y recoger la tradición musical colombiana: "Ese fue un trabajo que yo hice... como una guerrera. Tú crees en lo tuyo pero para comprobar que eso existe debes demostrarlo con trabajo de investigación, para poder proyectarlo y echarles el cuento a los antro pólogos, a Colcultura, a los institutos, y conquistarlos. Uno llega al campo y se cree `la chacha de la película, pero los chachos son ellos, la gente de los pueblos. Mi trabajo consistió en organizarla respetando su manera administrativa y su filosofía, en recopilar instrumentos, ritmos, canciones, modos de interpretación. En este momento hay gente que está haciendo ese trabajo; unos bien, otros mal, pero por lo menos se sembró una semilla".

Totó es hija de los "bailes cantados", fiesta del pueblo en la que "salen las cantadoras, salen los tambores, la gente ayuda con las palmas, ayuda con los coros. Llegan las `respondonas y termina todo el mundo festejando y participando". Por ello es una artista excepcional, porque a su sangre se unen la pasión por el estudio y el profundo conocimiento de la música tradicional. Al escucharla interpretar una cumbia, un sexteto o un frenético mapalé, saltan cinco siglos de cultura caribe colombiana: la contradanza, el fandango, la jota y el vals traído por los europeos; la fuerza mágica y mítica de las gaitas de las culturas indígenas del norte de Colombia; las percusiones que los esclavos africanos trajeron al ser arrancados de su tierra madre, y el son que llegó desde Cuba para asentarse en Palenque de San Basilio. Rompecabezas mestizo, mágico y diverso que hila la entrega de esta cantadora al servicio de la música de Colombia. Su primer disco, Totó la Momposina y sus Tambores, fue grabado en Francia en 1983. Tuvieron que pasar veinte años para la grabación del segundo, La Candela Viva, editado por el sello Real World, de Peter Gabriel; fue a partir de éste que Totó se convirtió en una estrella internacional de la música tradicional, o como ahora la llaman, World Music. Desde entonces, ha sido invita da indispensable de distintas ediciones del festival Womad (World Music Arts & Dance) que congrega a artistas de todo el planeta y que demuestra, una vez más, que el arte es el único idioma que logra reunir a los pueblos más disímiles de la tierra y que obliga a reconocernos en esa maravilla no apta para intolerantes que es la diversidad.

Para Totó esto no tiene nada de raro: "La música tradicional no tiene barrerasPor qué? Porque brota de la tierra y encuentras esas mismas palpitaciones -porque la música sale del corazón- en India, en el Cercano Oriente, en Alemania o en el Japón... la música es la misma! ". Y tanto es así que durante un festival Womad llevado a cabo en Japón en 1991, los organizadores pidieron a los artistas que improvisaran algo entre todos. Totó comenzó a cantar Manduco, un son que sabía de siempre. De pronto, Remmy Ongala, músico congolés, "saltó de emoción y me dijo que eso lo cantaba su mamá mientras lavaba allá en su pueblo. En eso Khaled -uno que es famosísimo en Francia- se unió a nosotros que porque eso le erá muy familiar de Argelia. Así se armó una parranda congolesa-argelina-colombiana-universal que puso a gozar a todo el mundo, fue de lo más cheverongo!".

La condición para que la tradición sea tal es que esté viva, no que se convierta en pieza de museo. Por eso Totó en Carmelina (1996) y más aún en su último disco, Pacantó (1999), se atreve a experimentar con la música tradicional, metiéndoles guitarra y tambores a las gaitas; explora nuevos estilos de interpretación para la cumbia, los sones, las rumbas y las guarachas; nos regala porros, sextetos, chandés y bullerengues. Algunos puristas se escandalizarán, mientras que el público bailará y cantará en este -otro más- homenaje que Totó hace a la música de su tierra. Además, en Pacantó, Totó nos brinda varios regalos, en Pozo brillante canta con su mamá en la mejor tradición de los bailes cantados; se estrena como compositora en Acompáñala, e interpreta Mami Watá, canción tradicional de Africa occidental, cuya letra habla de la moharra que seduce hombres y los lleva al río, tal y como la llorona y el mohán colombianos (la raíz africana en la cultura de este país nunca deja de surgir).

Y a pesar de que en Europa llena escenarios, es objeto de los elogios de la crítica especializada y sus discos mantienen un respetable puesto entre las ventas del World Music (a sólo seis meses de su lanzamiento, Pacantó se encuentra entre los diez más vendidos), en Colombia todavía no alcanza la penetración ni el reconocimiento que esta artista merece. Ella lo sabe y sin resentimiento lo adjudica a problemas de distribución y divulgación y a que en Colombia, a diferencia de "países como Cuba, México o la India, donde la gente consume su propia música, nosotros no creemos en nuestra música. Por eso nuestra labor es de rescate y lucha, debemos reconocernos en nuestra propia identidad, que la gente escuche música colombiana, aunque no sea la de Totó, que sean bambucos, torbellinos, llanera, la de Pacho Galán o Bermúdez y que lo otro -la música de fuera- sea paralelo".

Y mientras ese momento llega, La Momposina sigue labrando con su música en tierras propias y ajenas, por que ella pertenece al género del músico-artista, aquel para quien, según su abuelo, "primero está la música, su arte, y en el último extremo el dinero". Por eso la cantadora sigue soñando con crear escuelas musicales por todo el país, para formar músicos jóvenes que se reconozcan en lo suyo, y por eso continúa pintando los escenarios, como a ella le gusta decir, "de amarillo, azul y rojo", conjurando su música amada con su voz potente, contagiando a todos los privilegiados de su "guataca", ese sentimiento con el cual Totó provoca palpitaciones y alegra corazones.

Tomado de la Revista Buen Vivir, Publicacion No. 65, 2000

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  En 1981 Totó ya reinaba en los escenarios europeos, a la cabeza de lo que se clasifica como world music. 

Había pasado por el conservatorio de la Universidad Nacional y tenía su agrupación desde 1968, llevaba media vida investigando el folclor y recolectando danzas y cantos afrocaribeños. Se había graduado en historia de las danzas en La Sorbona, de París, durante los años 80 y realizado varias giras de conciertos por el Viejo Continente. Estaba por grabar Pacantó, el disco por el que ahora compite por el Grammy Latino en la categoría de mejor álbum tropical tradicional. Además, se empeñaba en promover a otros artistas tradicionales.

Tomado del periódico El Tiempo, 15 de septiembre de 2002

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TOT? LA MOMPOSINA 

Por Carolina Vegas, periodista de Semana

Cantantes hay muchas, millones. Pero cantadoras de verdad, que no sólo llevan la música y los ritmos ancestrales en su sangre, sino que se encargan de difundir, buscar y enseñar su folclor raizal, quedan ya muy pocas.

Aquellas mujeres que guardan con sus voces la tradición de su pueblo, contadoras de historias, promulgadoras del baile y la fiesta, las que rinden homenaje a los vivos y los muertos, a su gente y a su patria. Una de ellas es Sonia Bazanta de Oyaga, Totó la Momposina.

Totó, que fue el apodo que le dio su madre desde pequeña, nació en Talaigua, en la isla de Mompox, en el río Magdalena. Creció rodeada de música: su padre era baterista, y su madre, cantante y bailarina. La cantadora Ramona Ruiz es su maestra y de ella aprendió el arte de conservar las tradiciones. Y a viajar desde muy joven, de pueblo en pueblo, aprendiendo sus historias y cantos.

Estudió música en el conservatorio de la Universidad Nacional y años después ingresó a la Sorbona, en París, a tomar cursos de danza, historia y antropología. Además, ha investigado la herencia folclórica de las Costas Atlántica y Pacífica colombianas, al igual que las tradiciones africanas, indígenas y europeas que influyeron en ella.

Con su afinadísimo oído, su virtuosa voz y su alegría de `coco y maní logra hacer bailar al son de cumbias, bullerengues, chalupas, garabatos y mapalés. Pero también despierta las más profundas emociones al entonar un bolero.

Su gran salto a la fama lo dio en Estocolmo, en 1982, cuando se presentó en la entrega del Nobel, donde se premió a Gabriel García Márquez. A partir de entonces decidió probar fortuna en el exterior y se convirtió en la más importante embajadora de la cultura colombiana y en una representante del género conocido como World Music.

Es conocida en Norteamérica, Europa y Asia, en donde ha dado conciertos en los principales escenarios. Ha trabajado con productores de la importancia de Peter Gabriel, ex integrante del grupo Génesis, y ha grabado en los famosos Estudios Real World, en Inglaterra.

Para las nuevas generaciones que han vuelto a las raíces musicales de su tierra, como la Mojarra Eléctrica o Andrés Cabas, ha servido como influencia, a pesar de ser una fiel defensora del folclor auténtico y sin fusiones modernas.

Hoy reside en Londres, con su hija Eurídice y su esposo. Pero, a pesar de pasar tanto tiempo alejada de su tierra, no ha perdido sus costumbres y sus creencias. Sus visitas a Colombia son constantes. Acá prefiere montar en bus a que la recojan en carros con chofer enviados por su disquera, porque no hay cosa que disfrute más que el contacto con la gente. Aunque se encuentre en un restaurante elegante, se come el pescado con la mano, como aprendió desde pequeña, porque los cubiertos le roban su verdadero sabor. Y siempre canta descalza, en un contacto casi místico con la tierra, de la cual parece conocer todos los secretos.

Tomado de la Revista Semana Edición No. 1224, 17 de octubre de 2005

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Totó recibió premio internacional 

Lo obtuvo en el marco de Womex, feria del World Music

por Andrés Felipe Valencia, especial para El Tiempo

El pasado viernes 27 de Octubre, la cantante colombiana Totó La Momposina recibió en Sevilla (España), el premio musical Womex a toda una ca rrera artística. El jurado destacó que "mucho antes que el mercado de las músicas del mundo existiera como tal, Totó ya exportaba la música del Caribe a todos los rincones del planeta".

El Womex es una feria internacional que congrega anualmente a miles de profesionales del mundo de la denominada World Music, a incluye exhibiciones, conciertos, conferencias y documentales.

Aparte del significativo galardón concedido a Totó, la organización otorgó el premio a la mejor disquera a Nick Gold, director de World Circuit, sello que cumple 20 años de trayectoria, y que ha dado a conocer al mundo a figuras como el Buenavista Social Club. Durante la ceremonia de premiación se mostraron extractos de La Colombiana, un documental sobre Totó grabado en Inglaterra y Colombia, dirigido por la británica Amanda Homi. El filme ofrece un retrato muy cercano de esta artista, sus ancestros, su pueblo y su descendencia. John Hollis, manager de Totó, anunció que para enero del próximo año está previsto el lanza miento en DVD del concierto ofrecido por la cantadora el año pasado, en el festival Womad de Inglaterra, que fue grabado en formato de Alta Definición (HD).

El Womex de este año tuvo protagonismo colombiano, ya que aparte de Totó, que interpretó dos temas a capella, actuaron Los Aterciopelados y Petrona Martínez. En el apartado de conferencias, Consuelo Arbeláez ofreció una charla sobre las fiestas colombianas y Humberto Moreno, invitado especial de la UNESCO, habló sobre el potencial de la producción independiente en Colombia.

Tomado del periódico El Tiempo, 30 de octubre de 2006

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Totó, medio siglo cantando

por Margarita Barrero
cultura y entretenimiento, El Tiempo

Cuando los Rolling Stones y los Beatles estaban de moda en las emisoras, Totó La Momposina, que también los escuchaba, recorría las riberas del río Magdalena en busca del sonido de los tambores y los cantos que se habían perdido con las migraciones.

Los ritmos del campo eran tan desconocidos que cuando los interpretó por primera vez, su público citadino no creía que existieran. "Cantaba con mucha fuerza para imponer la melodía, pero con el tiempo supe que lo correcto no era gritar sino seguir haciendo música", cuenta.

Aunque en ese entonces encontró más risas que aplausos y para algunos eran sonidos de viejos, ella insistió y no sabe en qué momento pasaron 50 años, que hoy conmemora con un concierto.

Recuerda que cuando empezó tuvo que templarles los cueros a los tambores, para que respondieran primero a los versos de amor y luego a la narración de los problemas sociales. Poco a poco, logró identidad a través de un sonido que agrupaba la fuerza histórica de 15 poblaciones del Magdalena.

No había ingenieros de sonido en el monte ni asesores de imagen que moldearan a las cantadoras; eso o conoció en París cuando estudió en la Universidad de La Sorbona. "En el Viejo Continente seguí cantando y verme en tarima era un descubrimiento para los europeos por mi voz, el color de mi piel y mi pelo. Traje al productor Richard Blair y se quedó", cuenta.

No estoy para competir

En Europa comprendió que el rock y la electrónica eran de allá. No le quedó duda de que a Colombia le pertenecían el mapalé y el. bullerengue. "La estrella es la música y cada uno hace su propuesta, yo no estoy para competir con nadie. Hago música culta porque represento la cultura de un pueblo y sé que eso no se hace en tres días".

Lo que escuchó, generación tras generación, como los bullerengues en la calle, los sextetos en las fiestas de 15 años y los pajaritos que in vitan a una fiesta religiosa, prevaleció en su memoria. "Al comienzo hice sextetos, que vienen de los bailes cantados de los palenques y me dijeron que estaba haciendo salsa. Yo solo recordaba los trabajadores de los cañaverales que trajeron el changüí de Cuba".

Luego, para darle el toque colombiano, cambió el tres por el tiple, dejó la guitarra y le puso una trompeta diferente. Totó continúa en la búsqueda y hoy volverá al Teatro Jorge Eliécer Gaitán, escenario que la recibió a los 18 años en su primera presentación cuando todavía se llamaba Teatro Colombia. Esta vez, Totó no reveló lo que cantará, pero se esperan temas de producciones como Cantadora, La candela viva, Carmelina y Pacanto.

La acompañarán Los Papines de Cuba, que desde los 60 hasta hoy han demostrado talento en la percusión y en la mezcla de sonidos afrocubanos.

Todo será el preámbulo de la gran celebración que se realizará a finales de este año, en la que además presentará su nuevo disco. "Uno va creciendo y hay que aprender a darles pecho a los hijos, así se rompan los pezones. Hay que sanarlos y darles la comida. Así es el arte".

Los grupos a fusión-folclor

Hoy por hoy, toda una corriente de grupos en Colombia. como La Mojarra Eléctrica, Curupira y Choc Quib Town, se basan en los sonidos de la música tradicional para hacer sus propias mezclas.

Totó La Momposina, tiene su propia concepción de esta tendencia: "Aunque vengo de una tradición cultural, entiendo que el ritmo no puede ser ortodoxo y que tenemos abanicos de sonidos a influencias. El futuro de estos grupos lo determinará la historia, pero la juventud debe saber que la identidad no e tá condicionada a la moda".

Tomado del periódico El Tiempo, 5 de abril de 2008

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Totó la Momposina ofrece ahora su música en DVD:
un concierto emocionante y varias imágenes de su tierra natal.

Por Juan Carlos Garay

Al comienzo del documental La cantadora, vemos a Totó la Momposina navegando en una chalupa por el río Magdalena y entonando las estrofas de La mojana. La grabación de audio es tan fiel que alcanzamos a sentir la resonancia de su voz aguda sobre la superficie del agua (un fenómeno que ya han explicado folcloristas como Michael Birenbaum) y un eco que, al final de cada verso, resuena entre los manglares. Con el reciente fallecimiento de Esthercita Forero, la compositora de La mojana, la escena se enriquece y nos produce nuevos escalofríos.

No obstante, el documental se ocupa primordialmente de registrar un concierto de Totó en  Inglaterra en 2005. -»t Once canciones nos ilustran la dinámica de esta cantadora y su banda, dentro de la cual hay algunos integrantes de su  familia: Nacimos ensayados", diría en broma en una presentación en Barranquilla el pasado mes de febrero, refiriéndose a la facilidad musical que exhiben sobre el escenario. Al final de La cantadora sabemos que no es así. La hemos visto supervisando talleres de percusión y dirigiendo a sus músicos con una mezcla nada fácil de mano firme y sabrosura que, quizá, sea el secreto de todo.

Las cámaras la siguen por Cartagena, Mompox y Barranquilla,  la acompañan todo el ] tiempo en el escenario de Inglaterra y aún en el  remate de concierto que se parece más a una rueda  de cumbia que a un recital  formal. ¿Oué tan fácil ¿Qué tan fácil fue permitir esa intrusión en cada instante de su vida? "Había que hacer como si las cámaras no estuvieran ahí, me contestó con ese pragmatismo alegre que exhibe siempre, y lo cierto es que el documental está bañado de naturalidad.

Los especialistas y los más fanáticos, incluso, podrán hacerse a una idea del momento creativo por el que pasaba Totó cuando estas imágenes fueron captadas: ya ideaba el repertorio del que sería su siguiente disco, La bodega. Tres canciones, entre ellas un homenaje a Pablo Flórez (quien aparece en una escena muy emotiva del documental)empezaban aprobarse frente al público antes de entrar formalmente al estudio de grabación.

Tal vez el único reparo es que, al final del DVD, uno quisiera haber visto más. La música es magnífica, pero las secuencias sobre la vida de Totó en su natal Talaigua, sus reflexiones sobre la importancia del baile y su lección sobre los ritmos afrocolombianos resultan en extremo cortos, pensados apenas como interludios para la música y no como temas completos.

Hay una secuencia fascinante sobre la fabricación del tambor alegre, comenzando con la tala de un árbol y la reflexión del percusionista Marco Vinicio acerca de cómo el árbol muere para luego vivir en el sonido de la música. Antes hemos visto a Totó sentada frente al tambor ya terminado, explicando que "hablar del tambor es hablar del corazón, de algo sagrado". De haber profundizado en más momentos así, sería sin duda una producción entrañable. Pero, claro, está la música: once canciones completas (incluida una versión de nueve minutos de Prende la vela), con sonido óptimo, resultan siendo lo más cercano a un concierto en vivo de Totó la Momposina, con todo lo que esto significa para el corazón.

Tomado de la Revista Semana, Edición No. 1519, 13 de junio de 2011

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El sábado 6 de agosto de 2011, con un concierto en el Teatro Mayor se rinde homenaje al Caribe Colombiano y se celebra el cumpleaños de Bogotá

 

Una gran fiesta folclórica con el Homenaje a Totó La Momposina
y a la música tradicional del Caribe colombiano

Totó La Momposina se ha convertido en una de las importantes embajadoras de la cultura de nuestro país y su trabajo va más allá de las tarimas y los escenarios, ya que se ha empeñado en contribuir a la evolución de la música tradicional de la Costa Caribe colombiana.

Por estas y muchas más razones se le rendirá un merecido homenaje musical a esta gran artista con la participación de la cantadora Petrona Martínez, el maestro Pedro Ramayá Beltrán (Flauta de millo), Las Farotas de Talaigua (Danzas), Los Cantadores de San Sebastián, Juan "Chuchita" y Toño Fernández de los Gaiteros de San Jacinto, la agrupación Son de Negros de Santa Lucía, entre otros artistas.


La misión de Totó La Momposina ha estado ligada al rescate del rico legado popular de la tradición oral, que nace con los sonidos y ritmos de la naturaleza y que hace parte del acervo cultural e histórico de los diferentes grupos étnicos de nuestra nación. Por supuesto, ella no ha descifrado desde afuera las claves de la cultura popular, sino que hace parte de ella.

Durante más de 50 años, Totó ha dedicado su vida a hacer una travesía por la geografía de los sonidos y tradiciones de nuestras raíces. La memoria de ese viaje, que se ha nutrido de su enorme respeto por la música de Colombia y del mundo, así como de sus gentes, es la misma que hoy se escucha en las notas de sus interpretaciones del bullerengue, la tambora, el sambapalo y el porro sabanero, entre otros ritmos.

No son pocas las razones que nos convocan para ofrecerle un reconocimiento a ella, nuestra cantadora, la mama grande, que ha enriquecido, preservado y divulgado nuestra música tradicional y, además, le ha dado tantos logros a nuestro país.

Por eso en este concierto presentaremos una muestra de las expresiones musicales y dancísticas de la Costa y de los ríos que bañan los valles y llanuras de la región Caribe. Participan la cantadora Petrona Martínez, las Farotas de Talaigua, danza tradicional de Talaigua (Bolívar); los Cantadores de San Sebastián (Magdalena); la agrupación Son de Negros de Santa Lucía (Atlántico); los maestros Juan "Chuchita" Fernández y Toño Fernández de los Gaiteros de San Jacinto (Bolívar), y Pedro "Ramayá" Beltrán con su flauta de millo; la cantadora de bullerengue y pajarito Manuela Torres de Barranca Nueva (Bolívar); y Miguel Ángel Naranjo, Juan Gabriel Naranjo, Rafael Eduardo Sáenz, Rudys Rubén López y Miguel Emiro Naranjo de la Banda 19 de marzo de Lagun eta (Córdoba).

Totó La Momposina nació en una pequeña población llamada Talaigua, en el corazón de una isla del rio Magdalena llamada Mompox. Criada en una familia de músicos; su padre percusionista y su madre cantadora y bailarina. Su vocación investigativa la ha llevado a recorrer con detalle centenares de pueblos de la Costa en busca de leyendas, tradiciones, instrumentos, ritmos y canciones para incorporar a su repertorio.


Totó La Momposina ha estado dedicada a representar la música de la Costa Caribe de Colombia. Como cantante, bailarina y maestra, encarna ese lugar fértil donde las tradiciones y las culturas indígenas y afro-colombianas se mezclan con la europea (española) para crear una tradición musical única de Colombia de la cual Totó no es sólo su mejor intérprete, sino que también es una innovadora inquieta.


Su carrera musical como profesional comenzó con una gira internacional visitando países como Francia, la antigua Unión Soviética, Alemania. Es memorable dentro de su carrera musical, la actuación que realizó en la ceremonia de entrega del premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez en 1982. Totó es una antropóloga empírica y académica de la música, durante cuatro años se radicó en Paris donde estudió Historia de la Música, organización de espectáculos, coreografía y ritmo en la Universidad de la Sorbona.

Su primer LP lo graba en la década de 1990, su fama mundial se consolida en una gira con la organización WOMAD y el lanzamiento de su CD La Candela Viva de Real World Records; realiza permanentemente giras y conciertos por Latinoamérica, Europa, Asia Oriental y USA, con los cuales continúa trabajando incansablemente en la promoción de la música del Caribe Colombiano, impulsada por la pasión y alegría de su grupo.

Galardonada en Sevilla con el premio a la excelencia WOMEX 2006. Ha sido nominada para los Premios Grammy Latino en 2002, 2008, y en 2009 con el trabajo La Bodega en la categoría Mejor Álbum Tropical Tradicional. En 2007, recibió el Premio Nuestra Tierra, como mejor artista folclórica y personaje de la década en la Cultura 2007.

Totó La Momposina y sus músicos trabajan en recuperar y crear nuevas expresiones de la música tradicional, a través de la mezcla de instrumentos y sentimientos en un sonido, en un solo canto de identidad cultural colombiana, acompañada por tambores, gaitas, instrumentos de viento-metal, tiple, bajo, guitarra, percusión y coros; estos ritmos étnicos que expresa hoy en día en las cumbias, bullerengues, chalupas, tamboras, chandés, garabatos y mapalés; dio origen a nuevas formas musicales con diferentes matices, interpretaciones y sonoridad en las voces y los tambores.

Los bailes cantados son la base de la música de Totó ya que se fundamentan en la tradición oral, celebrando una fiesta, un aniversario e incluso un funeral, los bailes cantados han sido durante mucho tiempo un eje de integración social en los pueblos del Caribe colombiano y es gracias a ella que su familia ha conservado la devoción por la música a lo largo de varias generaciones.

Texto gentilmente suministrado por la Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, 2011

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Totó es un árbol
Totó es candela viva
Y se llama Cumbia

Entra por una puerta pequeña. El pelo negro, crespo, alborotado como follaje. El tronco chico y grueso; la piel cetrina, arada por el tiempo, como corteza. Las piernas bajo el faldón dan pasos cortos. Son las 11.20 de la mañana. Hay 10 músicos adentro de la habitación, también hay trompetas guitarras, gaitas y, por supuesto, tambores. La mujer pasa, mira con sus ojos diminutos y brillantes.  Se mueve como mecida por el viento, saluda. La barahúnda arranca con briosos cueros resuenan, la banda saludas a su capitana. Totó la mujer de Mompox, libera su garganta poderosa. El Caribe arrecia en medio del páramo. En una mínima sala de ensayos de Bogotá se pare el sonido colombiano.

Totó cumplió 71 años, tiene tres hijos y nueve nietos. Fue bautizada como Sonia Bazanta en su caliente y natal Talaigua, en la isla de Mompox. Su biografía la señala como una de las principales representantes y exportadora del folclor nacional, dice que es la cuarta generación de una familia de artistas, que grabó nueve discos, que revolucionó el mundo en la entrega del premio Nobel de Literatura de 1982, que se ha presentado en los principales escenarios del planeta, que fue nominada al Grammy en 1992 y que este año colaboró con Calle 13 en la canción Latinoamérica que se llevó el galardón a mejor canción urbana. Las notas biográficas se quedan cortas.

Raíces. Libia Vides extiende un periódico mientras se acética a la ventana a escuchar la lluvia. 91 años de recuerdos se cubren bajo un vestido colorido tropical y una ruana opaca del altiplano. Libia es madre de Aminta, Consuelo, Noemí, Daniel y, claro, de Totó.

To, to, tó, golpetea el agua afuera y la mujer empieza a hablar del tambor: "La percusión es^^una cosa del corazón", dice. Para Libia los tambores son sístole y diástole, vida, latidos de una tradición que empezó con su abuelo, se transmitió a sus padres y pasó a ella y a su descendencia. Ahora la memoria está lejana, se convirtió en retazos. Libia aprieta sus párpados acuosos y cuenta las historias que le van saliendo.

Tierra vieja. Tierra fértil. Libia habla de Talaigua, de la música de esos años corroídos por el óxido del tiempo, de la guitarra de su abuelo y el tambor de su padre, de la unión de una fina familia materna con el arraigo popular de su sangre paterna. "Mi papá era negro, pero mi abuela era racista, y Dios la castigó casándole una hija con un negro. Cuando crecí me acuerdo que le decía a mi abuela '¿por qué no me deja ir a los bailes si yo siento aquí - se lleva los dedos al tórax y se da tres golpes con fuerza- que los tambores me suenan?' ", recuerda la mujer flaca desde el sillón.

Apartes tomados de la Revista Carrusel No.1565, 9 de diciembre de 2012

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