Fernando Gaitán Salom

 libretista

   
 

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Bogotá, 9 de noviembre de 1960

Libretista - filmografía
(2000s) (1990s)
  1. "Hasta que la plata nos separe" (2006)
  2. "Eco moda" (2001) TV Series (escritor)
  3. "Cuando seas mía" (2001) TV Series (autor)
  4. "Yo soy Betty, la fea" (1999) TV Series (original)
  5. "Guajira" (1996) TV Series (creador)
  6. "Café con aroma de mujer" (1994) TV Series (creador)
    ... aka Café (Colombia)
  7. "Carolina Barrantes"
  8. "Azúcar" - segunda parte
  9. "Laura por favor"
  10. "La quinta hoja del trébol"
  11. "La fuerza del poder"
 
 
Información parcial cortesía
The Internet Movie Database. Con permiso


 

 
 

Era la memoria, la memoria de muchas tías que le impresionaron poderosamente, de vagos insignes, de mentirosos conspicuos, de amores fatales y amores ridículos, de amantes latinos, de películas inolvidables sobre las que había reflexionado una y otra vez, de villanos de la vida real que ocupaban las primeras páginas de El Tiempo y Semana, de mujeres luchadoras que al final de una existencia dramática aún tenían motivos para sonreír. Eran todas esas cosas las que impulsaban a Fernando Gaitán Salom a necesitar expresarse a través del medio literario más efectivo de la modernidad: la televisión.

Entonces empezó a intentar descubrir las claves del libretista. Investigó con paciencia. Quería hacer algo lindo, que les gustara a todos pero que -exigencia mayúscula le gustara a él mismo: que fuera un desahogar los pensamientos, las inquietudes y las alegrías acumuladas durante muchos años.

Pero no fue fácil al principio. Tuvo que luchar contra los impedimentos del medio, cuando los programadores no le creían demasiado, y contra él mismo cuando escribía cuartilla tras cuartilla y no les encontraba mucho sentido ni gracia. Así pasó mucho tiempo, en ascuas con su propia conciencia, y escribió comedias para El Gordo Benjumea, cuentos fantásticos para Jaime Botero y Jaime Santos, y hasta concursos de televisión animados por divas otoñales y cuyo rating descendía con la vertiginosidad de un avión suicida.

Pero tenía una certeza que a la postre le abriría las puertas del verdadero arte de la televisión: que para ser auténtico, un libretista debe beber de sus fuentes, poner a prueba sus recuerdos, meter las manos en el barro precioso de la cotidianeidad, narrar sus observaciones, recrear las átmosferas en las que respiró. Gracias a la providencia, desde niño su mirada había estado alerta. Nada más su propia familia era un espléndido espacio donde ocurrían cosas absurdas o surrealistas, había accidentes hilarantes y episodios excepcionales. Su padre, Julio Enrique Gaitán, amante de los tangos gardelianos y del humor criollo, y esforzado tomador de aguardiente, escapaba con facilidad de su condición de simple mortal cachaco de clase media, para convertirse en un personaje novelable, humano y divertidísimo, capaz de inventarse anécdotas o cuentos picantes. Su madre, María Teresa, con algo de temida matriarca garciamarquiana, administraba en equilibradas dosis la complicidad y la censura, y el entorno doméstico, bien observado, servía para fertilizar la imaginación.

Fue un niño extraño, con algunas fijaciones de lunático, bastante miedoso y con una tendencia irremediable a caer en situaciones teatrales, graciosas, angustiosas, no convencionales. Su imaginación trabajaba a un ritmo muy rápido, al punto de que a los 9 años tuvo una ciudad entera construida con tapas de gaseosa, y en un paseo, a los 10, creyó haberse quedado ciego al apagarse las luces de la finca donde dormía.

No fue un estudiante estrella, y cuando arribó a la adolescencia se profesionalizó en tener novias lindas, lo cual lo alejó aún más de los rigores académicos. Pero la mejor de ellas, Esperanza González, apareció en 1976 y se quedó para siempre: se convirtió en su esposa. Fernando no tenía ni idea de para dónde iba, hasta que se encontró con un colegio raro, el Liceo León de Greiff, lleno de mamertos pichones e insoportables niños intelectuales que recitaban a Shakespeare a los 9 años, pero donde le fueron abiertas las puertas de la cultura y la creatividad, para que descubriera su talento, y que su único camino en la vida era seguir la profesión de escritor.

Empezó a leer y se volvió melómano; notó la imperiosa necesidad de decir cosas, para lo cual ya buscaba el medio. Por eso se hizo periodista en El Tiempo y trabajó en las revistas Semana y Al día. Posteriormente se hizo libretista. Aguantó durante años las ganas de que le aceptaran sus trabajos con la paciencia del santo Job.

Por todo lo anterior, este bogotano de 34 años, padre de dos hijas ya rebeldes, de bigotito chaplinesco, que ahora ostenta una sonrisa complacida, escribió cosas como Azúcar (la segunda parte), Laura por favor, La quinta hoja del trébol y La fuerza del poder,

Tomado de la Revista TV y Novelas No. 95-02, 28 de abril de 1995
 


Entraré a los Guinnes

por Luz Adriana Velasco, redactora de El Tiempo

Los dos Globos de Oro que se llevó `Ugly Betty', mejor comedia y mejor actriz, son un hecho sin precedente en América Latina

Es modesto pero no mucho. Fernando Gaitán, el creador de Betty, la fea, reconoce que su novela se convirtió en un fenómeno y que, en la medida en que esta sea condecorada, reconocida y premiada, su nombre también participara de ello, será histórico, entrará a los Guinnes Record, probablemente por la telenovela con más versiones, y lo recordarán por siempre.

Y no es para menos, su idea original, la de enfrentar a una desgarbada y poco agraciada joven al mundo de la moda y mostrarla como una mujer con mucha `belleza' interior e inteligente, se ha vendido en más de 70 países y se ha producido en más de 13 idiomas.

Ha pasado por Alemania, Grecia, Holanda, India, Israel, Turquía, Rusia y México, entre otros países. Y la versión en inglés acaba de estrenarse en Inglaterra y Suecia con gran éxito.

Ugly Betty, la versión americana se quedó el lunes con dos Premios Globo de Oro, los correspondientes a mejor comedia en televisión y a mejor actriz en la categoría comedia para la joven, América Ferrera.

Tomado del periódico El Tiempo, 17 de enero de 2007


 


El creador de fenomenos como Café y Yo soy Betty, la fea

por Sergio Ramírez

A vuelo de pájaron se ven más de 50 reconocimientos, entre trofeos, placas y diplomas, que están detrás de su escritorio. A lo mejor es la ecléctica colección de música, que va desde El disco del año hasta Miles Davis, o la no menos variada selección de libros, o incluso el bien surtido bar (es bueno haciendo cocteles y gran anfitrión). Sin embargo, el autor de algunas de las mejores y más lucrativas telenovelas colombianas, asegura que su ego es muy pequeño. "Tengo poco, muy poco, es lo que me permite trabajar con comodidad".

Tal vez la única concesión que le hace a la vanidad es un gigantesco cartel en el que aparece la inconfundible sonrisa de Beatriz Pinzón Solano, promocionando su mejor obra hasta el momento: Yo soy Betty, la fea, para el canal español Antena 3- En las paredes también reposan colgados y enmarcados recortes de periódicos y revistas de todo el mundo. Hay notas de The New York Times, Los Angeles Times, Miami Herald, París Match e incluso una de la revista People en español (enero de 2007), que habla de Gaitán como uno de los 100 hispanos más influyentes, al lado de personajes como Gabriel García Márquez, el director de cine Pedro Almodóvar y el empresario Emilio Azcárraga.

Nada mal para alguien que asegura ser temeroso e inseguro. "Yo esto del éxito no me lo creo del todo, por eso siempre acudo a la gente: a expertos y amigos que no tienen nada que ver con el medio, simples espectadores, a quienes consulto con toda la modestia del mundo. Uno tiene que ser modesto porque la televisión es una trampa enorme, con la misma facilidad con la que subes puedes caer en dos segundos. Es un medio infame, sepulta con mucha facilidad. Cuando tienes un producto al aire que no funciona es terrible. Es un trabajo público, y todos, desde tus tías hasta el señor de la mesa del lado te dicen: '¿por qué la próxima vez no lo hace bien?, ¡hágase una de esas exitosas que usted sabe!'. Como si uno se negara la posibilidad de hacer éxitos porque sí. Al final piensas que es mejor no salir a la calle para no seguir oyendo reclamos y quejas".

A todos les pasa. La historia de Gaitán, que soñaba con ser literato, que terminó como periodista y se convirtió en uno de los más reconocidos libretistas de televisión en América Latina, está llena de éxitos. Participó junto a Mauricio Navas en los libretos de Azúcar, escribió La fuerza del poder, Café -novela de exportación-, Guajira y Hasta que la plata nos separe, entre otras. Pero también tuvo fracasos. "Carolina Barrantes fue con la que peor me fue, marcó como 0,3 puntos de rating. Los errores me enseñaron. Aprendí a tener cuidado con las historias sombrías, a entender que no soy bueno para todo. Por ejemplo, aunque tengo hijas y nietos, no sé manejar niños. Aprendí que debo cuidar mucho las historias de amor. Ahora soy más exigente, trato de que la gente se enamore de ellas".

El hombre clave

Gaitán (hasta él habla de sí mismo por el apellido) tiene la autocrítica y el conocimiento que le servirán a RCN para evitar que sus grandes producciones salgan del aire antes de tiempo por no haber conectado con los televidentes. Esa será una de las obligaciones de su nuevo cargo, el de vicepresidente creativo y de producto del Canal. Uno que aceptó después de casi cuatro años de insistencia por parte del presidente de la compañía, Gabriel Reyes, quien asegura: "Él, sin duda, ocupa el cargo más importante de esta empresa y no hay una persona más calificada para su puesto en el país".

Aunque no le guste el poder, en la práctica, Gaitán da la última palabra sobre la producción de dramatizados. Es decir, es quien toma las decisiones en el 80 por ciento de las producciones, no sólo por lo que representa la parte dramática en el total de horas de emisión, sino también por la cantidad de personal que emplea y por la importancia económica para la compañía. "Una novela puede costar entre nueve mil y diez mil millones de pesos. Esa responsabilidad no se le entrega a cualquiera", dice Reyes.

Gaitán habla de esa responsabilidad: "No intentamos encontrar la fórmula del éxito, el éxito no lo garantiza nadie, pero tendremos unos mecanismos de evaluación más certeros. Esto no significa que siempre vamos a ser los primeros, pero al menos sacaremos productos decorosos: bien estructurados, bien armados, bien producidos y bien dirigidos, desde su gestación hasta el final del proceso. Ahora vamos a trabajar más de cerca con los escritores para garantizar buenas historias. Hay muy buenas historias con muy mala producción que aun así subsisten, pero lo contrario nunca ocurre: no hay una mala historia que se salve por una buena producción".

El ciclista creativo

Sin embargo, no sólo de libretos vive la 'tele'. Antes de comenzar nuestra entrevista, el ahora vicepresidente de producto coordina con su asistente, Andrea Marulanda, citas para mirar producciones, revisar castings, analizar contenidos. "Es un tipo que conoce su oficio. Las anotaciones que hace en cada reunión sobre cualquier cosa de contenido o producción, dejan ver con claridad que sabe qué está haciendo", explica Marulanda.

Incluso quienes están del otro lado admiten que Gaitán es el hombre para el puesto. "Cuando hay alguien que habla el mismo lenguaje de los creativos, que se entiende con ellos de una manera más directa, la cosa fluye mejor -asegura Dago García, libretista, productor y vicepresidente de Producción del Canal Caracol-. Creo que el trabajo de Fernando no sólo va a redundar en beneficio de RCN sino de la televisión colombiana. Cuando las personas-saben y tienen reconocimiento son una garantía en general para el negocio".

Es un trabajo duro. "Este cargo es de 48 horas al día, entonces no existe la menor posibilidad de hacer nada más". Sabe que, por lo menos por los próximos dos años, Profesión bruja, la novela que estaba escribiendo, estará guardada en un cajón, al igual que los libros que no tendrá tiempo de leer. Pero lo que más le cuesta es tener que espaciar sus paseos en bicicleta, ya no puede salir todas las mañanas y hacer unos cuantos kilómetros. Ahora, como medida extrema, ha decidido atravesar la ciudad y recorrer en 'cicla' los 13 kilómetros que lo separan de las oficinas del Canal. "Pero es difícil, porque yo me voy, pero después quién se devuelve".

Aunque su amigo Dago le ha dicho lo contrario, él espera que el cargo sea temporal, que pueda volver a sus libros, a su música, a sus libretos, a su bicicleta y a sus ganas de escribir cuentos y, sobre todo, el guión de una película. "¿Usted puede decidir qué producto no sale al aire, así esté listo?", le pregunto antes de despedirme. "Sí, de hecho hay productos en la nevera esperando llegar a la pantalla, pero hasta que no haya condiciones favorables no van a salir. Siempre se puede tomar la decisión de decir: ¡no va!". Es un hombre poderoso.

Tomado de la Revista Gente, Año 2, No. 6, junio de 2009