|
|
Etnias - inmigrantes LOS ALEMANES |
a ColArte |
|
Decir que a ellos les debemos la cerveza no es una
exageración, pero tampoco es su único aporte. POR RODRIGO DE JESÚS GARCÍA Carlos Ardila Lülle, Rudolf Hommes,
Aura Cristina Geithner, Hellmuth Bellingrodt, Antonio Navarro Wolff y
también todos los portadores de apellidos como
Hoenisgbergh, Siegert,
Held, Greiffenstein, Simmonds, Bayer y Strauss descienden de inmigrantes
alemanes. Nos hemos familiarizado con ellos, olvidando que su presencia se
debe a un selectivo proceso de inmigración vivido por el país en los dos
últimos siglos. Al barón Alexander von Humboldt se
debe una de las exploraciones científicas más fructíferas del territorio
nacional, el primer mapa completo del río Magdalena y un plan para mejorar
su navegabilidad. Un compatriota de éste, el empresario Juan Bernardo Elbers,
realizó los primeros intentos por establecer la navegación a vapor por el
Magdalena, además de proveer a los ejércitos patriotas importantes sumas de
dinero, pertrechos y barcos durante la campaña que culminó
con la Batalla de Boyacá y la toma de Cartagena. Por la misma época, el teutón Jacobo Wiesner encontró unos
yacimientos de hierro en Pacho, Cundinamarca, y estableció en 18241a primera
ferrería del país con el propósito de producir artículos. La laboriosidad y
la destreza alemanas también se expresaron en la minería y la industria
artesanal del occidente colombiano. Fueron ingenieros
como Carlos Greiffenstein, Reginaldo Paschke,
Enrique Haeusler y los hermanos Reginaldo y William Wolf, los encargados de
desarrollar los diferentes talleres y altos hornos de las primeras
fundiciones, donde además dieron formación
empírica a los ebanistas, los mineros, los mecánicos y los fundidores
colombianos. Además, Paschke y Wolff, en compañía de un experto
fabricante de porcelana a quien trajeron de Berlín en 1881, se convirtieron
en los fundadores de la Compañía Cerámica Antioqueña, la cual, luego de
sucesivas transformaciones, se convirtió en Locería Colombiana S. A., hoy
una de las divisiones de la organización Corona. Uno de los alemanes que más honda huella han dejado en la
cultura nacional ha sido Geovon Lengerke. A él se debió el despertar
comercial financiero a industrial
de Bucaramanga, Girón, Socorro, Cúcuta y otros municipios
santandereanos, a mediados del siglo XIX. Después de él llegó a esa región una nutrida y prominente
colonia alemana a montar bancos y a abrir almacenes, industrias, caminos y
clubes sociales. Por varias décadas, los alemanes dominaron en la actividad
comercial, dedicados a la importación de bienes
manufacturados y a la exportación de riquezas naturales. Particularmente,
Lengerke se dedicó a la exportación de quina y, gracias a su actividad, se
abrió un camino hacia el Magdalena. Este y otros caminos, construidos por él
para el desarrollo de sus negocios, son las rayas del tigre a las que se
refiere Pedro Gómez Valderrama en su novela. Fue también gracias a los alemanes que se instituyó en
Colombia la costumbre de departir entre amigos en torno a unas 'polas'.
En el origen de algunas grandes fábricas colombianas de cerveza, hubo
presencia de capitales, mano de obra y técnica aportada por los germanos.
'Pola' fue una de las marcas más populares de la
empresa Bavaria, fundada por Leo y Emil S. Kopp, en 1889. Pilsen, la que más
caló entre los antioqueños, era producida por la Cervecería Antioqueña
Consolidada (origen de Cervunión),
que fue administrada en sus primeros años, entre 1902 y 1907, por el
alemán Carlos Bimberg. Por su parte, Ricardo Goerke puso en funcionamiento
la Cervecería de Cali, en 1914. La colonia alemana de Barranquilla fue una de las más
influyentes, por cuanto sus obras fueron decisivas para el desarrollo del
Caribe. A ella se debe la construcción del ferrocarril que conectaba la
ciudad con el puerto de Sabanilla, varias compañias
de navegación, comercio, seguros, un colegio, un club y un famoso
establecimiento donde se consumía cerveza y salchichas. Más importante aun, la colonia alemana fundó una de las
primeras empresas de aviación comercial del mundo, la Sociedad Colombo
Alemana de Transportes Aéreos (Scadta), fundada en 1919, cuya razón social
se convirtió en Avianca al ser nacionalizada, durante la Segunda Guerra
Mundial. El capital inicial de la empresa fue aportado por Werner Kemmerer,
Alberto Tietjen y Stuart Hosie, entre
otros. Posteriormente, se unieron a esta sociedad algunos capitalistas,
personal técnico y pilotos venidos directamente de Alemania.
Tres de ellos fueron condecorados con la Cruz de Boyacá: Guillermo
Schnurbusch, Peter Paul von Bauer y el coronel Herbert Boy. Tan importante como lo anterior
han sido las invaluables contribuciones de los
alemanes a la cultura nacional. En primer lugar, viajeros y científicos como
Alfred Hettner, Emil Grosse y Robert Scheibe-Vater enriquecieron
el conocimiento de nuestra geografía y recursos naturales. En segundo
lugar, fue fundamental el papel desempeñado por las tres misiones
pedagógicas alemanas contratadas por el gobierno nacional (1872, 1924 y
1965) y la destacada labor docente llevada a cabo
por científicos alemanes en nuestras universidades. Brillan con luz propia el geógrafo Ernesto Guhl; el
historiador Gerhard Masur; el pedagogo Fritz Karsen; los físicos Franz J.
Mehr y Juan Herkath, y los economistas Rudolf Hommes (padre) y Hermann
Halberstádter. Por último, en
el campo de las artes plásticas,
resulta de obligada mención los pintores Guillermo Wiedemann,
Leopoldo Richter y Edwin Graus, quienes se interesaron por los colores del
trópico y la raza negra. La presencia germana es palpable en empresas que aún
persisten, como Avianca,
Bavaria y Locería Colombiana, o en su notable descendencia. Y no
lo es menos en sus aportes a la cultura y la
comunidad científica, gracias al reconocimiento de nuestra geografía y
recursos naturales, la capacitación de nuestros artesanos, el desarrollo del
sector educativo y las artes plásticas. AUSTRIACOS: ARTE Y
CULTURA Ha sido una de las minorías extranjeras más escasas.
Quizá por eso, en 1884, decía el viajero alemán
Alfred Hettner que los austriacos "raras veces
se radican en el país".
Su número aumentó durante la Segunda Guerra
Mundial. Uno de los más destacados en el ámbito cultural fue el antropólogo
Gerardo Reichei-Dolmatoff (Saizburgo,1912 - Bogotá,1994), quien
llegó a Colombia en
1939. Autor de una prolífica obra, cuyo propósito fue, como él mismo decía,
"la recuperación de la dignidad del indio". También merecen
ser destacados ios arquitectos Federico Blodek y Leopoldo Rother,
quienes ayudaron a consolidar una nueva arquitectura urbana en Colombia. El
violonchelista Wolfgang Schneider dejó su Impronta en la historia musical de
Cali y fue uno de los promotores del Festival de Música Religiosa de
Popayán. Por último, merecen ser mencionados la pianista Hilde
Adier, el médico Gustavo Hittig Berggrun, el librero Hans
Ungar y los ingenieros Herbert Engel v Rodolfo Kozeschnik.
La misión Kemmerer Este fue el nombre que recibió el grupo de
expertos presidido por el profesor Edwin Walter
Kemmerer, contratado en marzo de 1923 por el presidente Pedro Nel Ospina. Su
primera actividad fue el estudio de la realidad económica colombiana
mediante el contacto y la discusión con agentes oficiosos regionales,
sociedades de agricultores y cámaras de comercio. La misión condujo a la organización de las leyes dictadas el año anterior
y luego, mediante la Ley 25 de julio de 1923, se
creó el Banco de la República, como banco central
colombiano, entidad que tenía la facultad de
emitir la moneda legal colombiana, al tiempo que administraba las reservas
internacionales y actuaba como banquero del Gobierno y prestamista de última
instancia. La creación del Banco de la República fue fundamental en la organización
económica e institucional del país. Con el paso de los años, ha
experimentado cambios importantes que han buscado adecuada a una economía en
permanente proceso de crecimiento y actualización.
Tomado de la Revista
Semana No.1278, 30 de octubre de 2006
|