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Etnias - inmigrantes LOS ARGENTINOS |
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Fútbol y tango no es lo único
que los une con los colombianos. POR MAURICIO BUILES Colombia es el único país del
mundo con dos embajadas argentinas. La oficial, en
la Avenida 40 A de Bogotá, y otra un poco más informal, en pleno centro
de Medellín, a escasos metros del Parque Bolívar. A diferencia de la
oficial, la embajada en Medellín está abierta los 365 días del año y dentro
de ella venden las mejores empanadas argentinas de la ciudad. Se trata del
restaurante Versalles y su `embajador' o dueño se llama Leonardo Nieto,
un argentino carismático y conversador, quien no sólo ha hecho de
Versalles sitio obligado para bohemios, literatos, políticos y periodistas
de Medellín desde el 15 de agosto de 1961,sino una referencia clave a la
hora de conocer de la historia de los argentinos en Colombia. Las paredes del restaurante están invadidas de retratos de
argentinos memorables que han pasado por Colombia. La gran mayoría son
futbolistas de décadas pasadas que jugaron en equipos como el Medellín, el
Atlético Nacional o Millonarios,
por mencionar sólo tres. "Para la década
de los 60 y los 70 esta era la casa para el futbolista argentino ",
recuerda Leonardo, mientras repasa con sus dedos cada una de las fotografías
que adornan su restaurante, "acá llegaban y me contaban sus penas y sus
angustias". Pero la historia de los futbolistas
es sólo una parte del legado argentino en el país. El tango tiene que
ocupar otro capítulo. Aunque se ha pensado que la muerte de Carlos Gardel en
Medellín es la única explicación de la fiebre paisa por las melodías
argentinas, la verdad es que el accidente del 24 de junio de 1935 sólo ha
contribuido para que Medellín se auto denomine la
segunda capital del tango en América. Pero ni
lo uno ni lo otro. Es
decir, ni Medellín es la segunda capital
del tango después de Buenos Aires
ni el tango nació en la Ciudad a partir de la
muerte De Gardel. A la capital antioqueña a todo Colombia la visitan
cantantes de tango y bandoneonistas
desde las primeras décadas del siglo pasado. Nombres
legendarios como Aníbal Troilo, Armando
Moreno, Joaquín Mora o la
orquesta de Augusto Pedro Berto, quienes aterrizaron en los
aeropuertos nacionales más de una vez, no pueden pasar inadvertidos.
Incluso, muchos de ellos como Armando Moreno se quedaron algún tiempo
viviendo en Medellín y en Bogotá. Todos estos
artistas fueron contagiando una fiebre no sólo por las
poéticas letras del tango, sino por el mismo baile casi teatral de sus
melodías. Fue sin duda gracias a esos primeros argentinos que trajeron
el tango a Colombia como se
comenzó a crear
otro vínculo
estrecho entre las dos naciones. Los bares, los
cafés y las escuelas de baile se fueron
multiplicando por todas la ciudades y así los argentinos encontraron otra
oportunidad u otro pretexto para radicarse en
Colombia. Ricardo Krikorian es uno de ellos. Argentino de provincia y
físico de profesión, vive en Medellín desde hace 29 años. Se considera poco
futbolero y, al igual que Leonardo considera que el fútbol pero, además, el
tango no es lo único argentino en Colombia. El
habla de la academia y la ciencia, la física y la medicina. Está convencido
de que buena parte de los intercambios que hay entre las
dos culturas es de tipo intelectual. Cuando el señor Ricardo llegó a
Colombia proveniente de Córdoba, el país se encontraba en una apertura
académica en la época de Alfonso López Michelsen (1974 -1978). Él llegó en
1977 y en ese momento se vinculó como profesor a la Facultad de Física de la
Universidad de Antioquia. Él aceptó la invitación del Alma Mater (de la que
se jubiló en 1999) y junto a su esposa, Susana María Gaveloza, decidió hacer
de la capital antioqueña su ciudad. "Me parece que nos une más que esos
dos temas. Somos dos culturas a las que nos
gusta la academia: los números, las letras, la
medicina...", dice Krikorian. En este último
punto hay que hacer mención de Antonieta Pérez de
Gallego, una médica argentina que llegó
a Medellín en la primera camada de la que se tiene noticia
en Colombia (1960) y a la cual también pertenece
Leornardo Nieto. La doctora Pérez hoy trabaja en su consultorio del cuarto
piso de la Clínica de las Vegas de Medellín. El 25 de mayo es el día de la Patria en Argentina y un buen
pretexto para un asado. En Medellín, por ejemplo, alrededor de 30 argentinos
se reúnen en la casa campestre de Leonardo Nieto y
hacen lo que los argentinos mejor saben hacer:
comer carne y tomar vino. Hay otras fechas especiales como los partidos de
fútbol o los cumpleaños en las que también aprovechan para reunirse
y ponerse al día frente a las vidas de cada uno. Blanca Copetti no ha faltado a ninguno desde cuando llegó de
Córdoba, Argentina, en 1976. Trabaja en el sector
textil, donde otros argentinos también la acompañan y comparte la idea de
que ahora hay más motivos para que los argentinos se queden en Colombia.
Contadores, preparadores físicos, entrenadores de polo, empresarios, chefs...
en todos los tintes posibles hace presencia la República de Argentina en
Colombia. Y como Copetti misma lo afirma "no
hay necesidad de ser colombiana de nacimiento para sentir
las alegrías y las tristezas
de este país. i Ya somos de acá,
che! VIRTUOSISMO EN LA
CANCHA En Colombia las palabras argentino y futbolista no
son un sinónimo absoluto y excluyente. Pero
argentino y futbolista
sí son dos
palabras que
cualquiera relaciona de manera automática, como quien dice castillo y
piedra, aunque no todos los castillos sean de piedra. Desde tiempos
anteriores a la época de Eldorado (1949-1953) y hasta finales de los años
80, el campeonato profesional de fútbol colombiano
giró alrededor de estos cientos
de futbolístas
argentirros que para
bien y también para mal se
en carga de darle
semana as emana
alegría, tristeza
e ira intensa
a los, por
lo general, abnegados seguidores de los equipos
colombianos. No sería justo comenzar a citar
apellidos porque no más reseñarlos se
llevaría por
lo menos seis
páginas de esta revista. Y tampoco sería
justo escoger a
los más famosos o más destacados
porque cada generación y cada ciudad los ha
valorado de manera distinta.
Así, hablarle a un joven de hoy
de Pedernera, Di Stefano y Rossi y del
triunfo de Millos sobre el Real Madrid en 1952 sería
como hablarles de Elber, Rothlisberger y Sindici y de la batalla de
Peralonso. Y un veterano de Eldorado seguramente
hará una mueca despectiva si le mencionan a Funes,
'el Patón' Bauza o Gottardi. Y los
bumangueses sacaran
pecho por Montanini y los del DIM, por el Loco Corbatta, y los del
glorioso Deportivo Calide Bilardo, por Landucci,
Scotta, Benítez y Emesto Juan `el Cococho' Álvarez, y qué me dicen de
Gareca y de Samari y del Tinino'. Mas bueno, resulta
imposible no citar apellidos porque esto de los argentinos y el fútbol, como
dicen ellos, "es un sentimiento,
no puedo parar". Además, la lista no es sólo de futbolistas. También están
las decenas de directores técnicos. Los que
vinieron a enseñar y dejaron huella, como Zubeldía; los que llegaron
cargados de pergaminos y fracasaron; los que
sencillamente vinieron a robar, porque en el
fútbol caben
todos. Los craks los que
se hacen pasar por futbolistas, los que saben, los motivadores, los verseros. Pero, dejando de lado el detalle y
al estadística y el dato falsamente objetivo, lo
que sí es cierto es que el fútbol en Colombia (no
sólo el estilo de juego, también
es pasión, la manera de vivirlo,
hasta la manera de dejarse llevar por la nostalgia
de pasados más gloriosos) tiene una impronta argentina
que, gústenos o no, la llevamos pegada en el ADN desde los tiempos de
Eldorado. Tomado de la Revista
Semana No. 1278, 30 de octubre de 2006 |