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Etnias - inmigrantes LOS CUBANOS |
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La ingeniería en Colombia no habría sido la misma sin
la presencia de Francisco Javier Cisneros POR ALBERTO MAYOR MORA Sin su presencia en el país,
¿habría cambiado algo? Juzguen: un grupo de cubanos que llegó a Colombia a
finales del siglo XIX tuvo gran participación en obras
de infraestructura vial y de transporte, y marcó con su impronta
sucesos de la vida política y cultural colombiana de manera tan inesperada
como indeleble. Antes de ellos, la presencia cubana fue esporádica. Es el
caso de Manuel del Socorro Rodríguez, pionero del periodismo colombiano, y
del agrónomo Francisco Javier Balmaceda. Otra avanzadilla cubana estuvo de
paso en Colombia en la década de 1860 para reclutar voluntarios granadinos
en la lucha por la independencia de Cuba. Sin embargo, la influencia más profunda provino de los
empresarios y constructores de ferrocarriles que, bajo el liderazgo del
ingeniero Francisco Javier Cisneros asentaron su capital desde 1874 y
controlaron dichos negocios durante casi 25 años. Su dominio también llegó a
la navegación a vapor, el transporte de correos y los caminos carreteros. Cisneros se radicó en Antioquia desde 1874. Para la
construcción de su vía férrea congregó a ingenieros y técnicos calificados
de la diáspora cubana, desatada por el dominio colonial español. Su núcleo
cubano fue decisivo, además, por los problemas y retos que dejó planteados a
la ingeniería colombiana del siglo XX. Los términos del problema del
transporte fueron claros: unificación nacional
mediante ferrocarriles que superasen el escollo de las cordilleras y
comunicasen las ciudades capitales directamente con puertos marítimos, o
indirectamente con los ríos que condujesen al mar. Sin Cisneros y su equipo,
el desarrollo del transporte nacional hubiese sido otro. El `Plan vial de Cisneros' fue el antecedente inmediato del
Consejo Nacional de Vías en 1930. Una consecuencia no prevista de la llegada de Cisneros y sus
ingenieros fue su impacto indirecto en la cultura colombiana. Uno provino de
su secretario privado, Rafael María Merchán, periodista y literato, quien
ofició de puente entre los grandes proyectos de Cisneros y los presidentes
colombianos Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro. Escritor y poeta, Merchán no
sólo encajó perfectamente con los jefes de una
república de gramáticos, sino que sus afinidades literarias sirvieron de
sutil garantía para la consecución de los grandes contratos de
infraestructura vial, lo que causó no poca
oposición. Con múltiples contactos literarios y políticos en Europa,
Estados Unidos y Suramérica, Merchán fecundó activamente la vida cultural
bogotana a fines del siglo XIX, no sólo como editor del periódico de
Cisneros, La Industria; del periódico de Núñez, La Luz, y de
sus conocidos folletines literarios; sino como cofundador de círculos
literarios como el Ateneo de Bogotá. También editó
las obras poéticas de Núñez en 1885 y la muy influyente `Reforma política en
Colombia' de Núñez en 1888, de la cual fue prologuista. Merchán publicó sus
propias poesías y ensayos en obras como Estudios críticos, en 1886, y
Variedades, en 1894, aparte de la traducción de Evangelina, de H.W
Longfellow, que recibieron el estímulo crítico de Miguel Antonio Caro,
Antonio Álvarez Restrepo y otros filólogos colombianos, quienes
lo estimaron un par literario a interlocutor fuera
de lo común. Se podría afirmar que Merchán se
constituyó en uno de los intelectuales orgánicos más sobresalientes de la
Reforma Constitucional de 1886, aspecto menos notable que su apoyo abierto a
la revolución cubana contra España, que estimuló con la organización de los
clubes Maceo, Martí y Rius Rivera, en Bogotá y otras ciudades. Merchán murió
en Bogotá en 1905. AI parecer, sus hijos se unieron a los derroteros
trazados por Cisneros. Otro acompañante de Cisneros fue Basilio Angueira, más
orientado hacia el trazado de carreteras, especialmente en Boyacá. Una de
las hijas del ingeniero Angueira se casó con un colombiano de apellido
Arciniegas. Su hijo, Germán
Arciniegas Angueira,
sería un personaje relevante para la cultura
nacional. Sin la presencia de la ingeniería cubana tampoco se hubiesen
dado los múltiples a influyentes proyectos culturales
de Arciniegas que
empezaron con la revista
Universidad en 1920. No hubo otro grupo cubano que en impacto y proyecciones
igualase al de Cisneros.
Algunos pocos técnicos tabacaleros cubanos vinieron a elevar el nivel del
cultivo, aparentemente circunscritos a la Compañía Colombiana de Tabaco, (Coltabaco).
Habría que
esperar a la
década de 1960 para el inicio de intercambios políticos, deportivos y
artísticos más duraderos entre Colombia y Cuba. ¡VIVA LA MÚSICA! El legado de la música cubana
se siente en todos los rincones del país. Las primeras expresiones musicales
cubanas resonaron en Colombia a
través de los músicos viajeros que hicieron tránsito en los barcos
del mar Caribe en el último tramo del siglo XIX. En las naves arribó una montonera sonora y
sabrosa con sus aires nostálgicos, pero
también portadores de la insuperable alegría isleña. Esta legión de
inmigrantes, sin sospechado, dejó sus sones, guajiras y boleros perdurables.
Venían contratados para trabajar en la construcción de ingenios azucareros,
ayudar en la navegación del río Grande de La Magdalena y a construir
ferrocarriles, túneles y
carreteras. Para esa época ya gozaban de prestigio nacional el cubano Emilio
Bobadilla (Fray Candil) y el violinista de fama mundial Brindis de Salas. Entre 1918 y 1919 alegró a Bogotá el trovador Juan Cruz.
Quedó tan contento, que regresó con el Sexteto de
Alfredo Bologna (1890-1964) y realizó una temporada en Bogotá. El 3 de enero
de 1934 el Trío Matamoros hace su primera presentación de una larga gira por
Colombia. Por vía vaporina llegó a Buenaventura a
mediados de los años 30 la Orquesta de Florián
Maza, que permaneció un año alegrando las noches de Cali. El 26 de agosto de 1939 se presentó la Casino de la Playa
con su estelar cantante Miguelito Valdés, orquesta cubana que influyó mucho
tiempo en el sonido de otras colombianas como la Atlántico Jazz Band, la
Orquesta de Pacho Galán y la de
Lucho Bermúdez. Se comenta de la presencia del maestro Lecuona en Colombia
en los años 40. René Cabel, un gran cantante de
ese país, recomendó al propietario de la Voz de Antioquia que en lugar de la
Sonora Matancera trajera a Benny Moré con su banda, lo
que ocurrió en el año de 1955, con pleno éxito. La Sonora Matancera, en ese mismo año, había debutado en
Barranquilla el 7 de febrero. Ella ejerció, a través de sus cantantes
(Daniel Santos ,Celia Cruz, Alberto Beltrán,
Celio González) y su música, una enorme influencia que todavía
perdura, incluso incorporó entre su elenco
de artistas al
barranquillero Nelson Pinedo. El bolero, que nacíó en Santiago de Cuba, ha tenido una
influencia especial y permanente entre los colombianos. Desde los años 60
Ilegó de Cuba la nueva trova, encabezada por Pablo Milanés y Silvio
Rodríguez, hasta la música bailable de la
inagotable Orquesta Aragón, La Original de
Manzanillo, Irakere y la Orquesta Los Van Van. También son estrellas cubanas el Conjunto Rumbavana, Celina
González, Reutilio Jr. y mucho solistas
consagrados como
'El Chiqui' Tamayo, Albita Rodriguez
y la divina Omara Portuondo, entre otros nombres. Cautivaron más a
través del disco, la rádio y
la televisión que directamente artistas
corno Compay Segundo, Ibrahim Ferrer y Elíades Ochoa. Hasta to música clásica ha tenido sus representantes de
mucha audiencia como
Frank Fernández y Jorge Luis Prats. César Pagano,
musicólogo experto en ritmos caribeños. Tomado de la Revista
Semana No. 1278, 30 de octubre de 2006 |