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Etnias - inmigrantes LOS ITALIANOS |
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Su influencia fue determinante en la ciencia, la
cultura, las artes y el derecho de Colombia. Por ARMANDO SILVA En noviembre de 1887, con el fin de conmemorar la
independencia de Cartagena, se interpretó, en el Teatro Variedades de
Bogotá, una canción fervorosa con letra de Rafael
Núñez que fue luego adoptada por ley de 1920 como Himno de la República de
Colombia: su encanto y su melodía provenían de alguien que había llegado
como primer tenor de una compañía de ópera, el músico italiano Oreste
Sindici. Años atrás, el mapa que hoy tenemos de Colombia, con algunas
modificaciones, fue trazado por primera vez por otro italiano, Agustín
Codazzi, que llegó a Bogotá en 1849 y a él se le
reconoce no sólo por haber concebido las imágenes de la geografía nacional,
sino por haber sido el orientador de la comisión corográfica, que todavía
hoy se considera una de las más importantes empresas científicas de la
República. Tal fue la empresa titánica de
representar con criterios, tanto científicos como estéticos, a una Nación
que lleva el nombre de otro italiano, Colombia, en honor a Cristóbal
Colombo, quien dirigió la primera empresa europea que terminó con el
encuentro con otro continente, América, que de la
misma manera honra a otro italiano, Don Américo
Vespucio. Así que ltalia está metida en el corazón de los símbolos
patrios. A pesar de esta fuerte presencia
cultural, no son muchos los italianos que han hecho su América en Colombia.
En el censo de 1913 vivían oficialmente en Colombia 119 italianos,
dentro de 895 extranjeros, o sea 10 por ciento del total. No
obstante, en los años siguientes el país parece ir
descubriendo una presencia italiana más consistente y numérica, y en
estudios, a partir de la década de los 80, se ha concluido que existen hoy
alrededor de 20.000, radicados en ciudades de la Costa Atlántica, la de
mayor afluencia; en Bogotá, Cali, Medellín, y Cúcuta. Propongo, dentro de
varias alternativas de seguimiento de esta comunidad, relevar algunas
figuras, en ciertas áreas significativas, que más hayan
contribuido a la formación de las culturas nacionales, entendida esta
como esa creación colectiva para la construcción de las imágenes de
identidad y autorreconocimiento de distintos grupos. Desde la primera década del cine, casi al mismo tiempo que
en los países europeos, aparecen ya en Colombia
los italianos Vicente y Francisco Di Domenico, quienes vienen a explotar
comercialmente el nuevo invento. En 1912 estrenan el
Teatro Olimpia de Bogotá, "con una capacidad asombrosa
de 3.000 espectadores y rodarían la película italiana `II romanzo di un
giovane povero "', la primera exhibida en Colombia en un teatro para tal
fin. Cuando en 1927 se lanza el cine sonoro, nace la empresa que va a
dominar hasta hoy el paisaje cinematográfico nacional: Cine
Colombia, originada en las empresas de los Di
Domenico. En 1912 IIegó a Barranquilla Floro Manco, quien importó la primera
máquina filmadora de cine con la que realizó
películas documentales, lo que puede ser el lejano
origen de este género en el país. En la arquitectura se vuelve a constatar la presencia
italiana en la construcción de algunos de los emblemas de nuestra
nacionalidad. El Capitolio Nacional es obra de Pietro Cantini. Su labor se
desarrolla desde 1885 hasta 1906 y su aporte se extiende a crear una escuela
de arquitectura, formada alrededor de la construcción del Capitolio
Nacional. Esta escuela, la antigua academia Vásquez de pintura y la academia
de música se fusionaron para formar la escuela de Bellas Artes,
quedó constituida el 10 de abril de 1886 y es el origen de la actual
facultad de artes de la Universidad Nacional de
Colombia. También es de Cantini el Teatro Colón,
considerado una de las más bellas y acabadas obras de toda la arquitectura
colombiana. Dos esculturas de gran simbolismo nacional también son de
manos italianas. A mediados del siglo antepasado llegó a Bogotá la estatua
pedestre del Libertador Simón Bolívar, obra de Pietro Tenerani, hoy en la
Plaza de Bolívar. Y en Cali se encuentra la imponente escultura de Cristo
Rey en uno de sus cerros recibiendo a los visitantes, obra de los hermanos
Alineo y Ahdno Tazziob,
quienes llegaron a Colombia entre 1929 y 1934. En Colombia, la influencia italiana en el arte musical tiene
raíces antiguas con Giovanni Battista Coluccine y
Giuseppe Dadey, que fueron prácticamente los precursores de este arte. En
los siglos XIX y XX llegan varias compañías de ópera y dan a conocer la
música operática de Verdi, Rossini, Bellini. Particularmente, algunos himnos
y coros se convirtieron en símbolos locales tan asumidos por los
colombianos, que incluso hoy día varios de ellos
se tararean diariamente, como ocurre con la de Aida, de Verdi. Son muchos los campos de la cultura, las industrias y las
ciencias nacionales abonados por italianos. El derecho, por ejemplo, recibió
el influjo renovador de los grandes tratadistas italianos Francisco Carrara,
César Lombrosso y Enrique Ferri. Sus enseñanzas marcaron los caminos del
derecho penal y la criminalística colombiana, y dejaron su impronta en el
Código Penal que desde 1936 hasta principios de
1981 estuvo vigente. Las matemáticas
como disciplina mucho
le deben al profesor Carlo Federeci. Lo mismo, ceremonias urbanas
como las del Niño Jesús del 20 de Julio en Bogotá
provienen del padre Juan de Rizzo. En realidad, a través de la cultura, la ciencia y las artes,
se ha generado una muy resuelta hibridación entre italianos y colombianos y
quizá ello tenga que ver con una más profunda identidad y encuentro entre
las filosofías de dos pueblos donde la dimensión
estética de la vida es parte determinante en la construcción de sus
respectivos futuros. Agustín Codazzi Nació en 1793 en Lugo, región de Emilia Romana (que hoy
forma parte de Italia) y a los 17 años de edad se
enroló en los ejércitos de Napoleón.Tras el desplome del imperio
francés en la batalla de Waterloo (1815) viajó a Estambul y desde
allí inició una vida de nómada viajero que lo
llevó por diversos lugares de Europa y de allí a Baftimore, Estados Unidos.
En 1817 se unió al Almirante Brion, que intentaba apoyar al
Ejército libertador de Bolívar, pero una serie de situaciones inesperadas
lo convirtieron en corsario en la isla de
Providencia bajo el mando del capitán Louis Aury. AI independizarse
Colombia, Aury lo envió a Colombia para ofrecerle
su armada al libertador, pero no pudo contactarlo y siguió en sus
actividades hasta 1822, año de la muerte de Aury. Regresó a su tierra natal,
pero la nostalgia de América pudo más que él y en 1826 estaba en la Gran
Colombia. Viajó a
Venezuela con Bolívar, donde se hijo amigo del general Páez. En la década de los 30 elaboró el mapa de Venezuela cuya
edición final supervisó en París en 1840. Fue gobemador de la provincia de
Barinas en 1846 y, dos años después, tras apoyar a Páez en un fallido
intento de golpe militar,.se exilió en la Nueva
Granada. Realizó labores geográficas para el gobierno de Tomás Cipriano de
Mosquera, y a partir de enero de 1850 lo encargó
para que dirigiera la Comisión Corográfica. Gracias a esta monumental
empresa, que él dirigió hasta su muerte en 1858 en Espíritu Santo (hoy
Codazzi, en el departamento de Cesar), Colombia contó con una documentación
cartográfica y de información geográfica que se utilizó hasta 1941, cuando
la Oficina de Longitudes (el actual Instituóo Geográfico
Agustín Codazzi) presentó los nuevos mapas del país. Tomado de la Revista
Semana No.1278, 30 de octubre de 2006
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