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Etnias - inmigrantes LOS NORTEAMERICANOS |
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Durante el siglo XIX, su presencia fue escasa. POR DAVID CORCORAN Cuando llegó a Antioquia, en 1838, Jose Harris, gran
ebanista y fabricante de pianos, fue uno de los primeros ciudadanos
estadounidenses en emigrar a Colombia después de
su independencia. Como el maestro más famoso de los ebanistas contemporáneos
en Medellín, Harris construyó su legado artístico en madera. Al casarse con
una mujer local, dejó otro legado notable, una
larga descendencia paisa. En el siglo XIX las migraciones permanentes de
norteamericanos eran pocas. El crecimiento de la joven República
norteamericana, con sus nuevos estados,
mercados comerciales dinámicos y labor abundante, desanimó los
traslados a América Latina. Los pocos estadounidenses que llegaron a Colombia en el
siglo XIX eran, en gran parte, técnicos especialistas, producto de la nueva
economía industrial de Estados Unidos, que fueron contratados por dueños de
minas y ferrocarriles. Durante ese siglo, algunos colombianos se juntaron
con los técnicos estadounidenses en Colombia y construyeron hoteles,
diseñaron y excavaron túneles,
establecieron y
enseñaron en escuelas
y colegios protestantes y dirigieron teatros. No obstante, el número
de estadounidenses residente en el país fue insignificante. Sólo en Panamá, décadas antes de la independencia del aquel
territorio y de la construcción del canal, se
encontraron grandes cantidades de ciudadanos estadounidenses en Colombia.
Sin embargo, esa presencia fue temporal. La independencia de Panamá y el
papel polémico del Ejército estadounidense impidieron las buenas relaciones
con Colombia en las primeras décadas del siglo XX. Ejemplos de migraciones de individuos
estadounidenses con sus familias a Colombia son más comunes después
del año 1900. Por ejemplo, el libro de Melbourne R. Carriker, Vista
Nieve, relata la experiencia de su familia como dueños de una finca
cafetera en la Sierra Nevada de Santa Marta. En Barranquilla la llegada de Karl C. Parrish fue
significativa. Originalmente, fue empleado en una mina, pero poco después
estableció su propia empresa de minas con socios norteamericanos. Se
convirtió en residente permanente de Barranquilla,
donde crio a su familia y fue representante de
varias casas comerciales de Estados U nidos. que
llegaron a la Costa en esa época. Parrish reconoció la potencia de
Barranquilla como puerta comercial y sirvió de instrumento para el
proyecto de Bocas de Ceniza, así como participó en el desarrollo del barrio
El Prado. Con el fin de la Primera Guerra Mundial, el capital
estadounidense buscó nuevas oportunidades . En Colombia, mucho de este
capital se invirtió en explotación de petróleo y exportación de banano.
Pero, sobre todo, se notó la presencia de representantes de institutos
financieros como el National City Bank de Nueva York, fabricantes como
Singer Sewing Machines y detallistas como Sears. Antes de la Segunda Guerra Mundial, los estadounidenses en
Colombia eran pocos. El censo nacional de 1938, que no distinguió entre
estadounidenses y canadienses, identificó solo 2.152 norteamericanos. Ese
número comprendió sólo el 4
por ciento de la población extranjera total
en Colombia; en contraste, inmigrantes europeos comprendieron el 23
por ciento. Para
1951, los
estadounidenses eran casi el 8 por ciento de la
población extranjera; para 1964 eran el 10 por ciento. Este aumento se debe a varias razones Primero, los programas
panamericanos de Estados Unidos durante el período de Franklin D. Roosevelt
(1932-1945) fomentaron un intercambio de científicos,
técnicos, estudiantes y educadores,
entre las Américas. Relaciones educativas,
personales y comerciales se desarrollaron desde esos contactos y continuaron
fuera de la esfera gubernamental. Segundo, la Segunda Guerra Mundial eliminó las rutas marinas
del comercio entre América Latina y Europa. Las exportaciones colombianas
destinadas previamente a Europa fueron dirigidas a Estados Unidos. Tercero, los programas culturales y educativos de Washington
en Colombia hicieron más fácil que familias estadounidenses se mudaran al
país. Por décadas anteriores, hombres de negocios estadounidenses se habían
negado a trabajar en América Latina, por falta de
escuelas y colegios seculares
y bilingües para sus hijos Con la ayuda financiera desde Washington a
colegios binacionales se borró un obstáculo a las inversiones y migraciones
norteamericanas hacia Colombia. Colombia y Estados Unidos se acercaron en la guerra.
Visiones similares entre el Frente Nacional y presidentes estadounidenses
aseguraron la continuidad del movimiento migratorio, temporal y permanente,
de estadounidenses a Colombia por motivos comerciales, culturales y
científicos. Es una lástima que el aumento de otro tipo de comercio entre
los dos países (el narcotráfico)
haya fomentado
una violencia, cuyo resultado es la declinación de
migrantes estadounidenses a Colombia. EL CANADIENSE QUE SE
DEDICO A COLOMBIA Por Frank Safford* Nació en Canadá
en 1902. Estudió en la London
School of Economics y
terminó su Ph. D. en Harvard. Cuando llegó, Currie se encontró con problemas
como la mala utilización de la tierra y la pobreza de los campesinos, que le
hicieron pensar en crear impuestos sobre la tierra que no se utilizara de
manera eficiente y redoblar
esfuerzos en el desarrollo de transportes
para integrar la economía. Currie empezó
a pasar por
una serie de
controversias en 1960. Había concluido que la productividad económica
de Colombia se restringía mucho porque gran parte de la población
rural cultivaba minifundios ineficientes. Propuso
que gran parte de la población rural migrara a las ciudades para conseguir
trabajo más productivo. Estos conceptos, que iban en contra de las
doctrinas de la Comisión Economía para América
Latina (Cepal), implicaban que la reforma agraria era un error.
Las críticas no sólo
vinieron de los sectores sociales, sino también de la derecha, que
lo tildó de comunista. Tambén propuso
atraer capitales
para financiar la construcción de vivienda por
medio de bonos que ganarían valor de acuerdo con el índice de la inflación.
Este programa hizo posible que gente de la clase
media comprara casas. Sin embargo, los nuevos dueños pronto descubrieron que
los costos de estas casas se elevaban a niveles difíciles de sostener. A pesar de las controversias y los contra tiempos, Currie
continuó elaborando sus análisis económicos, ofreciendo visiones distintas
de las ortodoxas, hasta su muerte. Aunque no siempre logró conseguir apoyo
de sus conceptos, ofreció una visión de planificación con ideas radicales
que merecían ser consideradas. LA CULTURA SIMPSON Para entender a Estados Unidos como cultura hay que pensarla desde el
entretenimiento. Su sociedad fue
construida por
migrantes desheredados, que encuentran que todo es
posible en esta nueva tierra de la libertad. Los Simpson tiene fuera por su capacidad para desmistificar
y reírse de las cosas importantes que hacemos los
seres occidentales
(somos hijos de la moral norteamericana que es la
moral de! mundo): la religión, los valores consumistas,
la banalidad mediática. La serie tiene estética
'popcera' y sus mitos de referencia
son de la república del entretenimiento
(born in USA): Hollywood, el deporte, los rituales
sociales de universidad
y los programas
de televisión. Los Simpson, como Estados
Unidos, se han
convertido en
objeto de culto...
por entretenidos. Tal vez, el mayor efecto
cultural norteamericano en el mundo es que nos 'entretenemos'
según sus lógicas de reír. Los Simpson se
define por
los críticos como
un "ácido retrato
de la sociedad
estadounidense" alabada por los académicos como uno
de los productos "más
inteligentes de la pantalla; celebrada por su fanáticos como
un producto "subversivo y de varguardia'...
LosSympson es, en su
humor y su ironía, un discurso público
por el cual la cultura norteamericana nos
demuestra que es una sociedad que es capaz de
mirarse, reírse y creer en sí misma. Ómar Rincón
,profesor de
periodismo en la
Unrversidad Javerrana y
en Urniandes.
Crítico de medios
Tomado de la Revista
Semana No.1278, 30 de octubre de 2006
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