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DAVID MANZUR |
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Recuento Critica: Pau Llosa |
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CRITICA por Eduardo Serrano Desde que el hombre cubrió de huellas irregulares la superficie de la luna, desde que cohetes, cámaras, barómetros y desperdicios compiten con sus cráteres y dunas, el satélite que fue Dios y fue mujer, y que fue siempre fuente de inspiración y motivo de lucubraciones- ha perdido misterio y ha perdido romanticismo. La sensibilidad y la imaginación de muchos parece haberse detenido con ese ilusorio sentido de "conquista" que se ha atribuido a los viajes espaciales, y con nuestro incipiente conocimiento de los elementos y de los fenómenos de sus lejanos objetivos. Pero la luna no ha dejado de ser intrigante para todos. Ni sus aspectos más importantes o su sugestibilidad o su atracción visual se han agotado con nuestra intrusión a su paz y a su silencio. David Manzur es el artista colombiano más claramente consciente de sus, todavía infinitas, posibilidades, el artista más fuertemente afectado por su magnetismo y quien insiste en devolverle a la luna su dignidad poética con una obra plástica que le hace referencia y que le señala, precisamente, con romanticismo y con misterio. Los trabajos de David Manzur son abstractos, si puede sostenerse que lo sean no obstante su marcado énfasis sobre la realidad. Orientados hacia el "constructivismo", especialmente por la investigación de materiales y la insignificancia del volumen, sus ensamblajes son afirmaciones de espacio y color, poéticas - insinuaciones afectadas por extraños pero intuibles misterios científicos. Los colores, sin embargo, no siguen en su obra la. dirección generalmente blanda del "constructivismo", sino que son susceptibles a una descripción naturalista: rojo, amarillo, blanco, negro, azul, colores del cielo y del espacio, que complementan la sugerencia celeste de las líneas y las formas. Con ellas, con la luz y con hilos trazados con precisión matemática, David Manzur ha logrado crear una atmósfera, simultáneamente dinámica y apacible de rayos lunares. Los hilos, regularmente sintéticos, hacen planteamientos espaciales sostenidos por estructuras tridimensionales como "puentes" de violín, que los orientan sobre los lienzos de colores planos. Sus construcciones son extremadamente pulcras, armónicas y delicadas a pesar de la evidente tensión de los efectos ópticos y del permanente movimiento oblicuo de los elementos. Indiscutible sensibilidad visual. Su producción, que no ha sido siempre abstracta, por ejemplo, ha mostrado continuamente nexos extra - temáticos, especialmente de color y de textura, con la realidad. La importancia que da a experimentar con la luz es otra de sus características constantes. Sus actuales ensamblajes son, ante todo, el más reciente clímax de su búsqueda; la más reciente y más lograda cima de un proceso que conduce permanentemente a una nueva experimentación lírica y plástica. La obra de David Manzur nos habla de la luna en la más tradicional vena romántica, pero no desdeña las ventajas de la tecnología. Sus trabajos son un raro ejemplo de equilibrio. por Eduardo Serrano
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Dicen que el que es caballero repite, pero Manzur no es Caballero, y
cuando un artista insiste en algo, y dale, hay que buscar el gato encerrado.
Lo hicieron los críticos cuando García Márquez reincidía en sus Macondos y
comienzan a hacerlo con el invariable Mutis. David Manzur ha regresado con
nueva exposición -"San Jorge y el Dragón", por variar-, abierta en junio
(1994) en Alfred WiId en Bogotá y hoy en la
Fundación FES de Cali. Pero ese no es el acontecimiento; el acontecimiento
es que ya está bien de Manzur, pero... Se trataba de eliminar un viejo fetiche. Hacerlo hablar porque es un pintor de riquísimo mundo, y por su boca saber sobre aquello que nos choca, sobre aquello que nos fascina en su obra. Lo que nos choca: el contraste, los esquemas rígidos de opuestos (geometría y caos, formación y deformación, el dibujo y su de construcción, Occidente y Neira). Lo que nos fascina: la reiteración de unos mitos, el dibujo brillante, la sensación onírica y el mundo surrealista... Pero, sobre todo, algo chocante: que Manzur no parecía admitir explicaciones, ni pictóricas ni extrapictóricas. Después de un par de horas erráticas -el artista habla de una cosa, el periodista de otra-, Man zur me hace entender su pintura, hablando de otra cosa: "Todo lo que han escrito los críticos (en realidad ha dicho "escritores") sobre los grandes pintores de la historia no coincide en nada con lo que los pintores quisieron hacer. Toda esa terminología maravillosa, esas explicaciones filosóficas que contribuyeron a hacer interesantes a los artistas, puedo asegurarte que nada tenían que ver con el camino por donde ellos iban. Tú me quieres sacar la verdad mía, pero la verdad mía falla puesta en mis propias palabras, yo no la puedo poner sino en términos visuales... Tú podrías hacer todo esto sin hablar conmigo". Está bien. No lo dejemos hablar, pero sigamos visitándolo. Hay tanto que ver, tanto que palpar, que sentir y aun tanto que escuchar... Porque en realidad no hay ninguna verdad. Manzur es tan rico, tan lleno de razones, tan estudioso y aplicado, que siempre tendrá mucho que decir. No importa que no nos convenza. Cuando un artista como Manzur habla, hay que saber detectar lo que no ha dicho, lo que está en vías de decir, lo que dirá más adelante. Escuchar a un hombre tan consciente y preocupado por su oficio es como dialogar con su obra. Olvidemos, pues, a David Manzur, no existe, no nos importa a qué horas se levanta, con quién sale, si está enamorado o no, por qué se pone esos inmensos zapatos o botas... Pero también olvidemos preguntarle quién es San Jorge, qué significa el Dragón, por qué le gustan los caballos... Manzur no sabe nada de eso. Esos son datos, elementos dados. Prohibido preguntar. Oigamos, sintamos, veamos a Manzur. Nacer en un telón de fondo Hay idílicos incorregibles, como García Márquez que se atreve a afirmar que le gustaría vivir en el paisaje de fondo de la Monalisa. A García Márquez se le perdona todo... Pero Manzur no se queda atrás. Desde hace muchos años (lo que pasa es que Manzur no parece tener años) viene recurriendo en incluir los paisajes y la arquitectura de Neira (su pueblo natal, en Caldas) en sus cuadros, lo cual sería muy natural si los temas de Manzur tuvieran algo de costumbrismo o, como siempre se dice, de volver a sus raíces. Nada que ver. Personajes, paisajes, construcciones y naturalezas muertas manzurianos se inscriben sin dificultad en la tradición occidental del arte y en sus problemas de diversas épocas. ¿Entonces? En realidad Neira es un cuento de hadas -a veces tenebroso- narrado alguna vez por su madre, pues desde muy niño Manzur vivió en Africa (Neira era entonces para él lo que para nosotros, criados aquí, es Africa); un cuento de hadas, no un cuento chino: "Ese pueblo se me fue convirtiendo en el País del Arco Iris. Descubrí que Neira era el perfecto telón de fondo para mis cuadros surrealistas y para mover esas formas, y digo formas, porque no son propiamente los personajes o las figuras que ellos representan. Había que hacer esa narrativa pictórica. Es un pueblo más narrado que vivido. Un pueblo imaginario". El tema es un pretexto Claro que es un pretexto. -Manzur: tengo la impresión de que usted es pura técnica (lo otro son ideas). "Nunca. La técnica es importantísima: Vivo estudiando las combinaciones, tengo un amigo en Italia que me asesora en cuestiones de mezclas de aceites; me preocupa la saturación del pastel, cuyos pigmentos son muy resistentes a la luz... luego me da, orgulloso, precios de brochas, pinceles, lienzos, materiales. Mire: Picasso pintó Guernica, que es el cuadro más perramente pintado pero la idea más gloriosa del arte del siglo XX. Sólo técnica no, ¿dónde queda toda la carreta que te acabo de echar...?". No era carreta, ciertamente; era la comprobación de que "el tema es un pretexto", de que "no me interesa el cuento de San Jorge, sino su resolución", de que "la doncella es un pretexto", de que "el error en los reportajes conmigo ha sido el yo querer explicar y el periodista querer sacarme la parte del porqué de los cuadros". Casi puedo afirmar: todo en los temas de Manzur es gratuito, su mundo es tan veleidoso e inconsistente como rico y misterioso. Manzur es otra cosa. Es pura pintura: dibujo, construcción. La pasión de la forma. Caballolatría Uno puede enamorarse de un caballo. Un inmenso caballo blanco. de ojos azules. Ese caballo puede ser todos los caballos. Manzur ama unos caballos específicos, porque es pintor con modelo: el caballo de Sasaima, los caballos de Uccello, los caballos de San Marcos. Pero esas anécdotas -le su relación con cada uno de ellos tampoco importan (hay que oírlo, para qué). Importan los caballos que están en sus cuadros: caballos de pastel, de óleo. Si uno dice perfectos, es porque dice reales, vivos, como son reales y están vivos los caballos de este mundo. Si esos caballos perfectos, bellos, estuvieran aparte del cuadro, yo le preguntaría a Manzur (le pregunto): -¿sus caballos son suyos? Responde: "Un pintor contemporáneo buscará deformar el caballo, y considerará eso como la expresión personal del individuo. Yo me propongo hacer unos caballos que son más caballos que míos y por eso resultan más míos". Gracias, Manzur. Esa es también nuestra certeza, pero esas palabras no significan nada. Hay que ver su obra para que sean verdad. Oscar Torres Duque
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