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Bernardo Salcedo
pintor, escultor |
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Recuento |
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En las obras de Bernardo Salcedo la historia del hombre quedó suspendida entre una dimensión lúdica, una irónica y otra mecánica lujosa. Salcedo recurre a los objetos viejos para rehacer su realidad plástica. Arma nuevas máquinas del tiempo, se burla de la historia presente y convierte la frágil totalidad aparente en fragmentos de memorias ajenas. Ana María Escallón
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Hablar de la obra reciente de Bernardo Salcedo nos plantea un contrasentido: ¿para qué lanzarle la soga al náufrago cuando ya ha llegado a la otra orilla?. Como bien lo dijo Bernard Shaw, los consagrados no requieren de las labores de la crítica; no en vano han puesto su huevo de oro. Sin embargo, estamos frente a la obra de un artista cuya búsqueda no ha cesado, circunstancia que propicia el deseo de hacerle un pequeño escrutinio. Pero, ¿quién es Salcedo? En primer término, es un artista que piensa, y como artista pensante se ha negado a ser exclusivamente un productor de formas. Su arte, determinado autónomamente, con la certeza de que "la historia no es aún un depósito de cánones abstractos", promueve un sentido propio y, sobra decirlo, agudo y mordaz, de ver y vivir en el mundo. Miremos sus mares. Aquí se evidencia un postulado humanista: la profunda identidad de Naturaleza y Razón; Razón que se hace explícita por medio de los claros instrumentos de la geometría, el orden y la proporción. Razón, además, que enmarca y contiene, siendo ambos hechos hilos conductores, el elemento natural. Queda así establecida la relación obra del hombre-obra natural. Sin embargo no se trata de una naturaleza subyugada, culturalizada y domada a nuestra imagen y semejanza. El Agua-La Mar; materia de formas perecederas, violenta o brillante, materia metamórfica, profunda, oscura, amenazante; Ella, La Mar: Mar Serena, Mar Interior, Altamar, Mar Particular, Bajamar. He aquí una poética visual y verbal de ésta materia fundamental, mediadora entre cielo y tierra, perteneciente a los Cuatro elementos. Esta Mar incesante no se detiene, corre siempre, cae siempre, es agua sobre agua, monó tona y universal, forma que se oculta tras su propia forma. Naturaleza y Razón: a ésta dicotomía se le atraviesa la contradicción en
la mejor tradición Salcediana. La Mar, Naturaleza, se rebela contra la
razón. Sus fuerzas son originarias y primitivas, su dureza es irracional (de
aquí el acero) su profundidad es antiperspectívica, su movimiento es irónico
y hedonista. Queda así desecha la profunda identidad, ya establecida, por
vías de contradicción para establecerse en su lugar la unión de opuestos, el
espíritu de lucha que nos refuerza un sentido de lo perecedero. Patricia Gómaz 0
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por Paola Villamarín, Redactora de EL TIEMPO Bernardo Salcedo (Bogotá, 1939) tiene dos caras. La del artista, en la que es "mudo" y se niega a explicar sus obras y a llenarlas de discursos, y la `otra', en la que no se reprime, pone el dedo en la llaga, es cáustico, y entrega, como ráfagas, frases tipo "yo nunca pienso, yo trabajo" o "el artista tiende a profesionalizarse como los dentistas o los abogados". Salcedo, que en su juventud fue apoyado por la crítica
argentina Marta Traba, dice que a los artistas los han encasillado como
explicadores de sus obras: "El público y los entrevistadores, toda esa gente
inculta que tiene programas en televisión, dice `bueno, explícame tu obra,
haz llegado a que concepto' y no han entendido que el artista es un ser mudo
y que el arte no es un jeroglífico". Por eso, no entrega pormenores de su serie Landscapes, ensamblajes de metal, fotografía, madera y plomo, realizados durante el 2003, con los que ofrece, como dice María Iovino, la curadora de esta muestra, "una fuga de paisaje". Las piezas están llenas de objetos, como soldaditos de plomo o cepillos de piso, porque a Salcedo le gusta lo encontrado, lo reciclado, lo que ya existe. No en vano dice que él es como la Edis, un recolector y un procesador de basura. Sus investigaciones son de observación. Realiza guiones en los que planifica lo que puede hacer y lo que puede conseguir para crear sus piezas. "No puedo inventar nada con la linea ni con el color, a mí me gustan las cosas de bulto, las cosas que se pueden tocar. Aunque hoy día creo que me gustaría saber pintar, es una gran frustración, pero no he tratado porque, la verdad, no me apasionan ni el pincel ni la superficie plana", afirma Salcedo, reconocido artista nacional de 37 años de trayectoria, que presentó, en el 2001, su exposición retrospectiva El universo en caja, en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá. Tiene claro que su misión como artista es consigo mismo, que el arte "es una terapia personal inagotable" y nada tiene que ver con plasmar o traducir una realidad inmediata. "Todo el arte actual en Colombia -continúa Salcedo- está embadurnado de sangre. Hay excepciones históricas como Carlos Granada, por ejemplo, cosas de Beatriz González o de Doris Salcedo, pero, en general, nuestro arte contemporáneo está pasando por una crisis de oportunismo muy triste y ridícula". Nunca ha renegado de su oficio. Lo ve como su religión: "Cada vez que entro a mi estudio me siento entrando a misa o en trance". Y esa devoción no le permite que haya otras manos diferentes a las suyas que trabajen sus obras porque "no hay una táctica que alguien pueda repetir" y le obliga a ser tan severo, que destruye el 40 por ciento de las piezas que ha terminado porque el "arte no siempre sale". Y aunque no cree en los discursos que los artistas forjan alrededor de una obra, Salcedo sí valora los de los críticos, sobre todo en países como Colombia. "Esa falta de crítica -concluye- ha traído una explosión de seudoarte. Estamos llenos de comercialización, de intelectualización, de conceptualización y todo eso es una gran falsedad". Landscapes es la primera muestra que ofrece la nueva galería bogotana Cuarto Nivel, dirigida por Ildebrando Arévalo. La escogencia de los artistas será liderada por la crítica de arte María Iovino, que buscará, además de exhibir artistas contemporáneos colombianos, presentar tendencias de otros países de América Latina. Tomado del periódico El Tiempo, 12 de diciembre de 2003
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LAS CAJAS MISTERIOSAS DE BERNARDO SALCEDO "Soy la negación de la pintura y de la escultura". Bernardo
Salcedo, arquitecto, artista conceptual y "mamagallista" plástico hace esta
afirmación a CROMOS que visitó su exposición inaugurada hace pocos días en
la galería Asede. La muestra de Salcedo es pequeña pero espectacular. En el
primer salón ha colocado su tema de "frases de cajón". En pequeñas cajas de
bocadillo santandereano, dispuestas en un orden muy simple ha colocado las
frases comunes que aparecen en medios periodísticos y que se han convertido,
por su ineficacia, en clisés humorísticos. Después viene la parte seria de su obra. Son sus famosas construcciones en tres dimensiones, elaboradas según el artista "con un criterio de dos dimensiones. Por ello no son realmente esculturas". La primera se llama "Recámara" basada en una composición con partes de cámara fotográfica y ojos de vidrio. Los planos oscuros son tratados al óleo. Otra composición, también en forma de caja que se puede cerrar, es "Isabel la Católica". Aquí una bella cabeza de madera del arte colonial, ha sido dividida en cuatro partes, resultando una composición intrigante y dramática. Utilizando también figuras religiosas en madera, elaboradas en Quito, Salcedo ha creado el conjunto "Evita a Isabelita", armado con un gran equilibrio y un habilísimo juego de líneas dinámicas y planos. Empleó elementos insólitos como un tajalápiz, trozos de un sanitario, dos rostros de mujer, tres manos y un pie. El resultado es casi Lírico. "Es un trabajo formal y conceptual a la vez", dice Salcedo. En una de sus cajas está "Isabel la Católica". Descompuso
una cabeza de una imagen colonial y la ordenó sobre un eje central. El artista trabaja sus obras con paciencia para lograr sus altas exigencias de composición y de economía de elementos. Es indudablemente una tarea de gran seriedad y autocrítica. Mis obras no se venden con facilidad.-En un reciente viaje al exterior tuve una buena acogida entre el público inglés y norteamericano. Poca en España y en Latinoamérica". Salcedo no pierde el optimismo. Es un experimentador sistemático de efectos visuales. Sus trabajos son aún para minorías muy selectas y sofisticadas. Pero su lenguaje es el mismo de los grandes maestros del arte moderno que han logrado rutas nuevas en la expresión plástica. Tomado de la Revista Cromos, Edición No. 2991, 15 de mayo de 1975
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Catedrales de Salcedo Por Jaime Cerón Desde sus inicios, el trabajo de Bernardo Salcedo se ha producido por la intervención sobre objetos y procesos existentes fuera del mundo del arte. Su generación, conformada a finales de los sesenta por artistas como Antonio Caro, Álvaro Barrios o Beatriz González, entra otros, ha sido denominada generalmente como `conceptualista', dado su particular interés por enlazar la práctica artística con ideas externas a su ámbito tradicional. De forma similar a como ocurrió en contextos como el norteamericano o el europeo, muchas de las obras que en su momento fueron ubicadas por la crítica dentro de la categoría de arte conceptual, obedecían en realidad a un abierto interés por traspasar los limites disciplinares que contenían la práctica artística moderna. La acción del bricolage, presente en procedimientos artísticos como el collage, el ensamblaje y el ready made le han facilitado la tarea de generar "objetos de arte' por la transformación o desmantelamiento de objetos culturales. Negociar con la realidad de `lo real ha sido un desafío constante para los artistas a lo largo del último siglo, que los ha llevado a recurrir a estrategias primigenias de transformación de la materialidad de sus contextos inmediatos de existencia. Los artistas contemporáneos colonizan su entorno cultural con diversos mecanismos de intervención o interpretación sobre esa realidad concreta a la que se enfrentan y plantean estrategias diversas de comunicación que permiten compartir sus posiciones con un campo social más amplio. Esa situación es muy similar a la que tuvieron que enfrentar los artistas que dieron forma a la vanguardia histórica de comienzos del siglo XX, que necesitaron actuar sobre o contra un campo, que parecía estar estructurado de ante mano, y que no era otra cosa que "la institución arte". Aunque en ese momento las estrategias formales descritas más arríba, así como el performance, la instalación o o el video arte tendrían como denominador común su poder para intervenir sobre sistemas de valor preexistentes. El concepto de bricolage, que el antropólogo francés Levi Strauss aportó para el análisis de principios comunicativos similares a los anteriormente descritos, involucra a la vez procedimientos materiales y conceptuales de resignificación y refuncionalización de toda suerte de hechos y artefactos, por lo que puede ser de utilidad para acercarse a esta última serie de obras de Salcedo. Las doce catedrales que ha elaborado recientemente, tienen un origen común: un arruinado altar de un templo, proveniente del mal llamado estilo colonial. El carácter barroco de ese artefacto se impone desde el dorado de los acaba dos y se percibe en los detalles decorativos que cumplían una función ideológica en los templos: querían convencer a les feligreses sobre la presencia de Dios en todas las cosas, hasta las más nimias. Las propuestas que elabora Salcedo desde las ruinas de este artefacto, una docena de catedrales, des empeñan semánticamente el papel de una metonimia, al transferir el valor de las partes del conjunto. Se trata de un conjunto de ensamblajes que se comportan como objetos autónomos, a la vez que funcionan como versiones reducidas de un hecho de otras proporciones, como ocurre con los tableros de juego (ajedrez, monopolio, parchis) o las maquetas arquitectónicas. Todas las piezas de esta serie se relacionan directamente con el campo de la escultura, pero no se definen por sus límites convencionales. Él propone estructuras marcadas por una directa disyunción formal al punto que la información que proporciona cada una de las caras de las obras es discontinua con las demás, impidiendo que puedan leerse como el resultado de una lógica unitaria. Estas obras utilizan estrategias comunicativas que intersectan una visión crítica dentro de la referencia que establecen dentro del mundo objetivo. Por esto recurren a la categoría de objeto, que les permite actuar en tiempo y espacio real. Esta continuidad espacio temporal entre las obras guía a los espectadores hacia sí mismos y la traslación del campo de la cultura al campo del arte, presente en las obras les garantiza una serie de claves de interpretación, provenientes de sus propias experiencias vitales, que enriquecen los procesos de apropiación y comprensión de dichas obras. La configuración dominante de todas estas piezas recuerda la morfología de las catedrales góticas, aunque el referente directo de sus materiales sea el barroco, lo que parece implicar una estandarización de las formas a través de las cuales la iglesia católica funcionó como la estructura dominante de las ciudades antes de la modernidad. Sin embargo no se podría decir que se trate de modelos de catedrales en sí, porque hay un carácter compacto y cerrado sobre sí mismo en todas las piezas que las hace ver como potenciales no-lugares. El juego que se produce en la superficie de cada obra, esta limitado a una paleta de dorado, plateado y negro que evidencia una ironía sobre la oposición dogmática entre luz y sombra o bondad y maldad. El carácter aparentemente desarticulado de las piezas las propone como anti-edifficios lo que impide que veamos en ellas un posible use como espacios de habitación. En ese sentido la opción que nos dejan es percibirlas como objetos disfuncionales que parecen irreluctibles a una sola valoración y que dialogan críticamente con los entornos en que se ubiquen. El hecho de convertir un fragmento del altar de un templo en una versión comprimida de una catedral informe, sugiere un proceso de entropía de las prácticas que tienen lugar en su interior, a la manera de la cárceles de Piranesi. Comprimir la experiencia religiosa, cuya propaganda ideológica fue hábilmente emprendida por varios siglos de arte occidental, dentro del espacio de una especie de maqueta tiene que ver con el intento por reubicar la valoración de lo sagrado en el contexto social y contextualizarlo ideológicamente. Esto no implica un juicio moral directo acerca de las actuaciones históricas de la iglesia cristiana, pero si propone un cuestionamiento a su legibilidad y transparencia. Al respecto habría que mencionar la manera en que la iglesia cristiana funcionó como una institución hegemónica en occidente, en donde dominó la estructura de las ciudades a nivel urbano, social, político y económico. El carácter recóndito de las conslrucciones de Salcedo parece servir como un relicario en donde almacenar las viejas alanzas entre arte y religión. Tomado del periódico El Tiempo, 11 de marzo de 2006
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por Sara Araújo A partir de piezas típicas del barroco neogranadino y con los colores propios de este estilo -dorado, negro y blanco- la obra del artista Bernardo Salcedo propone una vez más una mirada novedosa. Cuando Bernardo Salcedo hablaba, sus palabras lograban escandalizar a todo el medio cultural, por eso un día renunció a dar tantas entrevistas y decidió decir lo propio sólo a través de su obra. De eso hace casi 30 años y muy pocos han sido los afortunados que han logrado sacarle algunas palabras, además porque siempre ha reiterado que no le gusta el artista que explica. Por el contrario, su obra sigue vibrando con la fuerza de aquellos años de rebeldía. En esta ocasión le toca el turno a la Iglesia, a las catedrales no-lugares y a la visión absolutista del barroco. Salcedo, bogotano nacido en 1939, hizo parte de esa generación que disfrutó de las mieles del movimiento del arte contemporáneo en Bo gotá junto a Santiago Cárdenas y Beatriz González, cuando todos los intelectuales giraban en torno a los comentarios de Marta Traba, al Museo de Arte Moderno y a un grupo de artistas que conformó una élite que aún añoran críticos y coleccionistas. Hoy, Bernardo Salcedo es un artista consagrado que no ha dejado de innovar y crear a pesar de su trayectoria, que sigue cuestionando y criticando a través de su trabajo. La obra que trae Salcedo a la galería Alonso Garcés es un juego muy de su estilo, donde la forma, los materiales y el contenido (concepto de la obra) se relacionan, se mezclan y se complementan. Con partes de un antiguo altar del barroco neogranadino, el artista construye catedrales herméticas, pintadas en negro, blanco y dorado, en donde prima la forma arquitectónica pero no su viabilidad como templos. Catedrales imposibles antiedificios donde nadie puede entrar; catedrales que hablan no de su función como centros de encuentro sino de los contrastes de la Iglesia, de la ironía sobre la oposición de los dogmas (los dorados, el blanco y el negro) a través de sus colores; del afán del barroco por tallar y pintar la presencia de Dios en cada detalle. Las doce catedrales de Salcedo encierran el secretó de su silencio. Tomado del periódico El Espectador, 26 de marzo de 2006
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Salcedo, un anarquista constructivo por María Cristina Pignalosa, redactora de El Tiempo Su obra no tradicional se destacó por plasmar su pensamiento extraordinario. Fue representativa del mundo actual, de su talento y de su gran creatividad El artista Bernardo Salcedo es velado hoy en la funeraria Gaviria, luego de su muerte, ayer, al mediodía, en su finca de Subachoque. Salcedo, de 67 años, considerado uno de los pioneros del arte conceptual en Colombia, fue operado el lunes pasado en la Fundación Santa Fe, por un cáncer. Había sido dado de alta el viernes. Su más reciente exposición, de la cual había dicho que se sentía orgulloso, fue Catedrales, exhibida el año pasado en la galería Alonso Garcés, de Bogotá. Pero, la más importante, en su opinión, fue la retrospectiva realizada en junio de 2001 en la Casa Republicana, del Banco de la República. La curadora María lovino la tituló Salcedo, el universo en caja. Fue un éxito local que estuvo por varios países. De hecho, el artista se dio a conocer porque al finalizar la década del 60 rompió con los esquemas del arte en Colombia, al presentar cajas de un blanco inmaculado llenas de fragmentos de cuerpos de muñecos. Salcedo nació en 1939 en Bogotá. Estudió sociología y arquitectura en la Universidad Nacional. En esta última, obtuvo el grado Cum Laude. Fue reconocido tanto por su trabajo como por su agudeza mental y comentarios críticos en torno al arte. En un texto de EL TIEMPO, del primero de noviembre de 1964, sobre el Salón Intercol de Arte Joven, donde fue su primera exhibición, dijo: "Conocí el pop en la medida en que me conocí a mí mismo. En realidad, la primera obra pop con que me tropecé fue la señorita que me enseñó a escribir". Se inspiró en la arquitectura y el cine. Aunque muchos afirman que era poseedor de humor negro él corregía: "Humor gris, más bien... mi objeto es transmitir la ironía en forma plástica". En familia Según su hermana María Victoria, "fue una persona irónica con un fuerte humor negro, pero cuando de su vida se trataba, nunca quiso molestar a nadie. No contó de su enfermedad, ni de su operación. Vivía preocupado por su familia y mis hermanas, Leonor y Patricia". Su familia está compuesta por su esposa, la ceramista Natalia Rivera; Marcelo, su hijo geógrafo de 33 años, y sus dos hermanos mellizos Pablo y Margarita, de 16 años. Tomado del periódico El Tiempo, 22 de enero de 2007
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"El arte no tiene palabras" Por Alvaro Barrios En este diálogo entre dos artistas en 1994, Bernardo Salcedo desentona de su irreverencia habitual y más bien da puntadas sobre su obra (apartes) Y a tí de dónde te salió toda esa idea? ¿Por qué hiciste esos objetos que no eran escultura ni eran arquitectura? ¿Qué te atrajo? Surgió en primer lugar, del telón blanco. Porque todo lo que yo presentaba tenía que ser blanco. Las maquetas de los edificios y todo era en blanco. Entonces me sobraba tanta tabla y me sobraba tanta cosa y tal vez una mano o alguna pierna y así comenzó (...) (...) comenzó un mayor interés tuyo por lo conceptual. Pero a mi me gustaría saber si tú tenías alguna referencia de tipo intelectual, por ejemplo, con Dadá, con lo conceptual internacional? No, era puramente un juego sin ínfulas intelectuales. Pero a ti te emocionaba algo en particular en esa creación.... El reto de decirle a la gente: Mire ¡ese boleto de caja registradora es una cosa grande, también es un dibujo¡ Eran reflexiones que yo mismo me hacía. Pero al mismo tiempo hacían reflexionar a la gente; o la
aturdían o la molestaban. La molestaban, porque siempre pensaban que me estaba burlando de ellos. Todavía piensan lo mismo. Pero en parte tienen razón, porque las respuestas de tus entrevistas son monosilábicas y tienen sentido del humor, entonces ¡son como una continuación o prolongación de la obra! Mis entrevistas siempre han sido como otro género. No tienen mucho que ver con la obra (...) Pero esa obra, visualmente, no tenía sentido del humor,
¿verdad? ¡Te parece poco sentido del humor abusar de un material! De un material ya hecho, además, porque yo lo que hacía era llegar a una ferretería y decía: "Déme seis de estas varillas, otros de esos ángulos", y luego los soldaba y quedaban ahí como matas, parecían cosas vegetales. ¡Yo creo que ni Felisa se atrevió a hacer eso! ¿Qué hubiera dicho Feliza si las hubiera visto? Yo pienso que le habrían encantado, claro. Y después hice algunas de esas mismas, mucho más acabadas, que son preciosas. Y luego las sofistiqué más, las llevé al campo del objeto, como uniendo las `Flores del mal' con las `Cosas nuevas'. Y los cambios en la vida, como por ejemplo, los niños, que están ahora... No tiene nada que ver, eso no cuenta para nada . No cambia nada tu obra? ¡Nooo, no, nada! ¡Eso son accidentes! (...) Si a alguno de tus hijos se le ocurriera ser artista, o algo así ... Me sería completamente indiferente ¡No te parecería algo mágico? No, me parecería simplemente algo genético ¡Piensas que el arte puede ser genético! Sí, tiene algo de eso, más que mágico. El arte es una 'debilidad' Pero una vez que surge, ya se vuelve mágico. ¿No se desarrolla una magia? ¡No, no es mágico! ¡Es mecánico! Es genético y mecánico. Pero, entonces, ¿no le atribuyes al arte un trasfondo, digamos, espiritual? No. ¿Podría un caballo hacer arte? No, ¡es que un caballo no
es racional! 0 sea que el arte para ti es una cosa racional, como cualquier otra cosa racional. Es racional, sí. ¿Y la fantasía y todo eso? Todo eso son consideraciones literarias. Puramente racional y consideraciones intelectuales de la
gente. El arte es un lenguaje que no tiene palabras. Entonces, la gente se inventa teorías. Pero cuando el arte emociona a un espectador... ¡Es cuando aparece gente con la misma temperatura que uno! ¡Pero el arte emociona de una forma completamente
distinta a como emociona la ciencia! Claro, porque la ciencia es otra cosa, la ciencia es plenamente abordable, tiene un lenguaje identificable. Pero el arte debe tener algo que trasciende lo material, ¿no? Trasciende, no digamos lo material. Trasciende los códigos. Entonces trasciende lo 'racional'. No, lo racional nunca lo trasciende. Lo que trasciende es la manera como se expresa uno normalmente. Palabras, cosas así. ¿Sabes por qué no trasciende lo racional? Todas las mejores obras de Miguel Ángel, las mejores obras de Picasso, las mejores obras de todos los artistas; las mejores, puestas unas junto a otras, pueden ser todas iguales. Todas iguales. Eso quiere decir que nadie puede ir más allá de eso (...)
por Eduardo Serrano La obra de Bernardo Salcedo constituye una pieza fundamental en el desarrollo del arte colombiano. Su actitud irreverente su afilado humor, su audacia creativa abrieron paso a muchas de las corrientes y actitudes que hoy priman en el arte contemporáneo del país, pudiendo afirmarse que en todas las obras de las nuevas generaciones hay indefectiblemente alguna deuda con la producción y argumentos de Salcedo. Desde sus primeras cajas el artista planteó un rompimiento radical con los conceptos establecidos de la plástica, no sólo por el empleo de elementos prefabricados así como de productos naturales, sino por su singular agudeza para descubrir inusitadas relaciones entre las formas y funciones de estos elementos. Puede afirmarse que con su Hectárea (1970) de pasto empacado se inicia la contemporaneidad en el arte nacional y que con los Bodegones Escritos (1972) Salcedo fue el primero en plantear la desmaterialización del arte en el país, y por ende, el primero en señalar que el arte es un concepto, no una manualidad. Su obra tuvo siempre un claro ánimo crítico a inclusive un trasfondo político, como se hizo especialmente evidente en su famosa de construcción del Escudo Nacional (No hay cóndores, no hay abundancia, no hay canal, etc.). Algunas de sus obras atraen y repelen simultáneamente debido a la peligrosidad visual que conllevan los serruchos, cuchillas, vdrios y cadenas que utiliza en su construcción, pero esta peligrosidad se disipa rápidamente con las poéticas evocaciones al mar, la lluvia o las nubes que complementan el sentido de estas piezas. Sus intervenciones en viejos retratos fotográficos a los cuales añade elementos reales son ejemplo de su capacidad de sugerencia. Pero fue siempre un impugnador implacable del arte contemporáneo, planteando sus irónicos reparos en di ersos escritos que firmó con seu ónimos como: "El Doctor Trueno", "Germán Lleras de Francisco" y "Oscar Cirujano", en los cuales se traslucen tanto la claridad de sus argumentos, como su irreverencia a iconoclasia.
de Jaime Cerón Salcedo fue protagonista de una de las transformaciones más importantes que ha tenido lugar dentro de la historia del arte colombiano y que dio origen a las prácticas artísticas contemporáneas. Su trabajo aportó significativamente al replanteamiento de muchas de las nociones estructurales que definen la noción de arte en general y del quehacer de los artistas en particular. Su obra ha tenido relevancia dentro del campo artístico en diferentes momentos y en relación con diversas cuestiones y problemáticas. Su intento por ampliar el sentido de los objetos artísticos se manifestó dentro de su implacable sentido del humor, que dio forma a sus obras, escritos y opiniones. Uno de sus muchos comentarios crítico humorísticos, que puede traerse a colación, es el que expresó a raíz de la instalación de la obra Hombre a caballo de Fernando Botero, en el Parque del Renacimiento. Cuando lo vio llamó por teléfono a la Gerencia de Artes Plásticas del Instituto Distrital de Cultura y Turismo para decir que la obra había quedado "mal ubicada" dado que "debería haberse instalado en el parque Jaime Duque".
de Javier Gil El trabajo de Salcedo se caracterizó por elevar el pensamiento artístico por encima de reglas y certezas, por la alegría creativa, por la constante voluntad de experimentación, por el rigor conceptual y la seducción formal. En sus obras la apertura a la trasgresión y el des orden se potenciaba con una siempre convincente resolución técnica y formal. Su actividad artística se asemejaba a una especie de Caja de Pandora en la que magia y arte se ponían una cita. En sus cajas y objetos sucedía lo inesperado, de ellas nacían elementos y relaciones siempre sorprendentes. De esta manera conseguía descongelar el mundo y sembrarlo poéticamente de asombro, humor y choque. Pero adicionalmente, y creo que esto es lo más importante, ejemplificaba las condiciones de un artista contemporáneo. La obra plástica la acompañó por la firmeza conceptual, el ejercicio de la crítica, el trabajo de la escritura, y un demoledor sentido del absurdo y del humor que lo situó siempre en un lugar singular. El lugar poco dócil del humor y el arte.
por María Elvira Ardila Las cajas blancas, la hectárea de heno, los bodegones, las planas, los serruchos aserrando el agua, las cosas nuevas son Señales Particulares de un singular artista que formó parte primordial de las transformaciones del arte moderno en Colombia. Los procesos de Salcedo antecedieron la idea de lo multidisciplinario en el arte colombiano, ya que con su obra logró conjugar conceptos especiales tomados de la arquitectura de don de provino su formación, los ambientes surrealistas del cine de vanguardia que rodeaban sus objetos, del dadaísmo al ensamblar los elementos que conforman muchas de sus obras, integrando y dando cabida al mundo conceptual. Su acervo está lleno de significa dos que nos conducen a una lectura perturbadora y a la vez poética. No podría desligar esta conjugación de ideas radicales para el arte en los años 70, de un ser humano lleno humor negro, cáustico, sincero y desparpajado al decir las cosas en el instante menos, esperado. Tomado del suplemento, periódico El Tiempo, 27 de enero de 2007
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Silencios de Salcedo Por María A. lovino "A mis trabajos les dicen estructuras porque no se pueden
enrollar" (Bernardo Salcedo). Repaso de la crítica a la obra
innovadora del artista desaparecido el pasado 21 de enero En la revisión que se puede hacer en la producción artística y literaria de Salcedo, de los años 1964 a 1986, se comprende con sobradas razones el lugar que ocupa en el arte de Colombia y la proposición referencial que su obra constituye en este contexto para muchos lenguajes artísticos. En ese período, fue el primero en trabajar el objeto, el texto y el concepto en la visualidad, además de abrirle camino a la comunicación entre espacio y tiempo que hay en el manejo de la instalación, con fuerza de ruptura ejemplar, que enriqueció también la publicidad. Paralelamente, en esos años fue también pionero en integrar un humor abierto y cargado de irreverencias, a los recursos creativos, lo cual se expresó de modos distintos, tanto en su amplia producción plástica como en la crítica, siempre con una genialidad y una capacidad de auto revisión que causaron estremecimiento. No fueron muchas las oportunidades en que como crítico Salcedo firmó con nombre propio, porque también fue un dotado creador de personajes. En muchos casos, como Marta Traba, Doctor Trueno, Art Pía, Oscar Cirujano o Albert Westmann, se tradujo rápidamente su estilo, por lo que se le sentía hablar desde esas voces. Pero hubo propuestas como la de Salomón Lubtin, que causaron desconcierto y dudas. Lubtin precisamente burló el método para despistar. Surgió como un erudito judío europeo que residiría pocos meses en el país y que buscaba dejar aportes. Así fue que se presentó en cartas que envío a este diario, hasta conseguir el beneplácito del director para hacer colaboraciones periódicas, en las que transcribió una personalidad enteramente construida por Salcedo, que se reía de todos los clisés culturales y políticos. De forma similar, Salcedo rompió con el recurso de la creación en caja, con el que se le caracterizó, lo que le permitió pa ar del collage al ensamblaje, de allí a la escritura y a la instalación, posteriormente a la intervención y objetualización de la fotografía, para volver a un ensamblaje paisajista, en el que puso de manifiesto su clasicismo y su carácter romántico. Pocos sabían que además tenía talento musical, que interpretaba el piano, que tenía mucho gusto por la literatura y que era un experto en cinematografía. Desde niño había tenido pasión por el cine, por el teatro, por el jazz y por la naturaleza, lo que unido a su análisis penetrante, a su riguroso conocimiento del diseño (arquitecto cum laude de la Nacional), a sus estudios de sociología (también en la Nacional), a su mirada crítica, a su carácter polémico a independiente, y a su respeto por la historia del arte y de la pintura, moduló un híbrido particular del que nació una propuesta tan diversa, como -hasta ahora inclasificable. Sí es cierto que Salcedo recibió influencias del pop, del surrealismo y del conceptualismo, como es correcto que usó formas de operar artísticamente estructuradas por esas vanguardias, pero no por ello es posible categorizarlo bajo alguno de esos rótulos, porque en ninguno ajusta formal ni conceptualmente. Salcedo, como los grandes artistas de Colombia y de Latinoamérica, no se puede apreciar en su sentido más hondo ni conocer en su real proposición, si no se le estudia a la luz de los procesos que han dado forma a esta historia, en correlación con los artistas que como él han luchado por ampliar el horizonte, y de frente a la experiencia que le dio tanta dimensión a su ser. La complejidad interna de sus trabajos generalmente se ha es camoteado con la argumentación de las categorías más obvias: las del humor, las del texto y de la ironía, lo cual evidentemente choca contra la altura intelectual y creativa que hizo de Salcedo un hombre imprescindible. Él mismo prefirió abrigarse en ese lugar del crítico tajante a inteligente, del temible Salcedo, que seguir insistiendo en la defensa del puesto que le corresponde como poeta. En el fondo, sabía lo mismo que ha anunciado Sloterdijk en la defensa de la forma filosófica que ha planteado, y es que a un autor generalmente se le acusa cuando se le sor rende en sus afirmaciones más bellas. De pronto en ello se halle también una respuesta hacia la incógnita que despertó entre sus amigos el férreo silencio con que se enfrentó a su enfermedad y a su muerte. Tomado del suplemento de Periódico El Tiempo, 3 de febrero de 2007
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por Jaime Cerón Desde sus inicios, el trabajo de Bernardo Salcedo se ha producido por la intervención sobre objetos y procesos existentes fuera del mundo del arte. Su generación, conformada a finales de los sesenta por artistas como Antonio Caro, Alvaro Barrios o Beatriz González, entre otros, ha sido denominada generalmente como "conceptualista", dado su particular interés por enlazar la práctica artística con ideas externas a su ámbito tradicional. De forma similar a como ocurrió en contextos como el norteamericano o el europeo, muchas de las obras que en su momento fueron ubicadas por la crítica dentro de la categoría de arte conceptual, obedecían en realidad a un abierto interés por traspasar los limites disciplinares que contenían la práctica artística moderna. La acción del bricollage, presente en procedimientos artísticos como el collage, el ensamblaje y el readymade le han facilitado la tarea de generar "objetos de arte" por la transformación o desmantelamiento de objetos culturales. Negociar con la realidad de "lo real" ha sido un desafío constante para los artistas a lo largo del último siglo, que los ha llevado a recurrir a estrategias primigenias de transformación de la materialidad de sus contextos inmediatos de existencia. Los artistas contemporáneos colonizan su entorno cultural con diversos mecanismos de intervención o interpretación sobre esa realidad concreta a la que se enfrentan y plantean estrategias diversas de comunicación que les permiten compartir sus posiciones con un campo social más amplio. Esa situación es muy similar a la que tuvieron que enfrentar los artistas que dieron forma a la vanguardia histórica de comienzos del siglo XX, que necesitaron actuar sobre o contra un campo, que parecía estar estructurado de antemano, y que no era otra cosa que "la institución arte". Aunque en ese momento Las estrategias formales descritas más arriba, así como el performance, la instalación o el video arte tendrían como denominador común su poder para intervenir sobre sistemas de valor preexistentes. El concepto de bricolage, que el antropólogo francés Levi Strauss aportó para el análisis de principios comunicativos similares a los anteriormente descritos, involucra a la vez procedimientos materiales y conceptuales de resignificación y refuncionalización de toda suerte de hechos y artefactos, por lo que puede ser de utilidad para acercarse a esta última serie de obras de Bernardo Salcedo.
Las doce catedrales que ha elaborado recientemente, tienen un origen
común: un arruinado altar de un templo, proveniente del mal llamado
estilo colonial. El carácter barroco de ese artefacto se impone desde el
dorado de los acabados y se percibe en los detalles decorativos que
cumplían una función ideológica en los templos: querían convencer a los
feligreses sobre la presencia de Dios en todas las cosas, hasta las más
nimias. Las propuestas que elabora Salcedo desde las ruinas de este
artefacto, una docena de catedrales, desempeñan semánticamente el papel
de una metonimia, al transferir el valor de las partes del conjunto. Se
trata de un conjunto de ensamblajes que se comportan como objetos
autónomos, a la vez que funcionan como versiones reducidas de un hecho
de otras proporciones, como ocurre con los tableros de juego (ajedrez,
monopolio, parchis) o las maquetas arquitectónicas.
Todas las piezas de esta serie se relacionan directa mente con el campo
de la escultura, pero no se definen por sus límites convencionales. Él
propone estructuras marcadas por una directa disyunción formal al punto
que la información que proporciona cada una de las caras de las obras es
discontinua con las demás, impidiendo que puedan leerse como el
resultado de una lógica unitaria. Estas obras utilizan estrategias
comunicativas que intersectan una visión crítica dentro de la referencia
que establecen dentro del mundo objetivo. Por esto recurren a la
categoría de objeto, que les permite actuar en tiempo y espacio real.
Esta continuidad espacio temporal entre las obras guía a los
espectadores hacia si mismos y la traslación del campo de la cultura al
campo del arte, presente en las obras les garantiza una serie de claves
de interpretación, provenientes de sus propias experiencias vitales, que
enriquecen los procesos de apropiación y comprensión de dichas obras.
La configuración dominante de todas estas piezas re cuerda la morfología
de las catedrales góticas, aunque el referente directo de sus materiales
sea el barroco, lo que parece implicar una estandarización de las formas
a través de las cuales la iglesia católica funcionó como la estructura
dominan te de las ciudades antes de la modernidad. Sin embargo no se
podría decir que se trate de modelos de catedrales en si, porque hay un
carácter compacto y cerrado sobre si mismo en todas las
piezas que las hace ver como potenciales no-lugares. El juego que se produce en la superficie de cada obra, esta limitado a una paleta de dorado, plateado y negro que evidencia una ironía sobre la oposición dogmática entre luz y sombra o bondad y maldad. El carácter aparentemente desarticulado de las piezas las propone como anti-edificios lo que impide que veamos en ellas un posible use como espacios de habitación. En ese sentido la opción que nos dejan es percibirlas como objetos disfuncionales que parecen irreductibles a una sola valoración y que dialogan críticamente con los entornos en que se ubiquen. El hecho de convertir un fragmento del altar de un templo en una versión comprimida de una catedral informe, su9iere un Proceso de entropía de las prácticas que tienen lugar en su interior, a la manera de la cárceles de Piranesi. Comprimir la experiencia religiosa, cuya propaganda ideológica fue hábilmente emprendida por varios siglos de arte occidental, dentro del espacio de una especie de maqueta tiene que ver con el intento por reubicar la valoración de lo sagrado en el contexto social y contextualizarlo ideológicamente. Esto no implica un juicio moral directo acerca de las actuaciones históricas de la iglesia cristiana, pero si propone un cuestionamiento a su legibilidad y transparencia. AI respecto habría que mencionar la manera en que la iglesia cristiana funcionó como una institución hegemónica en occidente, en donde dominó la estructura de las ciudades a nivel urbano, social, político y económico. El carácter recóndito de las construcciones de Salcedo parece servir como un relicario en donde almacenar las viejas alianzas entre arte y religión. Tomado del folleto de la exposición, editado por Alonso Garcés Galería, 2006 |
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