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Carolina Castro Modelo
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Tomado del periodico El Tiempo, 10 de abril de 2001
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Fue la preferida por los diseñadores en la pasada
edición de la Fashion Week de Miami, donde participó en doce de los
trece desfies del cartamen . Está orgullosa de sus ancestros Vallenato-guajiros y quiere comerse el mundo de las pasarelas. Desde los I4 años, cuando empezó a modelar, Carolina Castro se
ilusionaba con la posibilidad de verse en las páginas de las
revistas. Por aquellos tiempos estudiaba su bachillerato en el colegio
Anglo Colombiano. Se reventaba combinando los estudíos con el modelaje.
Cuando salía de clases, su madre, Ruby Abuchaibe, la recogía para
llevarla al aeropuerto. La niña se cambiaba de ropas en el carro,
escondida en el asiento de atrás. Entrada la tarde, viajaba a Medellín
para desfilar por la noche en las pasarelas de La Fayette. Al día
síguiente se devolvía en el primer vuelo, repasando la lección.
Entonces su madre iba por ella y la rutina del cambio de ropas volvía a
ocurrir a 60 kí lómetros por hora. A las síete en punto, Carolina
Castro estaba lista para la primera clase de la jornada. "Su éxito
en el modelaje se debe, ante todo, a su constancia y dísciplina. Es muy
seria en su trabajo", dice hoy su madre, feliz de haber se
equivocado con ella dos veces: cuando le repetía que jamás saldría en
la carátula de CROMOS, y cuando la matriculó para que estudiara Derecho
en la Uníversidad Javeriana. En la facultad duró menos de dos meses. El Derecho no era lo suyo, muy
a pesar de los títulos de su madre, actual asesora del Ministro de
Educación, y de la tradición familiar: su abuelo, Eduardo Abuchaibe,
fue uno de esos jefes "pluma blanca" del partido conservador en La
Guajira. "Yo siempre creí que mi hija Carolina estudíaría
Derecho o Fínanzas, pero me encanta su vida de hoy. Ya comprendí la
importancia de la moda y de la industria que genera". La niña
eligió el modelaje, primero por el azar; luego, por pasión. El primer
desfile llegó de la mano de su hermana Tatiana (Señorita Colombía en
1994). La llamó de urgencia para que reemplazara a una modelo que había
enfermado. Cinco años más tarde, recién egresada de bachiller por partida
doble (tiene un cartón de bachillerato colombiano y otro internacional),
atendió un nuevo llamado, el que marcaría definitivamente su futuro:
Carlos Motta, un gran amigo, la invitó para que modelara en Nueva York.
Ella se fue al día siguiente y estuvo tres meses allá. "Fue duro,
sobre todo porque me sentía sola, pero aprendí mucho de la vida.
Maduré". Tenía 19 años, corría 1998. Eran los tiempos en los que
escribía "estudiante", bajo el rubro de profesión, en los
documentos que debía llenar para salir de Colombia. Hoy, sencillamente, escribe: modelo. Una modelo que gana 250 mil pesos
por desfile en Colombia y 1,500 dólares en Estados Unidos, una modelo que
se disputan Óscar de la Renta, Carolina Herrera, Halston y Girbaud, que
admite su desesperación cuando la agencia Elite no la llama en menos de
24 horas para definir un plan de trabajo, que no come carnes rojas desde
1998, que no necesita gimnasios, que ama a su novio Ricardo Piñeres (le
dobla la edad), que sale de una fiesta para llevar a la clínica a un
amigo herido, como ocurrió con Rudolf Pecjak a comienzos de año. "Yo diría que es un modelo de mujer en todo el sentido de la
palabra", dice su madre, recordando luego cómo su hija jugaba,
feliz, con las vacas Holsteín de su padrastro, Mariano Díaz, en la
finca que tenían en Sogamoso, o relatando aquella Navidad en la que
Carolina se le acercó y le dijo: "Mamá, para este año yo no
quiero que nos demos regalos comprados en almacenes. Me gustaría que
cada uno hiciera el suyo con sus propias manos". La niña diseñó una especie de revista con textos y fotos suyos
que acabó en la valija de sus abuelos cuando se fueron a vivir a Santo
Domingo. Luego, Carolina Castro inauguró otra tradición: cada 31 de
diciembre, ella, sus dos hermanas (Tatiana y Rossana, la menor, que anda
por los i8 años) y la madre, se reunirían en un consejo especial para
develar lo más triste, lo más alegre y lo más
importante que les
hubiera ocurrido en el año. Para ella, lo más triste de su vida fue la
separación de sus padres, y lo más importante, su familia.
"Carolina siempre ha sido muy dulce, muy apegada a nosotras, como un
chicle', dice Tatiana Castro, riéndose de que hubo un tiempo en que a
Carolina la llamaban "hermana de la reina', y ahora es casi al
revés. Rossana, la menor de las Castro, dijo dos semanas atrás:
"Mamá, es que no nos hemos dado cuenta, pero Carolina ya es una top
model". La acababa de ver en un periódico panameño y en otro
neoyorquino. Todo un suceso para esta mujer de 21 años, querida por
todos sus amigos y familiares, nacida en Bruselas un 6 de mayo, criada en
Bogotá, aprendida en el mundo (habla inglés, francés, español y algo
de italiano) pero, ante todo, feliz de sus ancestros vallenatos. Tomado de la Revista Cromos No. 4342, 23 de abril de
2001 |
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Modelo a los 14 por Pilar Luna .... La vida de esta modelo vallenata siempre ha sido movida. Desde que se subió a una pasarela por primera vez, a los 14 años, su destino se trazó. "Como empecé tan joven, a los 18 ya era amiga de casi todos los diseñadores y apenas terminé el colegio -se graduó del Anglo Colombiano-empecé a viajar con ellos. Iba a Miami para participar en sus desfiles y, poco a poco, fui conociendo mucha gente. Yo siempre me la he guerreado pero también he estado protegida. Para mí, el afecto es muy importante y en el modelaje es difícil encontrar afectos verdaderos". Y durante esos viajes a Miami conoció a Oscar de la Renta y confiesa que la catapultó internacionalmente. "Con él hice el desfile en Miami y después el de Balmain en Medellín y cuando terminó me dijo que si iba a Nueva York le avisara porque le encantaría tenerme en su show. Obviamente, al día siguiente empaqué mi maleta y me fui sin agencia y sin nada". El factor suerteCarolina está convencida de que el modelaje también tiene una buena dosis de suerte. Se considera una mujer afortunada porque siempre ha sido una 'consentida'. Y aunque ha pasado por momentos difíciles y de soledad, cree que su carrera ha estado marcada por una buena estrella. "Uno debe usar el modelaje como una herramienta para lograr lo que quiere". Dice que el modelaje no sólo implica tener una cara bonita, sino que también requiere de una buena dosis de fuerza interior, de proyectar una buena energía como persona, de mucho trabajo y de estar en el lugar y en el momento adecuados. "Yo llegué a Nueva York, que es la Meca del modelaje, de la mano de Oscar de la Renta, entonces no fue sino una llamada y estaba en la pomada". La top model colombiana empezó a viajar de Nueva
York a Bogotá con mucha frecuencia para cumplir compromisos acá
y allá. Sin embargo, poco a poco se fue 'mudando' a la 'Capital del
mundo' porque el trabajo le exigía estar cada vez más tiempo en la Gran
Manzana. "Yo participaba en desfiles y show rooms en Nueva York, pero
cuando la temporada se iba para Europa me devolvía a Colombia porque no
estaba metida en el circuito. Eso, incluso, fue bueno porque cuando volvía,
la gente me quería ver más y me sacaban en portadas". En esa época Carolina era novia del diseñador Ricardo Piñeres y dice que él la motivó para que se mudara definitivamente. "Me impulsó mucho. Me decía que hiciera las cosas y que él no me iba a amarrar por amor. Entendía las diferencias de edades y sabía de las posibilidades que tenía. Me dio la libertad que necesitaba y finalmente terminó siendo la ruptura de la relación". Para esta joven, la familia es lo más importante y, por eso, a pesar de la distancia, sigue muy apegada a su mamá y a sus dos hermanas. "Vengo de una familia de sólo mujeres y hemos sido muy unidas. Y el hecho de estar lejos nos ha unido más . Sin embargo, este trabajo es de mucha soledad y de momentos difíciles. "He desarrollado una gran capacidad de adaptación y ahora aprovecho todo lo que me pasa"..... Tomado de la Revista Fucsia No.63, 2005
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Trascendió las pasarelas y las luces para radicarse en París, y encargarse de las relaciones públicas de una de las Casas de moda más importantes del mundo. Cuando le piden que piense juiciosamente en el modelaje,
piensa en él como el medio para llegar a una finalidad. Confiesa que
cuando empezó hace diez años era todo en su vida, pero la madurez de
hoy, adquirida en cientos de viajes y experiencias de toda índole, la hacen
reflexionar y ver que si bien le abrió puertas y la llevó hasta donde está
ahora, no lo fue todo. También cuentan un semestre
de Derecho y otro de Artes Plásticas, en la Universidad de Los Andes que no
hizo con mucha seriedad, "pues no tenía ni idea de lo
que quería hacer con mi vida". Mientras llegaba la calma, las pasarelas, las cámaras y las campañas fueron su refugio. Este mundo aparentemente vacío le mostró el camino. Después de la Pasarela Orbitel del año 2000, el equipo de trabajo de Oscar de la Renta le preguntó si quería desfilar para él en Nueva York. En medio de su emoción creyó que se habían equivocado, llamó al día siguiente, confirmó, le dijeron que sí, y "enseguida cogí un vuelo. Llegué a las oficinas de Oscar con mi book, en el que estaban las pocas cosas que había hecho en Miami y las muchas que había hecho para FUCSIA". Lo ojearon e inmediatamente la contrataron tanto para el desfile como para estar en show-room. Con ellos vivió algunas de las experiencias más importantes de su vida como ver la caída de las Torres Gemelas y sólo cuatro días después tener que cumplir con el compromiso de mostrar la Colección Primavera-Verano 2002 a los clientes que viajaron desde todas partes del mundo. "Este desfile, por supuesto, fue en las oficinas, con muy poca gente. Las modelos salimos a la pasarela con una bandera de Estados Unidos amarrada al brazo, con la cabeza baja acompañadas de una música muy solemne... el desfile lo hicimos con mucho sentimiento, pues todos estábamos impactados por el dolor de la tragedia que estábamos viviendo". Encontrar la ruta Esa sumatoria la hizo sentar cabeza y decidir que la moda era de verdad lo suyo. Viajó a París, donde estudió Mercadeo y Comunicación de Moda. Esa preparación sumada al dominio de varios idiomas y su facilidad para relacionarse la ayudaron a abrir trecho. El factor suerte también contó. Al salir de la universidad fue invitada a hacer la práctica en Jean Paul Gautier. Allí hizo de todo "el trabajo sucio como lo llaman aquí: tomé fotocopias, organicé books y preparé el material para las colecciones". A los dos meses terminó su práctica y haciendo gala de su origen costeño y desparpajado, le pidió a su jefe dejarla trabajando para ellos. No dudaron y la contrataron en el departamento de Relaciones Públicas. "Me ayudó mucho . mi experiencia de modelaje en Nueva York y en París, pues todo eso me permitió hacer contactos y entender la mentalidad de la gente de la moda". Hasta episodios desagradables, como el acoso sexual del que fue víctima por parte de un agente de modelos en Milán, hoy los capitaliza como una experiencia más que le ayuda en el ejercicio de su trabajo en una de las Casas de moda más grandes del mundo. De mitos y ángeles Sabe que hace parte de un mundo donde se sucumbe fácil ante la fantasía y la banalidad, pero como ella lo ha vivido desde afuera y desde adentro, vive de él, pero no es su mundo. Defiende sus espacios íntimos y conoce historias de primera mano -conoce experiencias trágicas de mujeres que por brillar en el modelaje han hecho cualquier cosa-. "Conocí niñas, modelos profesionales, que se dedicaban a prostitución de alto nivel y les pagaban 6.000 euros por noche por estar con jeques árabes. Modelos que se emborrachan y se drogan la noche anterior a un desfile o a una sesión fotográfica. Vi de cerca el caso de Karen Mulder -la ex novia de Julio Mario Santodomingo Jr.-, quien tenía severos problemas de droga". Pero de la misma manera sostiene que tanto la droga como la prostitución y el alcohol están ahí y es una opción personal caer en ellos y que es problema de la minoría no de no de las masas en esa profesión. Lo que sí la inquieta muchísimo es la anorexia. Cree que hacía falta la polémica y el escándalo que hicieron los españoles en la última Pasarela Cibeles. "Este es un tema que debería estar siempre. Sin embargo me doy cuenta de que a la gente de la moda no le importa. Karl Lagerfeld defiende esa flacura, pero es que a él le interesa como luce la ropa, no qué les suceda a esas niñas. Además, en Francia no hay conciencia de que se trata de una enfermedad". Ella se ha resguardado de todo eso gracias a sus ángeles de la guarda. Su mamá y Oscar de la Renta han sido vitales en su vida profesional y lo declara sin temor a que suene repetitivo. "Puede sonar trillado, pero ellos son mis ángeles de la guarda". Su otro guardián es su marido, un francés al que conoció en un café Internet -"no por Internet", aclara-, y que es su mejor amigo. Con él lleva una vida tranquila que transcurre entre el trabajo, los amigos, los paseos en bicicleta y el hogar. Ese lugar donde se despoja del glamur y el estrés que puede generar atender en un solo día a Mario Testino, el mejor fotógrafo de moda del mundo, con su simpatía eterna, o a Demi Moore, con sus aires de diva. Tomado de la Revista Fucsia No. 77, 2006
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| http://ocio.ya.com/fotos/200208/131186804.htm | ||